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Los Ángeles, CA.- California respira el viernes con alivio tras comprobar que el fuerte temblor que sacudió el jueves el sur del estado no ha dejado víctimas, aunque las autoridades continúan trabajando para evaluar y reparar los daños materiales que sobre todo afectaron a la zona más cercana al epicentro del sismo.

El temblor de 6,4 grados se originó en los alrededores de Ridgecrest, una localidad situada a unos 250 kilómetros al norte de Los Ángeles, pero sus intensidad hizo que millones de personas lo sintieran en la ciudad angelina y que incluso fuera percibido por los habitantes de los estados vecinos de Nevada y Arizona.

Conocido ya popularmente como "el terremoto del 4 de julio" por haber coincidido con la jornada festiva del Día de la Independencia, este temblor es uno de los más importantes que han afectado en las últimas décadas a California, un estado con una elevada actividad sísmica y que está atravesado por la falla de San Andrés, entre otras.

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Cientos de réplicas, muchas de ellas de escasa magnitud, se han registrado en las últimas horas en California, algo que expertos como Lucy Jones, sismóloga del Instituto Tecnológico de California (Caltech), habían proyectado ayer como un escenario muy posible.

La más importante hasta ahora se dio el viernes a las 4.07 hora local (11.07 GMT) con un temblor de 5,4 grados.

"Continuamos monitorizando las réplicas con la Oficina de Servicios de Emergencia para el temblor en el condado de Kern. Estoy agradecido de que todos estén trabajando para apoyar a las comunidades afectadas sobre el terreno", dijo este viernes el gobernador californiano, Gavin Newsom, en Twitter.

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La máxima autoridad de California declaró ayer el estado de emergencia para facilitar las labores de ayuda, especialmente en los condados de Kern, donde se encuentra Ridgecrest, y de San Bernardino, donde se localizó el epicentro.

Ridgecrest, donde viven unas 29.000 personas, y las comunidades colindantes fueron las más afectadas por un temblor que, por fortuna, tuvo lugar en una área poco poblada, lo que contribuyó a que no hubiera que lamentar víctimas y que los heridos y daños materiales fueran de poca consideración.

En este sentido, en las redes sociales se publicaron vídeos y fotografías de casas temblando durante el seísmo, supermercados con todos sus productos por el suelo, grietas que aparecieron en las carreteras, cortes de luz eléctrica y también algunos incendios.

Aunque el susto por el temblor paralizó momentáneamente los planes de celebración por el 4 de julio, la inmensa mayoría de ciudadanos del sur de California festejó con normalidad el Día de la Independencia y en Los Ángeles se vieron las barbacoas, comidas en la playa y fuegos artificiales habituales cada año en esta jornada.

Antes del "terremoto del 4 de julio", el temblor más importante en los últimos años en California había sido el de 2014 en Napa, que tuvo 6 grados.

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El más trágico de la historia reciente y que todavía permanece en la memoria de muchos californianos fue el de 1994 en Northridge, de 6,7 grados y en la zona metropolitana de Los Ángeles, que dejó 57 muertos, miles de heridos y numerosos daños materiales.

Las autoridades y expertos en sismos llevan mucho tiempo alertando sobre el "Big One", que es como se conoce a un hipotético y posible gran terremoto que se originaría en la falla de San Andrés y que podría tener gravísimas consecuencias en California.

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