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Lupe Contreras manejó a la casa de sus padres el pasado 9 de abril para ver a Oralia, su madre de 71 años. Ella había estado enferma pero estaba mejorando.

Tal y como lo criaron en una familia mexicoamericana, Contreras llegó y saludó a su madre con un abrazo y un beso en la mejilla.

En aquel momento, el estado de Arizona llevaba 10 días bajo una orden de permanecer en casa y las autoridades de salud pública de todo el país le sugerían a los estadounidenses que practicaran el distanciamiento social, buscando ayudar a prevenir la propagación del COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus.

"Aquel día la saludé con un abrazo y un beso, como lo hacía todos los días cuando nos veíamos y al despedirnos hice lo mismo", recordó Contreras.

Al día siguiente, su madre empeoró. La hermana de Contreras llevó a Oralia al hospital, donde el personal médico confirmó que estaba infectada con el COVID-19, la enfermedad respiratoria que ha resultado en una pandemia mundial.

En los días siguientes, Manuel, el padre de Contreras, también de 71 años, se enfermó e igual dio positivo. Lo mismo pasó con su sobrina de treinta y tantos años, que vive con los ancianos.

La hermana que llevó a Oralia al hospital, asimismo se enfermó y también dio positivo.

Luego, Lupe Contreras, de 44 años, sufrió de tos, fiebre y dolores de cabeza e igualmente dio positivo junto a su esposa Sara, de 36 años.

En total, seis de los miembros de la familia Contreras han dado positivo por el COVID-19 desde el pasado 9 de abril.

La experiencia de esta familia con el coronavirus ilustra un dilema que ha afectado de forma especial a los 60 millones de latinos que viven en la nación: debido a que practicar el distanciamiento social y otras medidas de salud pública, entran directamente en conflicto con las costumbres profundamente arraigadas de abrazarse y besarse.

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A la gravedad del dilema se suman datos emergentes, que muestran que, como grupo, los latinos se han visto afectados de manera desproporcionada por el coronavirus. Con las más altas tasas de afectaciones de salud subyacentes, son especialmente vulnerables a la nueva enfermedad.

Aunque saludarse con un abrazo y un beso en la mejilla no es exclusivo de los latinos, es una acto habitual desde la infancia en esta cultura. El gesto, a menudo se extiende no solamente a los familiares más cercanos, sino a un amplio círculo de familiares, amigos, colegas, conocidos e incluso durante las presentaciones cuando se interactúa con alguien por primera vez.

"De hecho, muchos niños son regañados por sus padres cuando no le dan un abrazo a su nana o a su tata, a su tío o tía, y así sucesivamente", aseguró Salomón Baldenegro, el ahora retirado fundador del programa de estudios universitarios mexicoamericanos y chicanos de Arizona. "Es una parte integral de nuestra cultura. Es casi subconsciente. Ni siquiera piensas en ello. Simplemente lo haces. Está muy arraigado".

Durante la emergencia del COVID-19, a los latinos les ha resultado difícil dejar de intercambiar el abrazo ceremonial que para muchos es casi tan instintivo como respirar, y mantenerse lo más alejado posible de los demás a través del distanciamiento social, es para ayudar a prevenir el transmitir la enfermedad a las mismas personas a las que desean abrazar.

Esa separación no se dio en Contreras, el senador estatal demócrata de Avondale, quien el 22 de abril anunció públicamente que él y cinco familiares habían sido diagnosticados con el COVID-19. El político le comentó a los medios de comunicación que quería advertirle a los arizonenses que tomaran la enfermedad en serio, días después de que varios cientos de personas se manifestaran en el Capitolio de Arizona buscando que el estado se reabriera.

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En una entrevista posterior, Contreras, cuyo distrito cubre partes de la ciudades de Tolleson, Avondale y el suroeste de Phoenix, donde mayoritariamente vive la población latina, señaló que su mensaje también estaba sutilmente dirigido a familias hispanas como la suya.

Contreras expuso que la proximidad de la familia en el cuidado de su madre mientras estaba enferma, probablemente permitió que el virus se propagara fácilmente de un integrante a otro. El continuar abrazando y besando a los parientes también pudo haber jugado un papel importante, dijo.

