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OPINIÓN

La Nueva Familia Americana: ¡Bailar para celebrar la vida!

Rhonda Cagle y Lorenzo Sierra
Rhonda Cagle y Lorenzo Sierra

Rhonda: Crecí en una familia pentecostal conservadora del sur cuya cabeza de familia era pastor, por lo tanto, yo no bailaba. Para nada. Si debiéramos creer en la retórica religiosa, no escuchábamos rock 'n roll, no vestíamos pantalones ni íbamos al cine. Es posible que algunas personas pasaran por alto que las mujeres se pusieran pantalones, pero bailar era ir directamente al infierno al estupendo ritmo de la conga.

Como adulta, he superado las restricciones impuestas en mi juventud. Me encanta el rock 'n roll (¡pon otra moneda en la rockola!, querido), visto pantalones con entusiasmo y de vez en cuando veo una película, cuando tengo tiempo. Pero todavía no bailo. No debido a algún reparo moral, sino porque…bueno… no puedo. La edad en que uno aprende a moverse y a disfrutarlo, para mí llegó y se fue hace más de 25 años. Soy una mujer anglo torpe de mediana edad, con 20 libras de más para "mover las caderas".

Lorenzo: De niño, asistí a innumerables matrimonios, quinceañeras, cumpleaños, bautizos y otras reuniones donde siempre abundaban dos cosas: la comida y el baile.

Estoy seguro de que poco tiempo después de aprender a caminar, aprendí a bailar cumbia. Al crecer en una cultura que celebra la vida, era muy común pasar horas seguidas en la pista de baile en compañía de adolescentes y abuelas disfrutando de la música y el movimiento.

Rhonda y yo asistimos a muchos eventos que al final se convierten en un baile masivo. Nuestros amigos salen a bailar cumbia o salsa. Rhonda siempre me anima a sacar a alguien a bailar, pero rara vez lo hace conmigo.

Rhonda: A decir verdad, a mí me encantar ver bailar a las personas. Las mujeres jóvenes, de la edad de mi hija, salen a bailar con su pareja o con sus amigas y se mueven al ritmo de la música con gracia y de manera despreocupada. Me cautiva observar su belleza.

Pero a pesar de lo bonitas que son, las mujeres mayores son las que realmente llaman mi atención. Han criado a sus hijos, tienen nietos y han mantenido a sus familias y vecindarios unidos. Ha superado dificultades, enterrado a sus esposos y sobrevivido enfermedades. Salen a bailar, no para lucir su apariencia, sino simplemente porque pueden hacerlo. Bailan por la auténtica dicha de estar vivas, sabiendo que es un regalo y un milagro que vale la pena celebrar. Es hermoso observarlo.

Lorenzo: Veo la mirada meditabunda en el rostro de Rhonda cuando las observa bailar. Algún día, espero que decida unirse a los demás o a mí en la pista de baile ya que bailamos por la vida a pesar de ella. Sin embargo, mientras tanto, he descubierto que nuestra cocina es una pista de baile perfecta. Siempre que podemos, nos movemos al ritmo de la música mientras cocinamos en las noches. Le digo que es hermosa y que bailar con ella en un gran honor. Me gusta cómo la hace sonreír.

Rhonda: Bailar en la cocina simplemente me estimula. Puedo sentir la alegría en cada paso al estar rodeada por las formas y aromas de la comida, escuchar los ritmos con los que creció Lorenzo y estar en sus brazos. ¿Quién sabe? En algún momento, tal vez decida bailar y moverme al son de la cumbia en público. Pero, por ahora, me basta hacerlo en mi cocina, con mi esposo.