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El Río Nuevo fluye hacia el norte desde México y hacia los Estados Unidos, pasando por una brecha en la cerca fronteriza.

Un flujo de agua color verde, turbia, apesta a desagüe y transporta espuma, trozos de basura y una carga de químicos tóxicos desde Mexicali, una ciudad llena de fábricas que elaboran productos que van desde artículos electrónicos hasta las autopartes.

Para las personas que intentan cruzar ilegalmente hacia los Estados Unidos, el río ofrece una ruta para intentar pasar inadvertidos por los agentes de la Patrulla Fronteriza.

Pero el agua está tan contaminada que las personas que se meten pueden padecer de erupciones en la piel o irritantes llagas, y cualquiera que sorba una gota salpicada de esta agua de manera accidental, puede tornarse enfermo súbitamente .

Justo al norte de la frontera, en Calexico, el New River (como es conocido el afluente del lado estadounidense) es tratado como un sitio de desechos tóxicos. En el borde de su barranco cubierto de basura, tiene puesto un letrero amarillo clavado en el suelo de tierra con un símbolo de una calavera con huesos cruzados y la advertencia: “¡PELIGRO! TIERRA Y AGUA DEL RÍO NUEVO CONTAMINADA ¡PROHIBIDO ENTRAR!”

Para las personas que viven cerca del río, el olor puede ser tan insoportable que les provoca dolores de cabeza. Sus ojos lagrimean y sus fosas nasales les pican. Para escapar de la pestilencia, los residentes locales evitan pasar tiempo al aire libre en sus patios.

“Todos los químicos, todos los desechos vienen de fábricas de allá de Mexicali. No sé específicamente, yo no te puedo decir que contiene porque no lo sé”, comentó Ernestina Calderón, quien vive en una calle al lado del río, en Calexico. “Pero de que son químicos perjudiciales a la salud, estoy cien porciento segura”.

Hace una década, Calderón sobrevivió a una batalla contra el cáncer de estómago. Su hijo adulto tuvo cáncer en los ganglios linfáticos y también es un sobreviviente.

Calderón dijo que varios vecinos – recuerda seis personas en total – han muerto a lo largo de los años de diferentes tipos de cáncer, incluyendo el cáncer de pulmón, páncreas y estómago. Otros vecinos sufren enfermedades como el asma y trastornos de la tiroides, que pueden ser provocados o exacerbados por la contaminación.

Los residentes se han quejado durante años de que vivir junto al río los está enfermando. Han exigido a las agencias gubernamentales que limpien las aguas residuales y los despojos industriales.

Sin embargo, a pesar de los pedidos de ayuda, el río todavía contiene altos niveles de bacterias y sustancias químicas venenosas.

En una investigación sobre la contaminación que afecta a la ciudad de Mexicali y a las comunidades fronterizas cercanas, el periódico The Desert Sun descubrió que el Río Nuevo está plagado de químicos nocivos, metales pesados, derrames de aguas negras cada vez más frecuentes, así como una falta de fondos para solucionar estos problemas. Todo esto, a pesar de que entre los reguladores gubernamentales de ambos lados de la frontera se reconoce que el río requiere mayores esfuerzos de limpieza.

Durante las últimas dos décadas, los gobiernos de los Estados Unidos y México han gastado más de 91 millones de dólares en mejoras financiadas conjuntamente para optimizar el sistema de alcantarillado de Mexicali. Pero el rápido crecimiento de la ciudad, con la proliferación de sus maquiladoras, ha superado la capacidad de la infraestructura de la red de drenaje. Los vertidos en el río de aguas residuales sin tratar están aumentando y se están convirtiendo en un problema importante, porque la planta de tratamiento que descarga en el Río Nuevo no desinfecta el agua, ni elimina sustancias químicas o metales pesados.

Las agencias del gobierno mexicano están encargadas de regular las emisiones de residuos industriales de las maquiladoras, y se supone que las empresas deben tratar las aguas residuales para cumplir con las normas del país, antes de descargarlas en el sistema de alcantarillado. Pero las fábricas reciben una supervisión cuestionable y una aplicación mínima de la ley. Los registros del gobierno de México muestran que las compañías informaron haber descargado aguas residuales que contienen algunos de los mismos contaminantes tóxicos que aparecen en las pruebas del agua en el Río Nuevo.

Las pruebas y muestras de sedimentos realizadas por los reguladores de California, revelan que el río es uno de los más contaminados del estado, con altos niveles de metales pesados como plomo, cobre y mercurio.

También hay sustancias químicas venenosas, incluyendo los bifenilos policlorados (PCB), los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y los subproductos del prohibido pesticida DDT.

A lo largo del río todavía hay señales de vida, incluyendo diferentes especies de garzas que se alimentan en las orillas. Sin embargo, mientras los agentes de la Patrulla Fronteriza exploran el río en busca de migrantes, a veces observan masas de peces muertos flotando, un signo de los peligros de la turbia y contaminada agua.

Una herida abierta

La calle Calexico corre junto a la hendedura del río, bordeada de casas con paredes revestidas de estuco y grandes áreas de zacate.

El vecindario, llamado Nosotros Subdivisión, fue construido a principios de los años ochenta. Una foto en blanco y negro de una ceremonia dƒe inauguración en 1983, muestra a miembros del Concejo de la Ciudad de Calexico sonriendo y sujetando palas, junto a los constructores de la compañía Shamrock Properties, una de las dos compañías que estaban entonces construyendo las primeras 80 casas.

El título dice que el desarrollo incluyó casas de tres y cuatro habitaciones que se vendieron por un costo de entre los 59 mil y los 61 mil dólares. La subdivisión se planificó como un proyecto de vivienda para personas de bajos ingresos y se construyó con asistencia estatal y federal.

Wally Heard, uno de los constructores que hicieron las viviendas, recuerda que el estado era dueño de la propiedad y puso a disposición los terrenos para el proyecto, porque había una gran demanda de viviendas de bajo costo. El estado también proporcionó asistencia financiera para los compradores que calificaron en base a sus ingresos.

"Esas casas se vendieron muy rápido", indicó Heard. Fue un tiempo en que los funcionarios de la ciudad se centraban en construir casas para aliviar la escasez de viviendas, y no recuerdo a nadie que dijera que la proximidad al río fuera un problema.

"Por mi parte no tenía idea en absoluto de que fuera problemático", señaló Heard. " A decir verdad, simplemente no creo que se haya tenido en cuenta en absoluto."

Calderón y su esposo, Ciro, un trabajador agrícola, estuvieron entre las primeras familias que compraron las casas. Estaban contentos de poder pagar la propiedad.

A ellos y a sus vecinos les dijeron que el maloliente río se encausaría en una tubería y se cubriría con tierra. Un parque se construiría encima de él.

“Nosotros nunca supimos cuan dañino era para nosotros el río”, aseguró Calderón, sentada en la mesa de su cocina. “Pienso que si desde un principio nos hubieran dicho a nosotros, todos los que vivimos en esta área, cuánto nos podía afectar el hecho de vivir en un río tan contaminado, no hubiéramos comprado nada – nadie aquí, nadie-, por la contaminación de ese río”.

Finalmente se construyó el parque del vecindario junto al río, con un área de juegos infantiles y un campo de béisbol. Pero las aguas residuales continuaron fluyendo, y la labor de canalizar el río en una tubería nunca se llevó a cabo.

Calderón y su familia aprendieron a lidiar con los olores.

“Cuando tengo mis nietos aquí y está tan fuerte que sale el olor, ‘Les digo métanse, hijos, métanse’. Porque ya está el olor muy insoportable afuera”, señala Calderón. “Y ya dejan de jugar y ya los meto y echo Lysol y lo que sea, y ya para que no se sienta aquí adentro el olor tan feo”.

El agua del río no se usa para beber ni para regar. La gente considera el río como una llaga abierta en el paisaje, una zona prohibida que hay que evitar.

Fluye al lado del vecindario en el barranco, donde la maraña de matorrales crecen junto a las aguas.

Hace dos décadas, el río fue canalizado bajo tierra en Mexicali y durante años la gente en Calexico ha estado presionando para un proyecto similar en el lado de los Estados Unidos.

En 2009, Calderón visitó Sacramento junto con miembros de un grupo local sin fines de lucro llamado el Comité del Río Nuevo de Calexico, para demandar acción. Solicitaron a los legisladores apoyar un proyecto de ley que pedía limpiar el afluente y construir un parque a lo largo de la rivera. Y aunque ese proyecto de ley fue aprobado, Calderón se ha visto frustrada por la falta de acción desde entonces, en el llamado Proyecto de Mejora del Río Nuevo.