"Creo que sí", apuntó Contreras durante una entrevista telefónica, interrumpida ocasionalmente por los ataques de tos. "No creo que haya ayudado en esta situación”.

"Pero en estos momentos, donde sabes que alguien está enfermo ... simplemente vives la vida como lo harías normalmente dentro de los límites de tu propia casa o la de tu familia", agregó. "Fuera de eso, la cuestión del distanciamiento social estaba aplicada. Pero no entre nosotros. Y eso demuestra, creo, que ser como somos en nuestra familia cercana, no ayuda a la situación del virus".

Contreras recordó que la infección en su familia comenzaron con su madre y se propagó de un miembro de la familia a otro a través del contacto cercano, incluidos los abrazos. No sabe cómo contrajo la enfermedad su madre. Ella solo salía de la casa para comprar comestibles y artículos esenciales, aseguró.

Su progenitora fue hospitalizada durante seis días luego de desarrollar neumonía y tener bajos niveles de oxígeno relacionados con el COVID-19. La mujer se está recuperando en su casa.

Ninguno de los otros miembros de su familia contagiados con el COVID-19 fue hospitalizado. Pero sus síntomas incluyeron fiebre, tos y dolores de cabeza, expuso Contreras.

El político igualmente ha padecido dolores de cabeza y fiebres que aumentaron hasta los 102 grados y llegaron en oleadas, dijo. También desarrolló una tos seca de la que aún intenta recuperarse.

"Es terrible como te sientes", aseguró Contreras. "Con fiebres que van y vienen, y dolores de cabeza. Te sientes miserable".

El contacto físico es muestra de afecto

Los abrazos y los besos están profundamente arraigados en la cultura latina, lo que le da un gran valor a las relaciones familiares e interpersonales, apuntó Cristalis Capielo Rosario, profesora de psicología en la Universidad Estatal de Arizona y de ascendencia puertorriqueña.

"La forma en que comunicamos afecto entre nosotros es a través del contacto físico, que sería el abrazo o el beso en la mejilla", dijo la especialista. "Culturalmente, queremos establecer relaciones basadas en la confianza mutua ... así que para nosotros, parte de la construcción de esa relación es tener un contacto cercano".

Aunque no es exclusiva de los latinos, tener esa cercanía física a través de un abrazo o un beso, es parte de los valores fundamentales de la cultura, expuso.

Los abrazos y otras costumbres relacionadas con el contacto físico, pueden hacer que los latinos sean más vulnerables al coronavirus. Al mismo tiempo, renunciar a esas costumbres puede generar estrés, dijo.

Por ejemplo, la psicóloga relató que sus padres puertorriqueños que viven en Orlando, Florida, tenían planes de volar a Arizona durante las vacaciones de primavera el pasado marzo, para visitarla a ella y a su familia que incluye a un nieto de 3 años.

"No poder tener contacto, ciertamente puede conducir a mayores niveles de estrés", dijo Capielo Rosario. "Mi padre tiene más de 60 años y no queríamos ponerlo en riesgo. Por lo tanto, ha sido difícil para ellos lidiar con eso. Pueden ver a mi hijo todos los días por teléfono (a través de videollamadas). Pero no es lo mismo. No tener ese contacto físico, definitivamente es muy difícil".

El COVID-19 ha afectado desproporcionadamente a los grupos minoritarios raciales y étnicos, según muestran los datos.

Hasta el 1 de mayo, hubo casi 1.1 millones de casos confirmados en los Estados Unidos, incluidos 7,962 casos en Arizona. El país ha registrado 64,203 muertes, incluidas 330 muertes en Arizona.

Si bien los rituales culturales, como abrazarse y besarse, podrían desempeñar un papel en la transmisión de la enfermedad entre los latinos, la profesora dice que otros factores probablemente juegan un papel mucho más importante en las tasas de transmisión y mortalidad entre los hispanos, que representan el 18 por ciento de la población total de Estados Unidos, y casi el 32 por ciento de la población de Arizona.

