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PANAMÁ – La primera visita de un papa a Centroamérica ocurrió hace más de tres décadas y se le calificó como un “viaje de guerra”.

Corría el año de 1983 cuando el entonces pontífice Juan Pablo II llegó por primera vez a la región, golpeada por guerras civiles, regímenes militares y en momentos en que el papa polaco combatía entre su rebaño a la teología de la liberación, que defiende el atender primero a los pobres y que tuvo variantes marxistas criticadas por la iglesia. El papa viajero realizó un par de visitas más.

Francisco se convertirá el miércoles en el segundo máximo líder de la Iglesia católica romana en pisar suelo centroamericano cuando llegue a Panamá para el encuentro multitudinario trianual con la juventud del mundo, el cual se extenderá hasta el domingo.

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El papa argentino llega en momentos en que la región sigue golpeada por la pobreza y la violencia, dos factores que han llevado a miles de sus pobladores a emigrar, sobre todo hacia Estados Unidos, recientemente en caravanas.

Francisco aceptó en buena medida la sede de Panamá para la jornada mundial con el fin de que los jóvenes centroamericanos participaran por primera vez en masa, dijo el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa.

Ulloa destacó el martes en la homilía de la misa inaugural de la jornada que espera que el encuentro sea un “bálsamo” para la gente que es obligada a emigrar porque sus gobiernos no resuelven los problemas de pobreza y violencia, y que se exponen a grupos de narcotraficantes en su trayecto.

“Aunque la guerra fría terminó hace tiempo, la violencia que convulsionaba buena parte del Istmo sigue y será una continuidad para la visita de Francisco, quien irónicamente es partidario de la misma teología de la liberación tan rechazada por Juan Pablo II”, dijo a The Associated Press Andrew Chesnut, profesor de estudios religiosos en la Virginia Commonwealth University.

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El primer periplo de Juan Pablo II a la región en 1983 –que arrancó en Costa Rica– fue difícil e incómodo, principalmente en sus paradas en Nicaragua, Guatemala y El Salvador.

Seguidores del gobierno sandinista del nicaragüense Daniel Ortega boicotearon una misa que celebraba el pontífice, quien por otro lado reprendió al entonces ministro y sacerdote, el poeta Ernesto Cardenal, por ser parte de la nueva administración.

En Guatemala, el régimen del general Efraín Ríos Montt desoyó un pedido del Vaticano de perdón para condenados a muerte. En El Salvador, sumido en un conflicto armado con la guerrilla, estaba fresco el asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero, canonizado por Francisco.

También pasó en su primer viaje por Panamá, en ese entonces bajo un régimen militar.

El papa polaco regresó a Nicaragua en 1996 durante el último año de gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, quien había gestionado la visita, donde declaró que la región había cambiado y dejado de ser un campo de batalla. También pasó por El Salvador, que había firmado la paz con la guerrilla y Guatemala, que al final de ese año también suscribió un acuerdo pacificador con grupos rebeldes. A Guatemala hizo un tercer viaje en 2002 para canonizar al “Hermano Pedro”, primer santo de la región.

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“Guatemala ya tenía una población evangélica, principalmente pentecostal, bien grande, por lo menos 35% de la población y el papa veía a la canonización de santos latinoamericanos como parte de la estrategia de frenar el éxodo de católicos hacia las iglesias pentecostales”, dijo Chesnut. “En vísperas de la llegada del primer papa latinoamericano (a Panamá) se ve que la estrategia no ha funcionado, pues Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua no son países de mayoría católica”.

Entre 2013 y2017, el porcentaje de católicos se redujo notablemente en todas las naciones centroamericanas a medida que ganaban terreno las iglesias evangélicas, incluyendo Panamá y Costa Rica, los dos territorios con la mayor cantidad de católicos tradicionalmente en la zona, según un sondeo de la encuestadora privada Latinobarómetro, con sede en Chile.

El caso de Panamá es el más significativo con una disminución de su población católica de 72% en 2013 a 55% cuatro años después. Costa Rica pasó de 62% a 57% en ese periodo, El Salvador de 54% a 40%. La población que profesa el catolicismo en Guatemala, Honduras y Nicaragua seguía por debajo del 50%, según el estudio.

De toda América Latina, Centroamérica es donde la Iglesia más ha perdido miembros y donde el pentecostalismo más ha crecido”, subrayó Chesnut. “Pues Panamá está en tercer lugar de todos países latinoamericanos por ser el mayor declive de membresía desde 1995 –de 89% católico a solo 55% en 2017”.

Omar Serrano, vicerrector de Proyección Social de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas en El Salvador (jesuita), dijo que Francisco llega en un momento político difícil por la represión del gobierno de Ortega contra manifestantes opositores, las denuncias de fraude que salpicaron los últimos comicios en Honduras y las protestas en Guatemala por la corrupción.

“Lo que pasa en Nicaragua merece la palabra del papa, lo que pasa en Honduras después del fraude electoral, lo que vive Guatemala con el cierre de espacios políticos”, planteó el académico.

 

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