“Nosotros queremos que tapen el río”, dijo Calderón. “Queremos que lo entuben, vamos, que no esté expuesto el aire a toda esa contaminación que lleva. Es todo lo que nosotros pedimos. Pero dicen que ese proyecto de entubarlo cuesta muchísimo dinero. En México ya se hizo. Y está, pero aquí en Estados Unidos no”.

Los funcionarios de California están trabajando ahora en un plan para acanalar el río en una tubería y alejarlo del vecindario hacia los humedales que se encuentran más abajo. Una medida de emisión de bonos que fue aprobada por los votantes en junio pasado, proporcionará 10 millones de dólares para financiar parte del proyecto del río.

Calderón asegura que ya es hora de que se haga algo, pero sigue escéptica después de años de decepciones. A ella y a su esposo se les ha preguntado algunas veces por qué no se mudan. Ella asegura que definitivamente considerarían mudarse si pudieran pagarlo, pero no pueden. Y esta es su casa.

Hoy en día, los valores de las propiedades en la calle Calexico permanecen bajos en comparación con otras partes de la ciudad, y la mayoría se estima entre los 150 mil y los 180 mil dólares.

Algunos residentes dicen que los olores del río se han vuelto un poco menos nocivos en los últimos años. Pero todavía es lo suficientemente malo. Tanto que cuando los olores de las aguas residuales llenan el aire, las personas cierran sus puertas y ventanas y se quedan dentro.

Cuando hace calor afuera, los vapores que se asemejan al olor de los huevos podridos a menudo llenan el vecindario; es el olor a azufre del gas sulfuro de hidrógeno.

“Es un olor que te duele hasta respirar”, dice Calderón. “Para inhalar te arde la nariz”.

Tanto ella como sus vecinos han descubierto que sus aparatos de aire acondicionado, a menudo necesitan ser reparados o reemplazados, porque las piezas de metal se corroen rápidamente y el refrigerante se escapa. Eso hace que Calderón se pregunte: “Si los aires acondicionados metálicos se corroen debido a algo que hay en el aire, ¿Qué otros efectos podría tener esta contaminación en nuestra salud?”

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Border Patrol agents and people living near the New River worry about their health. Flowing into the United States from Mexico, the New River is polluted with trash, sewage, heavy metals and industrial chemicals. Zoe Meyers, Palm Springs Desert Sun

El sulfuro de hidrógeno puede liberarse en el aire proveniente de materiales en descomposición, como los peces muertos o las algas en descomposición de lagos y ríos, o también de aguas negras o de procesos industriales. Una fuente del gas tóxico es la Central Geotérmica de Cerro Prieto, que expulsa vapor y partículas al sur de Mexicali.

El gas también es liberado por las plantas de tratamiento de aguas residuales. La de Calexico rocía agua al aire en un estanque de ventilación, ubicado al otro lado del río de la casa de los Calderón.

Los aparatos de aire acondicionado tienden a padecer problemas de corrosión cuando están colocados cerca de las plantas de aguas residuales, porque los gases disuelven las juntas metálicas dentro de las unidades, explicó César Rodríguez, gerente de Arctic Air Conditioning en el poblado de El Centro, California. Rodríguez sospecha que los problemas con la corrosión de los aparatos de aire cerca del Río Nuevo, se deben principalmente a los vapores de la planta de tratamiento de aguas. Hasta qué punto el río podría estar contribuyendo a los problemas, no está completamente claro.

En respuesta a las quejas sobre la pestilencia, el Departamento de Salud Pública de California realizó un estudio en el 2008 y el 2009. Los empleados estatales dijeron en un informe del 2010, que los niveles más altos de lo normal del sulfuro de hidrógeno en Calexico "son probablemente el resultado de las emisiones de múltiples fuentes, tanto a nivel local como en Mexicali ".

Los investigadores examinaron el aire a lo largo de las orillas del río y en otros lugares, y dijeron que el río no parecía ser la fuente de los olores de sulfuro de hidrógeno en el vecindario, porque los niveles de gas eran más altos en otras partes de Calexico.

Cerca de la frontera, los gases del río se suman a una potente mezcla de contaminación atmosférica que incluye polvo, humo que sale de las fábricas, escapes de automóviles y camiones, además de las columnas oscuras de humo que surgen de la quema de basura en Mexicali.

Esta área de la frontera tiene el aire más sucio en los Estados Unidos y México. El Condado Imperial tiene la tasa más alta de visitas a las salas de emergencia relacionadas con el asma en niños, en todo California.

Los datos estatales también muestran que el condado tiene tasas relativamente altas de algunos tipos de cáncer, incluidos los cánceres del cerebro, del sistema nervioso, el sistema digestivo y el mieloma.

Calderón expuso que si bien aún queda mucho por conocer y no se ha estudiado sobre los efectos en la salud de vivir junto al río, una cosa sí está clara: hace mucho que se debería haber hecho algo para proteger a las personas de la contaminación.

En su jardín, columpios de plástico cuelgan de un árbol. Sus nietos juegan allí cuando los visitan.

“A futuro, yo no quiero que afecte a mis nietos, a toda la generación nueva”, indicó Calderón. “Nosotros queremos que nuestro hogar, que nuestra comunidad sea una comunidad sin tanto peligro de contaminación”.

'No puede salir uno para afuera'

Para investigar enfermedades en el vecindario, los periodistas de The Desert Sun fueron entrevistando a los residentes en una sola cuadra de la calle Calexico. De las 15 personas que respondieron a la puerta, tres dijeron que ellos o sus familiares padecían enfermedades de la tiroides. Varias personas dijeron que tienen asma o una batalla con alergias severas.

Entre ellos se encontraban jubilados, ex trabajadores agrícolas de edad avanzada, un organizador de banquetes, un electricista y otros más. Muchos dijeron que la pestilencia les molesta y evitan salir cuando los olores son fuertes.

Candelaria Nieblas comentó que tiene un nebulizador a la mano para tratar a su hijo asmático de 16 años, Jesús Iván, cuando éste tiene ataques de tos. El niño nació con la condición genética del síndrome de DiGeorge y requiere atención constante.

Últimamente, el asma ha estado bajo control. Pero Nieblas supo recientemente que ella también había desarrollado asma.

"Tengo una tos que no se me quita", dijo Nieblas, sentada en su patio delantero. A veces, ella tose tanto que le duele la espalda de todo el esfuerzo.

Nieblas comenzó a recibir inyecciones semanales para la alergia y usa un inhalador por la mañana y por la noche. Sabe del olor a aguas negras que hay en el aire y sospecha que está causándole estragos.

Al final de la cuadra, Berta Prado también sufre de asma y usa un inhalador.

“Hay veces que está muy fuerte el olor. No puede salir uno para afuera", señaló Prado, una ex trabajadora agrícola cuyo patio trasero colinda con el río. “Le arde uno la nariz por el olor tan fuerte”.

Prado tiene una hija adulta con una enfermedad de la tiroides, que le ha provocado temblores y una vez le causó la pérdida del cabello.

Los estudios médicos han encontrado que, si bien gran parte del riesgo de desarrollar una enfermedad tiroidea autoinmune se debe a la genética, varios tipos de contaminantes, como el plomo o los PCB, pueden afectar la tiroides y jugar un papel en el desarrollo de enfermedades tiroideas.

Prado asegura que hace años, los residentes circularon una petición pidiendo que el río fuera canalizado en una tubería subterránea.

“Se desilusiona uno porque no hacen nada”, dice Prado. “Muchas gentes han vendido y se van”.

Cerca de la calle Grant, Antonio y María Elena Ramírez han estado viviendo en una casa junto al río durante 28 años. Dijeron que sufren fuertes dolores de cabeza, alergias, ojos llorosos e infecciones, y culpan al río, que está a varios cientos de pies de su patio trasero.

Antonio Ramírez toma un antihistamínico para controlar sus alergias. Cuando los olores son fuertes, él y sus familiares se ponen Vicks VapoRub en la nariz para camuflar los olores. Por la noche, cierran sus puertas y ventanas para evitar el olor.

“No aguanta uno el olor que sale del agua,” comenta Ramírez. “Duelen los ojos, duele la cabeza”.

También han aparecido otras enfermedades entre sus vecinos. Hace una década, la hija preadolescente de un vecino tenía una enfermedad grave que le provocaba temblores y le hacía perder el equilibrio, recordó Ramírez, y su familia decidió mudarse para escapar de la contaminación. Él no está seguro de lo que la jovencita tenía.