Esos factores incluyen el ser más propensos a vivir en áreas más densamente pobladas y desempeñarse en oficios críticos que requieren de trabajar fuera de casa y, que los ponen en mayor riesgo de estar expuestos al virus.

Por ejemplo, el 25 por ciento de los trabajadores afroamericanos e hispanos están empleados en trabajos de la industria de servicios, en comparación con el 16 por ciento de los blancos no hispanos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC  por sus siglas en inglés). Los trabajadores hispanos también tienen menos probabilidades de trabajar en oficios que les brinden una licencia de enfermedad remunerada, según los CDC. 

Otros factores incluyen tasas más bajas de acceso a la atención médica y tasas más altas de diabetes y otras afecciones subyacentes.

Los hispanos tienen tres veces más probabilidades de carecer de seguro de salud, según los CDC.

En comparación con los estadounidenses blancos, los latinos tienen un 24 por ciento más de hipertensión arterial mal controlada y un 23 por ciento más de obesidad, según los expertos.

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Empleados de gasolineras, supermercados, lavanderías, repartidores de comidas a domicilio o mecánicos, la comunidad latina copa muchos de los puestos clave que permite a EEUU funcionar en su peor momento. La Voz

Los datos preliminares publicados por los CDC el 17 de abril, encontraron que el 33 por ciento de los pacientes hospitalizados que dieron positivo para COVID-19 en un laboratorio eran afroamericanos, que representaban el 18 por ciento de la comunidad. Los afroamericanos representan aproximadamente el 13 por ciento de la población de los Estados Unidos.

Mientras tanto, los datos de las muertes por COVID-19 en la ciudad de Nueva York, para las cuales se contaba con raza y origen étnico mostraron tasas de mortalidad más altas entre los afroamericanos (92.3 muertes por 100 mil habitantes) y los hispanos (74.3 por 100 mil habitantes) fueron mayores que entre los blancos (45.2 por 100 mil habitantes) y asiáticos (34.5 por 100 mil).

Capielo Rosario señaló que los inmigrantes indocumentados, la mayoría de los cuales son latinos y ciudadanos estadounidenses casados con inmigrantes indocumentados, no son elegibles para recibir cheques bajo el plan de estímulo del gobierno federal, a pesar de que muchos trabajan en industrias consideradas esenciales, como la agricultura, el empaquetado de carne y la producción avícola. Ha habido varios brotes grandes de COVID-19 en plantas empacadoras de carne.

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El punto es, dijo Cristalis Capielo Rosario, que los latinos "podrían tratar de no abrazar y besar tanto" a sus familias, pero todavía están "en mayor riesgo debido a su condición socioeconómica".

Costumbres étnicas han entrado en conflicto con políticas de salud pública 

Esta no es la primera vez que las costumbres de varios grupos étnicos entran en conflicto con las políticas de salud destinadas a controlar las epidemias, aseguró Alan Kraut, un distinguido profesor de historia en la Universidad Americana (UA) que se especializa en inmigración, historia étnica y médica.

En 1916, se culpó a la práctica de besar a las personas fallecidas y abrazar a los enfermos que tenían los inmigrantes del sur de Italia de contribuir a un brote de polio. La polio es una enfermedad altamente infecciosa que puede provocar parálisis, aunque se ha erradicado en gran medida después de que se desarrolló una vacuna en la década de 1950.

"Las costumbres de varios grupos a menudo se alteran durante los períodos de enfermedad y las epidemias, en nombre de la salud", señaló Kraut.

"Durante los terribles encuentros entre europeos y nativoamericanos" en el siglo XVI, dijo Kraut, los europeos trajeron consigo la viruela, una enfermedad que fue especialmente letal para los nativoamericanos.

"Una de las cosas que los historiadores han señalado, es que los indios a menudo se acercaron a las personas de su comunidad que estaban enfermas para cuidarlos y mostrar apoyo a través del contacto físico. Y ... esto propagó la enfermedad. No hay otra forma de hacerlo. Y así sí, claro que tiene un impacto en las costumbres, los rituales y las formas de comportamiento de los diferentes grupos ",  puntualizó.

