Ser multilingüe en EU tiene sus ventajas, pero cuando se habla otra lengua que no sea el inglés en algunos sitios públicos puede generar inconvenientes

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PHOENIX – Hasta hace poco, Lily Mucarsel hablaba en español todo el tiempo desde hace tres décadas, cuando llegó a Estados Unidos proveniente de Ecuador: en la biblioteca, en el cine y cuando compraba comestibles. Les enseñó a hablar en español a sus tres hijas y ahora hace lo mismo con sus nietas, nacidas en Estados Unidos.

Hoy por hoy, sin embargo, esta mujer de 62 años residente en el sur de California, habla inglés cuando va a un partido de béisbol o a un restaurante con su marido, para demostrar que lo puede hablar y evitar las miradas de desaprobación que recibe cuando se expresa en su lengua natal.

“Veo que con este nuevo gobierno la gente está más impaciente, no hay mucha comprensión”, declaró Mucarsel, quien vive en Anaheim, California. “Cuando hablas en español, automáticamente te juzgan y piensan que no puedes hablar en inglés. Eso demuestra mucha ignorancia”.

Ser multilingüe en Estados Unidos tiene sus ventajas, como más oportunidades laborales y en las relaciones sociales, pero cuando se habla otra lengua que no sea el inglés en algunos sitios públicos puede generar inconvenientes, como se hizo evidente en videos ampliamente difundidos recientemente de un abogado que increpaba a dos personas que hablaban español en un restaurante y de un agente de la Patrulla Fronteriza que interrogó a personas por el simple hecho de que hablaban español.

En este último episodio del 16 de mayo, el agente le dijo a Ana Suda y a su amiga que quería ver sus identificaciones porque las escuchó hablar español en un negocio y le pareció sospechoso.

El incidente se produjo en Havre, a 48 kilómetros (30 millas) de la frontera con Canadá. Un portavoz de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP por sus iniciales en inglés) dijo que se está analizando el incidente, aunque destacó que los agentes tienen amplia discreción para interrogar a la gente.

Suda no quiso responsabilizar al presidente Donald Trump, al menos no directamente, por lo que ella y muchos otros perciben como un tratamiento más hostil hacia los extranjeros. “Lo que sé es que, aproximadamente hace un año y medio, empecé a sentir como que la gente te dice algunas cosas”, comentó.

La hostilidad no abarca exclusivamente a los hispanohablantes. Quienes hablan árabe, farsi y otras lenguas asiáticas o indias hace rato que deben decidir cuándo hablar sus idiomas nativos y cuando es preferible no hacerlo. Algunos sienten que la retórica agresiva del gobierno de Trump y sus políticas rígidas hacia los inmigrantes de México y América Central han hecho que las miradas desaprobatorias den lugar a una hostilidad abierta.

“La realidad es que el sentimiento antiinmigrante es hoy mucho más palpable. Se percibe no solo en los bares y en las zonas rurales. Está presente en las conferencias de prensa de Washington”, afirmó Brian Levin, director del Centro de Estudios sobre el Odio y el Extremismo en la Universidad Estatal de California con sede en San Bernardino.

En Estados Unidos, una de cada cinco personas mayores de cinco años habla otro idioma en su casa, según la Oficina del Censo. En Los Ángeles más de la mitad de la gente lo hace.

Aproximadamente el 60% de las personas que hablan otro idioma dicen que también hablan inglés.

En la mayoría de los casos, ese otro idioma es el español. Unos 40 millones de personas que viven en Estados Unidos lo hablan y hay estudios que indican que para los hispanos es importante preservar su lengua, de acuerdo con Jens Manuel Krogstad, escritor del Centro de Investigaciones Pew, un organismo independiente con sede en Washington.

Para muchos, hablar español no es una opción sino una necesidad, pues tienen padres, abuelos y amigos inmigrantes que no hablan inglés. Otros se las arreglan hablando un poco de inglés, pero se sienten mejor hablando sus propios idiomas natales.

En muchos casos lo hacen por decisión propia. A veces es algo delibrado y otras porque es el idioma que más les gusta, el que siempre han hablado. Es la lengua con la que pronunciaron sus primeras palabras y con la que aprendieron matemáticas, por lo que tienden a contar el dinero en ese idioma por más que hablen inglés perfectamente. Otra posibilidad es que se enamoraron en español y eso no se puede traducir.

Algunos nativos pueden pasar al español para analizar los términos que les ofrecen en una concesionaria de autos o para retar suavemente a sus hijos sin que el resto del mundo lo sepa.

“De niña, mi madre nos hablaba en español cuando nos portábamos mal”, dijo Vanessa Viana, de 37 años y quien pasó su infancia en el norte de California. “Creo que le inculcaron la idea de que lo que decimos en español es algo privado”.

Viana dijo que eso no funciona en el sector de Los Ángeles donde vive ahora, ya que todo el mundo habla en español. Ella lo hace en todos lados con sus dos hijos, con la esperanza de que aprendan el idioma y se sientan orgullosos de él.

La perorata de un abogado en un restaurante de Nueva York motivó muecas incómodas de parte de Mauro E. Mujica, un inmigrante chileno que habla cinco idiomas y que promueve la adopción del inglés como la lengua oficial de Estados Unidos. Presidente y director ejecutivo de U.S. English, Mujica dice que su objetivo no es impedir que se hablen otros idiomas, sino alentar a la gente a que aprenda inglés.

La condena al abogado “fue exagerada”, opinó Mujica. “Y nos hace ver mal a los que queremos que el inglés sea el idioma oficial. La gente puede hablar la lengua que quiera si están en público o con amigos”.

En los últimos años, escuelas de todo el país, no solo las de comunidades de inmigrantes, han reconocido a los estudiantes que hablan inglés y al menos otro idioma. En una cantidad de campos, que van desde la policía hasta la salud, la gente bilingüe tiene más oportunidades.

Diana Olivera dijo que el saber español la ha ayudado mucho en su trabajo como enfermera especializada en pediatría en un hospital de Phoenix, donde la mayoría de los familiares de los pacientes habla español. “A la gente con la que trabajo le encanta porque todos salimos beneficiados”, dijo Olivera.

Por encima de todo, el español es con frecuencia el idioma de la familia, parte de la cultura. Mucarsel, quien habla bien inglés pero con un acento que hace que se sienta discriminada, se expresa en español cuando la situación lo permite o cuando quiere que otras personas se sientan a gusto, pues es la lengua que usa cuando está en familia.

“Es muy lindo hablar en tu lengua natal”, manifestó. “Te viene del alma”.

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