Ramírez señaló que está convencido de que las enfermedades son el resultado directo de vivir al lado de una letrina asquerosa.

“Pero no hay ningún doctor, ningún hospital que nos dé una constancia, ‘Estás enfermo por el río, estás enfermo por la contaminación’,” dice Ramírez.

Ramírez, es ahora un ex trabajador agrícola, ha caminado con un bastón desde que sufrió un accidente hace años. Sentado en su propiedad, dijo que nadie cuelga la ropa al aire libre para que se seque porque la tela absorbería el mal olor.

Algunas veces, las tormentas de arena azotan el desierto, enviando nubes de polvo que se arremolinan desde las orillas del río a lo largo del vecindario.

Ramírez se ha unido a sus vecinos para quejarse con los políticos, incluyendo los miembros de la asamblea estatal, los senadores y los concejales. Se siente frustrado por años de promesas incumplidas, y considera que es una injusticia vergonzosa que el problema aún no se haya solucionado.

“Todos dicen, ‘Vamos a investigar.’ Pero como políticos son unos fracasados”, expone Ramírez. “No hacen nada”.

El hombre de campo recuerda un Río Nuevo muy diferente cuando era niño, mientras crecía en Mexicali a principios de los años cincuenta.

“Era agua de agricultura. Era agua limpia, cristalina ”, recordó Ramírez. “Era hermoso irse a bañar uno allí”.

Evocó cuando saltó de un puente de madera al agua, en un tiempo en el que el lugar era el vertedero de las granjas alrededor de Mexicali.

“Pescábamos. Había tortugas ”, aseguró Ramírez. “Toda la gente que vivimos aquí en Calexico y en Mexicali, íbamos a bañarnos y no nos pasaba absolutamente nada. Era un río limpio ”.

A medida que crecía Mexicali y se construían más fábricas, se vertían aguas residuales y desechos industriales, y la gente dejó de nadar en el lugar.

“Ya es drenaje. No es río ”, lamentó Ramírez. "Deben de quitarle el nombre de Río Nuevo".

“Habría que cambiarle el nombre al de Drenaje Nuevo”.

Una tarde, mientras el río emitía olores relativamente suaves, Ramírez salió a su patio trasero y miró hacia el río. Dijo que espera que las agencias gubernamentales aceleren el paso y finalmente eliminen la contaminación del vecindario.

“No sé cuándo lo hagan”, señaló Ramírez. “Ojalá antes que me muera”.

Un río parcialmente oculto bajo tierra

El Río Nuevo comienza al sur de Mexicali, donde las exuberantes tierras de cultivo irrigadas con el agua del Río Colorado contrastan con el vasto desierto un poco más allá.

El canal del río fue esculpido por las aguas en la inundación de 1905, cuando por descuido, el agua del río Colorado irrumpió a través de una puerta de control durante los trabajos de construcción. A medida que el agua se vertía hacia el norte, creó el llamado lago Salton Sea, sobre un antiguo lecho, y recorrió los canales de los ríos Álamo y Nuevo. Ambas afluentes han seguido fluyendo desde entonces.

El agua discurre entre campos de alfalfa y trigo a través de zanjas y alimenta el Río Nuevo. En las afueras de Mexicali, el agua fétida fluye desde zanjas llenas de montones de basura y neumáticos desechados.

En partes de la ciudad, las zanjas abiertas llenas de aguas residuales sin tratar, corren entre fábricas, basureros, corrales de ganado y caseríos. La sucia escorrentía se acumula en las zanjas, y muchas de estas apestosas arterias llegan al Río Nuevo.

El agua se acumula en una serie de lagunas, luego pasa a través de un sistema de túneles subterráneos que atraviesan Mexicali, que sirve de drenaje para la ciudad.

Directamente sobre el río se encuentra una amplia avenida, la Calzada de los Presidentes, con una mediana hierba crecida alrededor, donde el olor de las aguas negras brota de las alcantarillas.

Aunque el río está oculto bajo tierra, todos saben que está ahí. Cuando las personas dan instrucciones de manejo para llegar a algún lugar, a menudo dicen: "Te vas por el Río Nuevo ..."

Las aguas residuales de Mexicali y los fluidos que salen de las fábricas se vierten en dos plantas de tratamiento. El líquido resultante del proceso de una de las plantas de tratamiento termina en el Río Nuevo, brotando como un charco espumoso y en espiral, cerca de la valla fronteriza.

El río continúa como una alcantarilla abierta a través de Calexico, pasando por un supermercado y un centro comercial con tiendas de marcas como Guess, Nike y H&M.

Abajo, en el barranco del río, las personas sin hogar han construido pequeños campamentos entre los arbustos.

El afluente pasa por Nosotros Park, donde los niños juegan por las tardes al fútbol, baloncesto y softbol. Luego serpentea a través de las tierras de cultivo del Valle Imperial, acumulando los escurrimientos de las granja a lo largo del camino, hasta que se encuentra con el pequeño lago salado llamado Salton Sea, virtiendo una columna de agua café en el río.

Durante décadas, el río ha sido sinónimo de contaminación. El autor William T. Vollmann lo exploró mientras investigaba para escribir su libro "Imperial" de 2009. Reclutó a un compañero y cruzó el río en una balsa inflable con remos de madera.

Describió el Río Nuevo como "un horror" y una "apestosa cloaca marrón", diciendo que emitía un "peste a excremento y a algo amargo como de pesticidas".

En las noches de verano, escribió, el hedor asquerosamente fuerte "permanece en la ropa e incluso en la lengua".

'Les está afectando a los agentes fronterizos'

A pesar de su pestilencia, el río ofrece una ruta para las personas que están desesperadas por cruzar la frontera.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza dicen que los traficantes cobran a los migrantes entre 5 mil y 7 mil dólares para cruzarlos, y los grupos son vistos frecuentemente tratando de deslizarse por el río.

Una noche de septiembre, la luz de los faros se reflejó en el agua oscura cuando varios agentes vigilaban en sus camionetas por las orillas.

De pronto vieron a dos hombres jóvenes que atravesaban por el agua, los agentes aparecieron en los bordes de las empinadas orillas y encendieron sus linternas. Los dos se detuvieron debajo de un puente, con sus ropas empapadas se aferraron a él y lentamente retrocedieron río arriba. Una vez que cruzaron la frontera hacia México, entraron en una alcantarilla y desaparecieron en la oscuridad.

Un agente informó a través de la radio que los dos se habían vuelto hacia el sur.

"Este es su juego, noche tras noche", comentó el agente Joel Merino. "Estoy seguro de que sólo están esperando".

A menudo, los que cruzan la frontera salen de las alcantarillas protegidas por el concreto. La salida del conducto está cubierta con barras de acero entrecruzadas, pero se han eliminado secciones de las barras para permitir un fácil acceso.

Los indocumentados se sumergen hasta sus narices. Intentan esconderse debajo de los escombros flotantes o en la vegetación a lo largo de la orilla del agua.

Puertas de metal bloquean el río justo al norte de la frontera, y algunas personas son capturadas cuando salen para bordear las puertas por debajo.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza aseguran que los migrantes que son descubiertos en el río en ocasiones les lanzan piedras, palos, o les arrojan lodo para tratar de escapar. Se ha instruido a los agentes para que permanezcan fuera del agua a menos que surja una situación de emergencia.

"Está tan contaminado", comenta Merino, mirando hacia el agua. "Para mí, parece como anticongelante usado".

Las orillas del río están llenas de botellas de plástico y restos de ropa empapada. Neumáticos viejos se han quedado incrustados en el barro.

Mientras los agentes vigilaban, el viento desplazó nubes de polvo a lo largo de la orilla del río y las llevó flotando por la noche. Una capa de polvo cubrió sus botas y pantalones.

Merino ha desarrollado alergias trabajando a lo largo de la frontera. Descubrió que cuando se le asigna al río, le pica la piel, se le irritan los ojos y le lagrimean.

Otros agentes dicen que trabajar al lado del afluente les da dolores de cabeza. Cuando el agua apesta, intentan limitar su exposición al subir a sus camionetas y mantienen sus ventanas cerradas.

"Hay momentos durante el verano", asegura Merino, "donde el olor del río es tan penetrante que te hace sentir náuseas".

Se detuvo cuando escuchó una voz en su radio: "El par está regresando".

Otro agente estaba en la orilla del río, apuntando su luz hacia los juncos acumulados.

Entre la luz de los reflectores dos hombres emergieron de la vegetación. Estaban en el río y sumergidos a la altura del cuello. Mientras nadaban río arriba, sus cabezas se sumergieron.