Durante la pandemia de la gripe española de 1918, los periódicos dirigidos a ciertas poblaciones, comenzaron a advertir a los grupos étnicos que algunos comportamientos culturales podrían ponerlos en riesgo de infectarse.

"En italiano, en yiddish, en polaco, en muchos de los idiomas de los grupos que llegaron en tener grandes cantidades durante el cambio de siglo, los editores notificaron a sus lectores que había ciertos cambios en sus comportamientos que tenían que dejar de practicar por el bien de la salud pública", aseguró Kraut. "A menudo les decían cosas como: 'Si estornuda o tose, use un pañuelo. No escupa en la acera. Preste atención a las ordenanzas de los funcionarios de salud pública'".

¿El coronavirus alterará permanentemente la cultura latina?

Se puede encontrar una versión moderna de esos mismos mensajes de salud pública del pasado, dirigidos a grupos étnicos actuales en un video de la plataforma YouTube, y creado por Andrea Martínez.

Ella es vicepresidenta de desarrollo de la primera infancia en la organización Chicanos Por La Causa, una agencia de servicios sociales con sede en Phoenix y que se enfoca principalmente en los latinos.

En el video, Martínez pide a la comunidad que sigan los consejos de los funcionarios de salud pública para evitar el contacto cercano con otras personas.

"Estas directrices recientes nos parecen contra-intuitivas, sobre cómo interactuar o no con otras personas", menciona Martínez, sentada en su casa con una blusa tradicional mexicana. "No se siente bien. No es así como nos comportamos, aun cuando los tiempos son difíciles. ¿Cómo se nos puede pedir esto? Es cuando más necesito un abrazo, no espero que mi ser amado se mantenga alejado". 

"Entiendo y te escucho", continúa Martínez. "Sin embargo, este cambio en nuestra respuesta típica en nuestro comportamiento es esencial. Es fundamental para nuestra seguridad y salud, encontrar una manera de poner distancia física entre nosotros. Esto es solo temporalmente, para que podamos minimizar la propagación y reducir las pérdidas". 

Pero Martínez descubrió que, como latina, llevar a la práctica su propio consejo ha sido un desafío.

"Para mí es muy difícil detenerme y no abrazar a otras personas”, asegura.

Ella compartió un ejemplo que sucedió en su cumpleaños, el 27 de abril. Una prima más joven le dejó un ramo de flores en la puerta, tocó el timbre y regresó a su auto.

Cuando Martínez salió a gritarle gracias, la prima regresó a la casa para darle un abrazo de cumpleaños, pero luego se detuvo. Hubo un momento muy incómodo cuando las dos mujeres se detuvieron.

"¿Estás abrazando a la gente o no?", Le preguntó su prima.

"Creo que mejor no lo hacemos", le respondió Martínez.

Baldenegro, el profesor retirado de estudios mexicoamericanos de la UA, dijo que dejar de abrazarse por ahora vale la pena, dado el riesgo de la propagación del coronavirus.

Sin embargo, le preocupa que el coronavirus pueda terminar alterando una parte integral de la cultura latina, al quitarle a las futuras generaciones la práctica del abrazo.

"Lo que nos dicen en este momento es que practiquemos el distanciamiento social, y es bueno. No tengo ningún problema con eso. No quieres propagar la enfermedad", señaló Baldenegro.

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Una vez que termine la pandemia, el profesor cree que los latinos tendrán que regresar y reeducar a sus hijos, una opinión que expresó en un blog que escribió para el sitio de internet Latinopia.

"No estoy preocupado por los adultos", mencionó Baldenegro. "Me preocupan los niños, los jóvenes de 4, 5 y 6 años, a quienes sus padres, maestros y otras personas, les dicen que abrazan a otros, tocar a la gente, incluido su familiar, su nana o tata, o su tío o tía, es malo, y puede causarle daño”.

"Creo que puede ser muy peligroso en el futuro desde un punto de vista cultural" finalizó.

Contacte al reportero via email daniel.gonzalez@arizonarepublic.com, o llámele al 602-444-8312. Sígalo en twitter @azdangonzalez.

Traducción: Alfredo García

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