Al verlos retirarse, el agente Rubén Sígala expuso: "No saben los peligros de poner su cara dentro de eso".

Otro agente, José Enríquez, dijo que le preocupan los efectos en su salud al trabajar a lo largo del río.

“Hay que hacer estudios. Realmente no sabemos a qué tipo de riesgo nos estamos enfrentando, expuso Enríquez. "Es peligroso. Yo, por mi parte, no quiero nunca tocar esa agua".

El sindicato que representa a los empleados de la Patrulla Fronteriza ha expresado su preocupación de que el río está enfermando a su gente.

"Tenemos caso tras caso de personas que tienen dolores de cabeza, erupciones cutáneas, y síntomas parecidos a la gripe", indicó Mike Matzke, presidente del Local 2554 del Consejo Nacional de Patrulla Fronteriza. "Uno de los agentes que teníamos, realmente se vio afectado hasta el punto en que se empañó su visión".

Matzke representa a los agentes en el sector de El Centro, California, aproximadamente un tercio de los cuales están estacionados en Calexico y trabajan regularmente a lo largo de la rivera.

"Yo diría que todos los agentes en la estación de Calexico han estado expuestos al Río Nuevo de una u otra forma", dijo Matzke. "Es inevitable."

Eso incluye salpicaduras, resbalones y caídas en el agua o introducirse a propósito para capturar migrantes. Cuando los agentes se empapan del agua de río y del barro, las duchas más cercanas se encuentran en los vestuario de su estación.

"Algunos agentes, incluso después de que se hayan bañado, sufren de picazón durante toda la noche", asentó Matzke. "Se rascan y después tienen una llaga abierta. Les dura un par de días".

Cuando alguien se sumerge completamente y traga agua del río, los síntomas de infecciones aparecen rápidamente.

"Por lo general, cuando un migrante toma un trago de esa agua, simplemente comienza a vomitar casi incontrolablemente, y todo lo que podemos hacer por ellos es inclinarlos hacia abajo y con una manguera enjuagarlos en el tiro del desagüe hasta que se detengan", asegura Matzke.

Se puede sentir como una intoxicación por alimentos muy grave, dijo. Matzke lo sabe por experiencia: una ocasión, mientras sacaba a un hombre del río, una chorro de agua entró en su boca y de inmediato comenzó a vomitar.

Él ha estado hablando con los administradores de la agencia sobre qué se puede hacer para ayudar a los agentes, como proporcionarles duchas de descontaminación al aire libre y más equipos de protección, así como análisis de sangre para registrar su exposición a la contaminación.

Muchos agentes sienten que deberían recibir un pago adicional por "riesgo en el servicio" al trabajar a lo largo del Río Nuevo.

Agentes de la Patrulla Fronteriza han presentado quejas similares en San Diego, donde las aguas negras sin tratar de México fluyen regularmente por el río Tijuana y afectan las playas cercanas a la frontera.

Las preocupaciones sobre los peligros de trabajar a lo largo de los ríos Tijuana y Nuevo, fueron el centro de una demanda de 1994 de parte del sindicato contra el gobierno federal. Ese caso terminó con un acuerdo de 15 millones de dólares en 2004. Los términos incluyeron varias promesas del gobierno, incluido el hecho de que los agentes no serían disciplinados por negarse a entrar en los ríos, "excepto en los casos en que la vida está en peligro".

En el último año, el río Tijuana se ha convertido nuevamente en un problema de alto perfil. Las ciudades costeras de la zona de San Diego demandaron al gobierno federal en marzo por los derrames de aguas residuales que han provocado repetidos cierres de playas y han sido acusadas de provocar el descenso en el valor de las propiedades. Luego, en septiembre, el fiscal general de California, Xavier Becerra, y la Junta de Control de Calidad del Agua del Estado, en San Diego, presentaron una demanda acusando al gobierno federal de violar la Ley de Agua Limpia, al permitir que las aguas residuales sin tratar contaminen el río.

Becerra dijo que la demanda apunta a proteger la salud pública y los recursos naturales, y "conseguir que los responsables se encarguen de limpiar este desastre".

En la demanda, los abogados de California dijeron que las violaciones a la Ley de Agua Limpia se relacionan con la descarga continua de "millones de galones de desechos, que consisten en aguas residuales no tratadas, bacterias, pesticidas, productos químicos y metales pesados", provenientes de las instalaciones de tratamiento de aguas residuales, propiedad y operadas por la Sección de Estados Unidos de la Comisión Internacional de Límites y Aguas. Acusaron a la agencia federal de no administrar y operar adecuadamente las instalaciones de aguas residuales, y dijeron que las violaciones muestran una "falta de voluntad para abordar la contaminación que pasa hacia los Estados Unidos desde México, sin que se haya obligado a través de acciones legales".

La contaminación del Río Nuevo, que atraviesa una de las comunidades más pobres y con un 97 por ciento de latinos, no ha generado una respuesta tan firme en los últimos años. Las autoridades estatales no han presentado una demanda similar sobre el Río Nuevo.

En cuanto a los agentes de la Patrulla Fronteriza que trabajan en el río, Matzke señaló que sus mayores preocupaciones es sobre lo que se desconoce, incluido los vertidos que hacen al agua en México y los virus que infectan las aguas residuales, que van desde la fiebre tifoidea hasta el cólera.

Ocasionalmente, los agentes ven gente pescando en el río y les informan que no es una buena idea porque el agua está contaminada. Pero a veces, los pescadores ignoran el consejo. Y a pesar de que algunos de los contaminantes en el Río Nuevo se acumulan en los tejidos de los peces, la Oficina de Evaluación de Riesgos para la Salud Ambiental del estado, ha informado que las mujeres menores de 45 años y los niños "pueden comer de manera segura" una porción por semana de carpa, o cuatro porciones por semana de tilapia, de los ejemplares pescados en el río.

Matzke asegura que nunca comería pescado del río. Algunos días los agentes observan peces nadando, y otros días los ven muertos en la superficie.

"Quién sabe qué hay en él, en un día a día", dijo Matzke. "El Valle tiene muchos problemas de contaminación, entre los pesticidas, el Río Nuevo y la calidad del aire. Estoy cien por ciento seguro de que está afectando a estos agentes ".

El gobierno de los Estados Unidos construyó recientemente un nuevo puerto de entrada junto al rí y una nueva cerca de acero de 30 pies de altura a lo largo de la frontera en la zona de Calexico. Trabajadores derribaron una vieja cerca metálica que había llegado hasta los bordes del Río Nuevo y la reemplazaron con la nueva barrera.

Matzke indicó que la cerca más alta debería deberá disuadir a las personas de tratar de saltar desde la parte superior de la barrera. Pero eso no significa que detendrá el flujo de personas. De hecho, dijo, la cerca más grande podría empujar a más personas hacia el río.

Matzke lleva 11 años trabajando en el área. Y una pregunta ha permanecido con él desde que llegó de Wisconsin: ¿por qué se ha descuidado durante tanto tiempo este río tan contaminado?

"Si este río estuviera en Wisconsin, la gente perdería la cabeza", dijo. “Los políticos perderían sus empleos. Sería como, 'Hay que limpiar esto' ".

Rastreo de la contaminación tóxica

El Río Nuevo está lleno de bacterias en niveles muy por encima del límite considerado seguro para el contacto humano.

Las concentraciones de bacterias coliformes fecales se miden con una estimación llamada "número más probable" o NMP, por 100 mililitros de agua. El objetivo regulador de California para que las personas naden de manera segura en el agua dulce, es de 400 por cada 100 mililitros. Las muestras mensuales del Río Nuevo el año pasado, variaron de 12 mil a más de 160 mil, alcanzando más de cuatrocientas veces el límite para poder nadar.

El río está en la lista del estado de California de los "cuerpos de agua deteriorados" bajo la Ley de Agua Limpia, debido a su toxicidad, patógenos y un cóctel de contaminantes que van desde el mercurio, hasta los pesticidas clorpirifos y dieldrin.

Las pruebas de agua muestran que el río es uno de los más contaminados de California.

Una de las medidas de contaminación utilizadas por la Junta Estatal de Control de los Recursos Hídricos es la toxicidad. En el laboratorio, los investigadores prueban qué tan venenosas son las muestras de agua y de sedimentos, al observar los efectos en pequeños animales acuáticos, en este caso un pequeño crustáceo anfípodo llamado Hyalella Azteca, y observando cuántas de estas criaturas mueren.

Datos estatales del 2002 al 2015, revelan que aproximadamente el 46 por ciento de las muestras de sedimentos del New River excedieron el umbral de toxicidad para estas criaturas. De los ríos analizados en California, el New River tuvo uno de los porcentajes más altos de muestras que se encontraron tóxicas.

Científicos de la Universidad de California, en Riverside, también han utilizado los datos de monitoreo recopilados por los funcionarios estatales para analizar la contaminación en New River y Alamo River, así como en Salton Sea. Encontraron que el New River se destaca como el río más contaminado del área. Investigadores de la Universidad de California, en Riverside, estudiaron los contaminantes registrados en el agua, los sedimentos y los peces en los dos ríos y el lago, entre el 2002 y el 2012.

En su estudio de 2016, los científicos encontraron que los niveles de metales tóxicos, incluidos el cadmio, el cromo, el cobre, el plomo, el mercurio y el níquel, excedían los límites para la vida acuática en los sedimentos de los ríos de la frontera. Las pruebas también mostraron niveles elevados de pesticidas, incluidos los clorpirifos, el dieldrín, los insecticidas piretroides y el DDT, y otros carcinógenos, incluidos los PCB y los PAH.

Se ha descubierto que los PCB causan cáncer en los animales. Aunque los productos químicos fueron prohibidos en los Estados Unidos en 1979, todavía se pueden encontrar en productos de aislamiento, equipos eléctricos, transformadores y otros sistemas que se fabricaron antes de la prohibición.

Los HAP se generan quemando combustible u otros materiales, y los estudios han demostrado sus vínculos con el cáncer.

Los científicos centraron su estudio en los efectos potenciales en los peces y la vida silvestre, no en la salud humana. Dijeron que "los tóxicos persistentes prevalecen" en los ríos y el Salton Sea, y que los niveles son especialmente altos en el río Nuevo, junto a la frontera.

"El riesgo de daño ecológico está claro para aquellos contaminantes que superan esos umbrales", comentó Daniel Schlenk, profesor del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad UC Riverside. Dijo que no está claro si los sedimentos contaminados en el río van río abajo y llegan a Salton Sea, y si es así, en cuánta cantidad.

Pero el curso del agua que fluye de Mexicali lleva una carga de fosfatos y otros nutrientes contaminantes, que contribuyen a la proliferación de algas en el lago Salton Sea. Además, los productos químicos en el río pueden estar contribuyendo al deterioro del ecosistema del lago.

El lago salado Salton Sea se está encogiendo a medida que se reduce la cantidad agua disponible del Río Colorado y los acuerdos de transferencia de agua minimizan la cantidad del agua que fluye desde las zanjas de las zonas agrícolas hacia el lago. El área del río que se deseca ya ha dejado aproximadamente 20 mil acres de lecho evaporados y expuesto a los vientos del desierto.

Se proyecta que en los próximos años el lago se reducirá drásticamente, lo que generará más polvo en las comunidades que ya sufren de altas tasas de asma.

Si los metales pesados, las sustancias químicas y los pesticidas acumulados, están terminando en el polvo, tanto a lo largo del Río Nuevo como en las orillas del Salton Sea, la contaminación tóxica del río puede estar afectando los pulmones de las personas que se encuentran a millas de distancia de la frontera.

Descuido cuestionable

Los estanques llenos de aguas residuales se extienden en el desierto al sur de Mexicali, formando una isla de color verde, en un paisaje de arena y arbustos salpicados con creosota.

La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Las Arenitas fue construida para manejar el creciente volumen de aguas residuales de Mexicali. El curso del agua de la planta fluye hacia un humedal, creando un oasis de 250 acres donde las aves vuelan sobre las cañas. El agua desemboca en el Río Hardy, que fluye hacia el sur, rumbo al Mar de Cortés.

Cuando la planta abrió sus puertas en el 2007, comenzó a absorber una gran parte de las aguas residuales que previamente habían ingresado en el Río Nuevo. Eso redujo el flujo del afluente a través de la frontera. También provocó una mejora notable en la calidad del agua del río, incluida una disminución en los niveles de bacterias.

Funcionarios de ambos lados de la frontera dicen que durante la última década las autoridades mexicanas han mejorado su sistema de regulación de descargas de aguas residuales de las fábricas.

Pero las debilidades significativas parecen permanecer en el sistema de supervisión y el cumplimiento de las regulaciones.

Los reguladores federales en México requieren que las fábricas traten previamente cualquier agua residual que se libere en las zanjas. La empresa estatal de servicios de agua, la Comisión de Servicios Públicos de Mexicali, está a cargo de regular las empresas que descargan las aguas residuales en el sistema de alcantarillado, y les exigen que traten los efluentes para que cumplan con los estándares, antes de dejarlos correr en el alcantarillado.

“Cada industria que está registrada con nosotros. Debe cumplir con la normatividad federal ", aseguró Luis Antonio Hernández, jefe del departamento de aguas residuales de la dependencia.

Si una empresa no cumple con las regulaciones, dijo, los funcionarios generalmente llegan a un acuerdo con la compañía y les dan a los gerentes una fecha límite para cumplir.

Hernández dijo que algunas empresas han sido multadas ocasionalmente, aunque no dio detalles.

Un recuento divulgado por la compañía de servicios públicos, mostró que de las 114 empresas industriales registradas, los supervisores detectaron seis casos durante el 2016 y el 2017 en los que las empresas violaron las regulaciones sobre aguas residuales, basados en indicadores que incluyen niveles de oxígeno disuelto en el agua o los sólidos totales suspendidos.

Las compañías citadas por violaciones incluyeron Isoclima de México, que fabrica vidrios de seguridad para vehículos blindados; Tecnologías Internacionales de Manufactura, una empresa de fabricación de metal y tubería; Chromalloy, una empresa que produce motores y componentes como las palas de turbinas; Rocktenn de México, que fabrica cajas de cartón; Fruvemex Mexicali, que vende productos de frutas y verduras; y J. Cox, que se especializa en moldeo de plástico por inyección, fabricando enseres como soportes para televisores.

En los seis casos, las compañías acordaron cumplir con los requisitos y se ocuparon de los problemas, aseguró Carlos Félix Verdugo, coordinador de control ambiental de la dependencia. Dijo en un correo electrónico que las violaciones suelen detectarse después de quejas o durante las inspecciones de los funcionarios.

La Comisión de Servicios Públicos de Mexicali, asumió su función reguladora en el 2016. Antes era la Secretaría de Protección al Ambiente de Baja California la que regulaba el sistema de alcantarillado. Los reguladores del agua en California habían estado presionando para que se realizara ese cambio.

"Antes de 2016, prácticamente no había supervisión", apuntó José Ángel, quien recientemente se retiró como funcionario ejecutivo de la Junta Regional de Control de Calidad del Agua de California. Dijo que era incómodo tener una agencia estatal que gestionara el sistema de alcantarillado y otra a cargo de la aplicación de la ley, y tenía más sentido finalmente poner ambas funciones bajo una sola agencia.

Desde ese traspaso, las empresas han tenido que entregar anualmente informes de calidad del agua para renovar sus permisos de descarga de aguas residuales. Los funcionarios dicen que los reguladores estatales verifican la información sobre las solicitudes de permisos de las empresas, y que las muestras de agua se recolectan y analizan regularmente para verificar que las fábricas estén tratando adecuadamente sus aguas residuales.

"El estado hace un trabajo bastante efectivo para proporcionar la supervisión", comentó Ángel. Dijo que a diferencia de años atrás, ahora no se sabe de una sola maquiladora de propiedad extranjera, que descargue directamente en el río. También le da crédito a las autoridades mexicanas por eliminar las descargas de aguas residuales no tratadas de los mataderos cercanos al Río Nuevo.

Ángel comentó que aunque las aguas residuales industriales todavía contribuyen a la contaminación en el río, y aunque los metales pesados en los efluentes industriales representan una amenaza para el ecosistema, piensa que los problemas más grandes hoy en día, son los altos niveles de bacterias y los crecientes vertederos de aguas negras al río.

Sigue habiendo dudas sobre la forma en que los funcionarios mexicanos, están regulando las descargas de aguas residuales de las maquiladoras de la ciudad. Los registros publicados por la Comisión de Servicios Públicos muestran que algunas empresas aún tenían que obtener nuevos permisos derivados de las revisiones del año anterior. Y no está claro con qué frecuencia la agencia detecta el vertido de productos químicos tóxicos en el sistema de alcantarillado.

Gran parte de las aguas residuales que terminan en el Río Nuevo fluyen a través de la planta de tratamiento de aguas residuales de Zaragoza, que según los funcionarios mejora la calidad del agua, pero no la desinfecta y no elimina productos químicos ni metales pesados.

Algunas de las grandes fábricas y centrales eléctricas de la ciudad están reguladas por el gobierno federal de México y están obligadas a informar sobre las descargas de aguas residuales que contienen una lista de sustancias tóxicas. Una base de datos del gobierno muestra que desde el 2004, las empresas en Mexicali han descargado agua con una lista de contaminantes que incluyen arsénico, cadmio, cianuro, cromo y mercurio.

Las compañías que han reportado el descargue de esas sustancias incluyen Cromsa, que se especializa en el cromado, y el fabricante de productos de papel Fábrica de Papel San Francisco, así como otras fábricas, centrales eléctricas y un hospital.

La información es auto-reportada, y las compañías parecen estar reportando emisiones de aguas residuales que están permitidas bajo las regulaciones mexicanas. La base de datos no enumera los límites legales para las descargas. Los registros tampoco especifican dónde se han liberado las aguas residuales, ni dicen cuánto de éstas ha terminado en el Río Nuevo.

Contaminados y vueltos a contaminar

Lo que está claro es que los registros describen sólo una fracción de la contaminación que se derrama por los desagües y fluye hacia el río.

Al evaluar los niveles de contaminación en el río y la supervisión de las descargas de las fábricas, The Desert Sun compartió datos con Robert Bowcock, un consultor independiente sobre la calidad del agua. Bowcock explicó que los resultados de las pruebas de agua desde principios de la década del 2000, muestran que ha habido una disminución en los niveles de contaminantes de las aguas residuales industriales, pero que la contaminación sigue en el río.

Debido a que los metales pesados y los productos químicos se han acumulado a lo largo de los años en el lecho del río y en el suelo a lo largo de las orillas, el río está lleno de una "contaminación recalcitrante", que continúa emergiendo en el agua y termina en el lago Salton Sea, expuso Bowcock. A menos que esos depósitos tóxicos acumulados se limpien, dijo, "el río será recontaminado constantemente por los sedimentos".

De particular preocupación son los PCB, acumulados en el sedimento a lo largo del río, dijo, y la posibilidad de que éstos y otros químicos venenosos terminen en polvo y luego en el aire.

El consultor enumeró que muchos de los metales pesados y minerales que aparecen en las aguas residuales ya se encuentran en el agua del río Colorado, que fluye hacia Mexicali, y que los contaminantes emergen de los procesos industriales de las fábricas en concentraciones mucho más altas.

Si bien algunas fábricas parecen estar tratando sus efluentes, muchas descargas de aguas residuales siguen sin estar reguladas y son altamente sospechosas, señaló Bowcock.

"Sé que esas cosas todavía se están desechando", dijo el experto. "Por cada gran fábrica legítima que se exhibe, hay probablemente 10 tramposas a la vuelta de la esquina".

El gobierno federal mexicano rastrea las descargas de sólo una fracción de las plantas industriales, y debido a que el sistema regulatorio se basa en el autoinforme de las empresas, comentó, las descargas de desechos industriales pueden pasar desapercibidas o no informadas.

"Algunas de estas fábricas están haciendo descargas y nunca las verías", argumenta Bowcock. "Desde un punto de vista regulatorio, todavía hay muchos más empresarios deshonestos que deben ser puestos en la mesa".

Durante muchos años, el Río Nuevo fue descrito como el río más contaminado de América del Norte. Y aunque los expertos ya no lo describen de esa manera, Bowcock apuntó que las mejoras realizadas hasta la fecha están lejos de ser una historia de éxito.

"Es probablemente uno de los ríos más contaminados de Norteamérica. La pregunta se reduce a, “¿Con qué rapidez queremos limpiarlo? "¿Y a qué velocidad queremos limpiar los productos químicos que ya se liberaron al medio ambiente?", cuestiona Bowcock. “El esfuerzo coordinado y concentrado de limpieza, no ha tenido lugar. Y todo se reduce a dinero ”.

Décadas de abandono

En ambos lados de la frontera, los funcionarios estadounidenses y mexicanos han reconocido durante décadas que las aguas residuales y los desechos industriales están contaminando seriamente el Río Nuevo. Pero los esfuerzos para abordar esos problemas han sido repetidamente insuficientes.

En la década de 1970, a medida que las maquiladoras proliferaban en Mexicali, la pestilencia de las aguas residuales sin tratar provocó un aumento de las quejas. El presidente Jimmy Carter y el presidente mexicano José López Portillo abordaron el tema en una declaración conjunta en 1979, que pedía "un mayor progreso hacia una solución permanente para el saneamiento de las aguas a lo largo de la frontera".

En 1980, México y los Estados Unidos adoptaron un acuerdo que establece estándares de calidad del agua para el Río Nuevo y exigen la eliminación de las descargas de aguas residuales sin tratar. Pero las aguas residuales y los despojos industriales siguieron fluyendo, y los requisitos de ese acuerdo, conocido como Minuto No. 264, nunca se han cumplido. Los funcionarios de California dicen que México ha estado en una violación crónica de esos requisitos desde entonces.

Los dos gobiernos firmaron un acuerdo en 1987 para desembolsar conjuntamente 1.2 millones de dólares en mejoras de alcantarillado, y otro acuerdo en 1992 para financiar más reparaciones y mejoras de la red de drenaje.

Pero el problema de los residuos industriales de las maquiladoras de Mexicali, seguía sin resolverse.

En 1993, cuando la ratificación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte dio un impulso adicional a las maquiladoras, el Condado Imperial presionó al gobierno de los Estados Unidos para hacer más sobre el Río Nuevo.

La Junta de Supervisores del condado solicitó a la Agencia de Protección Ambiental, instando al gobierno a emitir una regla que requeriría pruebas de químicos en el Río Nuevo y pidiéndole que realizara una evaluación de salud integral. La EPA rechazó la petición del Condado Imperial, pero reconoció que el río estaba extremadamente contaminado y dijo que la agencia financiaría las pruebas de los reguladores estatales.

Luego, la EPA dio un paso inusual para tratar de romper el secretismo y descubrir más sobre los productos químicos que las fábricas estaban lanzando al río. En 1994, la agencia envió 117 cartas a las compañías matrices de maquiladoras estadunidenses en Mexicali, preguntándoles sobre los químicos que estaban usando y liberando al medio ambiente.

Sólo ocho empresas respondieron. La EPA luego recurrió a su autoridad bajo la Ley de Control de Sustancias Tóxicas y emitió citaciones a 95 compañías matrices de maquiladoras de Estados Unidos, que no habían respondido. Eso arrojó 75 respuestas de empresas, algunas de las cuales dijeron que ya no eran propietarias ni operaban una planta en Mexicali. Al final, la EPA recibió respuestas de 64 empresas matrices de maquiladoras en Mexicali.

Algunos de ellos informaron que usaban químicos a niveles que excedían los umbrales bajo la ley de los Estados Unidos. Esos contaminantes incluyen ácido sulfúrico, plomo, dióxido de silicio y óxido de aluminio, entre otros. Algunas compañías informaron que desechaban productos químicos en el sistema de alcantarillado, como ácido clorhídrico, ácido sulfúrico, alcohol isopropílico, hidróxido de sodio y ácido bórico.

La EPA dijo en un informe de 1995, que "la información contenida en las respuestas era insuficiente para permitir a la agencia evaluar independientemente si los datos contenidos en las respuestas de las empresas matrices estadounidenses, eran representativas de las emisiones reales de contaminantes industriales de las maquiladoras".

La agencia concluyó que continuar monitoreando el Río Nuevo, a través de las pruebas, sería la "manera más efectiva de proporcionar información precisa sobre los contaminantes en el río".

Esa fue la única vez que la EPA usó su autoridad de citación para buscar la información de las maquiladoras. Algunas de las compañías habían argumentado que la agencia sobrepasó su autoridad y que su jurisdicción no incluía fábricas fuera de los Estados Unidos.

Los funcionarios estadounidenses dijeron que desde entonces, han recurrido a otras estrategias. Nahal Mogharabi, un portavoz de la EPA en Los Ángeles, dijo que la agencia ha adoptado "un enfoque más colaborativo para abordar las preocupaciones transfronterizas sobre la calidad del agua".

"En cambio, la EPA se ha centrado en la construcción de infraestructura de aguas residuales en México, para evitar que las aguas negras ingresen a los Estados Unidos", escribió Mogharabi en un correo electrónico.

Después de que el TLCAN entró en vigencia, en 1966 el Congreso comenzó a asignar fondos para construir infraestructura de agua y drenajes residuales en ambos lados de la frontera. Desde entonces, la EPA ha contribuido con más de 707 millones de dólares para proyectos de infraestructura de agua y alcantarillado en la frontera.

La Agencia Federal para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades, también llevó a cabo un estudio que analiza los impactos de la contaminación en la salud en el Río Nuevo. La agencia dijo en su informe de 1996 que el río "representa un peligro potencial para la salud pública, porque los residentes del área podrían estar expuestos a estreptococos fecales y otros patógenos a través del contacto con el agua de superficie contaminada y la espuma de jabón". Dijo que estudios anteriores encontraron que el río estaba lleno de bacterias, así como virus que "se informó que eran capaces de producir polio, tifoidea, cólera y tuberculosis".

La agencia dijo que las pruebas de agua mostraron metales como plomo, cadmio, talio y antimonio en el fluido, así como una lista de químicos tóxicos y pesticidas. Recomendó promover la “coordinación y cooperación” entre los gobiernos de los Estados Unidos y México, frenar la contaminación, restringir el acceso al río y recomendar a los residentes que no coman pescado, evitando el contacto con la espuma del agua.

En las dos décadas posteriores, los reguladores del agua de California han pedido en repetidas ocasiones mayores esfuerzos para combatir la contaminación.

En 2003, el Director Ejecutivo de la Junta Regional de Control de Calidad del Agua, Phil Gruenberg, le escribió al gobierno de los Estados Unidos para quejarse. Dijo que el Río Nuevo estaba en una "condición deplorable" y que México continuaba violando el acuerdo de calidad del agua de 1980. Si se pudieran imponer sanciones, dijo, la contaminación se habría corregido hace años.

"Se han hecho y roto innumerables promesas, y el río sigue siendo tan contaminado y peligroso como lo fue en 1980", escribió Gruenberg en una carta a Wayne Nastri, quien era el administrador regional de la EPA. La víctima principal, dijo, es la comunidad predominantemente hispana en Calexico, y "el sufrimiento de Calexico es una injusticia ambiental".

A medida que la EPA incrementó los fondos para ayudar a pagar las mejoras de alcantarillado en Mexicali, el dinero se canalizó a través del Banco de Desarrollo de América del Norte, una institución que los Estados Unidos y México crearon cuando se adoptó el TLCAN, con un enfoque para mejorar las condiciones ambientales en las comunidades fronterizas.

Desde 1997, el banco ha administrado docenas de subvenciones financiadas por los Estados Unidos a través del Programa de Infraestructura de Agua de la Frontera México-Estados Unidos, construyendo y mejorando los sistemas de drenaje y aguas residuales en ambos lados de la frontera, en lugares desde Brownsville, Texas, hasta Tijuana.

En Mexicali, las contribuciones del gobierno de los Estados Unidos de más de 31 millones de dólares a proyectos de alcantarillado, han sumado alrededor de 60 millones de dólares en fondos de contrapartida gastados por el gobierno Mejicano. Los fondos se han usado  para construir estaciones de bombeo y millas de nuevas líneas de alcantarillado. La financiación tiene la condición de que Mexicali requiera que las plantas industriales traten sus residuos para limitar la descarga de contaminantes tóxicos.

Después de que la planta de aguas residuales de Las Arenitas comenzó a operar en 2007, los reguladores de California vieron una disminución inmediata en los niveles de bacterias en el río. Sin embargo, en los últimos años, el sistema de alcantarillado deteriorado y sobrecargado de Mexicali, se ha visto nuevamente plagado de vertederos. Millones de galones de aguas residuales sin tratarse se han vertido en el río, causando picos repentinos en los niveles de bacterias.

Los registros del gobierno muestran la gravedad del problema. En respuesta a una solicitud de The Desert Sun en virtud de la Ley de Libertad de Información, la Comisión Internacional de Límites y Aguas, publicó una lista de derrames de aguas residuales reportados por las autoridades mexicanas.

La lista mostró derrames esporádicos de aguas residuales en 2010, un solo evento en 2011 y luego nada hasta el 2015, cuando se produjeron tres vertidos. En 2016, los problemas empeoraron, con un total de 11 derrames que enviaron millones de galones de desechos no tratados al Río Nuevo. Se reportaron cinco derrames en el 2017, incluyendo uno que arrojó aproximadamente 122 millones de galones de aguas residuales sin tratar.

La avalancha de derrames representa un retroceso significativo después de años de progreso, y los problemas han enfurecido a las personas que viven cerca del río.

Luis Olmedo, quien lidera el Comité Cívico del Valle, organización sin fines de lucro de salud ambiental, expresó que los funcionarios de ambos lados de la frontera deben actuar.

"Mexicali simplemente se sienta en estos asuntos y espera a que los Estados Unidos lo rescaten", dijo Olmedo. "Solo están colocando ‘curitas’ en sus plantas de tratamiento de agua".

En 2016, el Banco de Desarrollo de América del Norte publicó un estudio de 419 páginas, que diagnosticaba los problemas de alcantarillado de Mexicali. El reporte in que el sistema de alcantarillado sufre de "falta de mantenimiento" e infraestructura que está más allá de su "vida útil", y ahora necesita alrededor de 80 millones de dólares en mejoras.

Nuevas esperanzas, soluciones evasivas

Debido a que el Río Nuevo cruza la frontera, cae bajo la jurisdicción de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (IBWC por sus siglas en inglés), que fue creada por los Estados Unidos y México en 1889 y que se encarga de supervisar acuerdos y resolver las disputas.

Alfredo De la Cerda ha trabajado para la sucursal mexicana del IBWC durante más de dos décadas y dirige su departamento de saneamiento. Durante una visita a la valla fronteriza, De la Cerda se colocó sobre la boca de un túnel de concreto donde el río emerge en una piscina espumosa.

“Yo recuerdo cuando niño venir para acá y decir, ‘Vamos al barranco.’ Era tierra de nadie. Estaba en total abandono”, recuerda De la Cerda. “Igual te encontrabas basura, te tropezabas con vehículos y muebles. Eso fue al inicio de los ochenta. Después ha habido una gran mejoría.”

“Cuando era niño y veía solamente aguas negras, pues. Hoy es otro tono, color verde, lo cual denota actividad biológica ”, piensa De la Cerda. “Yo creo que en la década de los 80 al día de hoy, ha habido una gran mejoría”.

Aún así, reconoció que queda trabajo por hacer.

"Definitivamente cualquier agua contaminada con aguas residuales puede ser un gran factor de riesgo para la salud", asegura De la Cerda. “Pero continuamente estamos trabajando para solucionar todas esas deficiencias”.

Sin embargo, el río sigue tan contaminado que cuando los reguladores de agua de California visitan para tomar muestras, se ponen trajes de protección blancos, guantes de látex y protectores de plástico para evitar salpicarse de agua. Suben a un estrecho puente peatonal y usan un palo para bajar botellas al agua y con ellas tomar muestras.

Los funcionarios de la Junta de Control de la Calidad del Agua del estado, reconocen a las autoridades mexicanas el logro de mejoras en la calidad del agua durante la última década. Dicen que ahora tienen una buena relación de trabajo con sus homólogos mexicanos y celebran reuniones en las que comparten ideas sobre cómo limpiar el río.

Pero los funcionarios de California dicen que también les preocupa que los compromisos anteriores de México no se hayan cumplido y que la avalancha de derrames de aguas residuales apunte a una situación de deterioro.

"Es una de las aguas superficiales más deterioradas del estado", indicó Ángel. "Si nos fijamos en la calidad general del agua, es inaceptable. No cumple con nuestros estándares de calidad, punto. Eso debería ser lo suficientemente bueno para la acción ".

Los funcionarios de California han estado alertando al gobierno federal y pidiendo ayuda ya varios años. Para el 2014, dijo Ángel, las autoridades estatales de agua vieron la deteriorada infraestructura de alcantarillado de Mexicali como una emergencia.

"Ahora se ha convertido en una crisis más, que necesita atención inmediata", señaló Ángel. Al mismo tiempo, tanto México como el gobierno de los Estados Unidos han estado cediendo menos fondos para proyectos de alcantarillado en la frontera.

Los registros publicados por el Banco de Desarrollo de América del Norte muestran que los fondos de la EPA para la construcción de proyectos de agua y drenajes residuales en ambos lados de la frontera, a través del Fondo de Infraestructura Ambiental Fronteriza, se redujeron de un promedio de 58 millones de dólares anuales durante la primera década del programa, desde 1997 hasta el 2006, hasta un promedio de 11 millones de dólares al año, desde el 2007 hasta el 2016.

El año pasado, las contribuciones de la EPA totalizaron 8.8 millones de dólares, y este año la financiación disminuyó a 6.1 millones de dólares. Es probable que la tendencia a la baja continúe, ya que el presidente Donald Trump y los republicanos del Congreso, se enfocan en reducir el gasto a los programas ambientales.

La disminución en el financiamiento ha significado que los proyectos de alcantarillado necesarios a lo largo de la frontera quedarán sin financiamiento. Millones de galones de aguas residuales han continuado vertiéndose en el Océano Pacífico desde el Río Tijuana, ensuciando las playas alrededor de San Diego. En Arizona, las comunidades a lo largo de la frontera también se han visto afectadas por derrames de aguas residuales sin tratar, debido a una infraestructura inadecuada en México, que no ha mantenido el ritmo de crecimiento. Luego de un derrame en septiembre en Naco, Arizona, los funcionarios locales declararon el estado de emergencia. Como medida de precaución, ofrecieron a los residentes inmunizaciones contra el tétanos y la hepatitis durante las sesiones de vacunación en una estación de bomberos y en una escuela.

Después de la oleada de vertidos de aguas residuales en el Río Nuevo, la presidenta de la Junta Regional de Agua, Nancy Wright, envió una carta en febrero del 2017 a los funcionarios de la EPA para solicitar una reunión. Se refirió a las costosas mejoras y el equipo que necesita el sistema de alcantarillado de Mexicali, y dijo que los derrames "representan una grave amenaza a la salud pública para cualquier persona que potencialmente esté en contacto con el Río Nuevo".

Wright comentó que esperaba hablar sobre cómo abordar los problemas "con un mayor sentido de urgencia en todos los niveles de gobierno".

Viajó a San Francisco para una reunión con funcionarios de la EPA, y la agencia más tarde autorizó el gasto de 331 mil dólares para pagar las bombas de agua  y otros equipos que eviten los derrames de aguas residuales.

En cuanto a una reforma del alcantarillado mucho más grande que necesita Mexicali, no está claro de dónde se puede obtener el dinero para pagarla.

Una de las conclusiones del informe financiado por la EPA sobre los problemas de alcantarillado de Mexicali, es que las tarifas siguen siendo demasiado bajas para cubrir los costos de operación y mantenimiento adecuados de la infraestructura de la ciudad. Michael Montgomery, director asistente de la División Regional de Agua de la EPA, señaló que esto significa, "lamentablemente, que estamos un poco perdidos en el juego".

Para algunas personas en Calexico que han estado esperando reparaciones, la falta de progreso hacia una limpieza es desesperante. Los legisladores de California también han expresado su frustración en las reuniones durante el año pasado, haciéndose eco de muchas de las mismas quejas que los reguladores del agua han estado planteando durante años.

"He estado trabajando en esto durante mucho tiempo y con los años he estado muy decepcionado con el IBWC", expresó el senador Ben Hueso, demócrata por San Diego. "Esa agencia está completamente fragmentada al tratar de abordar estos problemas".

El asambleísta Eduardo García, Demócrata-Coachella, comentó que está frustrado por la falta de atención al "núcleo del problema" en México, y que será fundamental contar con más fondos y cooperación transfronteriza.

Ángel señaló que una gran cantidad de infraestructura de alcantarillado necesita ser restaurada, ampliada o reconstruida.

"Es un problema de 80 millones de dólares", reconoció Ángel. "Subestimamos el costo del problema que ahora enfrentamos".

Para complicar las cosas, Mexicali ahora compite con otras ciudades fronterizas por un presupuesto más pequeño de fondos.

"Por lo tanto, nos espera un viaje bastante accidentado a medida que la infraestructura de alcantarillado se deteriora", apuntó Ángel.

Ángel pasó más de 21 años trabajando en el Río Nuevo, y dijo que le parece triste que las reparaciones hayan tardado tanto.

Las soluciones duraderas, dijo, requerirán cooperación transfronteriza, ayuda del gobierno de Estados Unidos, y sobre todo, más fondos.

"Si esa amenaza no se aborda con un sentido de urgencia por parte de nuestro gobierno federal, las cosas simplemente van a empeorar y estamos a punto de perder las ganancias en la calidad del agua", expuso Ángel. "Si no asistimos y seguimos cooperando con México para abordar ese problema, la calidad del agua de Río Nuevo volverá verse como en la década de 1990".

Los funcionarios estatales parecen mucho más optimistas acerca de las correcciones en el lado norte de la frontera, y su actitud optimista se ve reflejada por los funcionarios en el ayuntamiento de Calexico.

En 2009, el entonces gobernador Arnold Schwarzenegger firmó un proyecto de ley que lanzó el Plan de Mejora del Río Nuevo y pidió optimizar la calidad del agua, proteger la salud humana y desarrollar una "zona de esparcimiento" en el trayecto del río en Calexico.

Esos planes se han estancado durante años, y ahora los funcionarios estatales finalmente están avanzando con los 1.4 millones de dólares aprobados en el 2016.

Sin embargo, el proyecto se ha reducido drásticamente desde que se lanzó una primera versión en el 2011. Esa propuesta inicial, que fue preparada por un equipo de funcionarios gubernamentales, profesores universitarios y líderes comunitarios, sugirió tratar todo el río en la frontera construyendo un instalación de desinfección, junto con una estación de bombeo y tuberías, dispositivos de aireación para mejorar la calidad del agua y pantallas para mantener la basura fuera.

El costo de construcción se estimó en 184 millones de dólares, lo que resultó ser mucho más de lo que los proponentes pensaron que podían obtener. En cambio, los funcionarios estatales decidieron utilizar una versión reducida del proyecto que se estima que costará entre 22 y 24 millones de dólares.

Han eliminado la planta de desinfección y, en cambio, planean encerrar el río en una tubería subterránea y desviarlo del vecindario de Calexico. La tubería comenzaría cerca de la frontera y correría más de una milla río abajo, más allá de las casas, donde el río emergería nuevamente.

Los funcionarios planean construir un sistema de "bombeo de retorno" que enviaría los efluentes tratados de la planta de aguas residuales de Calexico, a un nuevo canal del río, creando una agua de características relativamente limpia, que correría junto a un parque con un sendero para caminar y andar en bicicleta.

La ciudad tiene aproximadamente 2 millones de dólares reservados para comenzar a construir el "parque", ya que el río esté encerrado en la tubería. Calexico también cuenta con un nuevo gerente municipal asistente, Miguel Figueroa, quien anteriormente pasó siete años haciendo campaña para centrar la atención en el tema, como director ejecutivo del Comité de Río Nuevo de Calexico.

Expuso que es optimista sobre el proyecto.

"Ahora más que nunca, tenemos cosas que se están moviendo", dijo Figueroa. "Finalmente, todo el trabajo valió la pena".

Tanto la ciudad como los funcionarios estatales dicen que esperan comenzar la construcción pronto.

Aún así, los fondos para el plan estatal de Río Nuevo aún no se han aprobado. Y otro plan estatal para construir estanques y humedales en miles de acres de lagos secos alrededor de Salton Sea, se ha retrasado.

Los funcionarios tienen 10 millones de dólares disponibles hasta ahora, para el proyecto de Río Nuevo de la medida de emisión de bonos que los votantes aprobaron en junio. La Proposición 3 habría liberado otros 10 millones adicionales para Río Nuevo, pero la medida fue derrotada en en las urnas, en las elecciones de noviembre. El déficit de fondos no es la única razón por la que los funcionarios de California decidieron no construir una planta para tratar todo el río. En un memorándum, Ángel escribió que eliminar la planta de desinfección tenía sentido, porque el flujo del río puede disminuir hasta la mitad en los próximos 10 a 15 años, y "casi a cero a largo plazo, ya que México retiene y trata más" estas aguas residuales ".

El Río Nuevo ya se ha ido reduciendo durante años. El flujo disminuyó a principios de la década del 2000, cuando comenzaron a usarse algunas aguas residuales para enfriar dos centrales eléctricas, y nuevamente en el 2007, cuando una gran parte de las aguas residuales de la ciudad comenzó a fluir hacia la nueva planta de tratamiento ubicada al sur de la localidad.

Si el Proyecto de Mejora del Río Nuevo no comienza a moverse más rápidamente, el río podría secarse y dejar su legado tóxico en el viento.

Reportera Pamela Ren Larson contribuyó a este informe.

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