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Desde lo alto de un cerro, Daniel Hernández, agente de la patrulla Fronteriza escaneaba el vasto desierto con sus binoculares.

Su cabello oscuro estaba mojado de sudor. El termómetro en su camioneta registraba los 104 grados. De repente su radio portátil sonó.

Un sensor detectó movimiento humano cerca de Charlie Bell Pass, dijo una voz en el radio, aproximadamente a 15 millas hacia el suroeste de dónde se encontraba Hernández.

Un helicóptero del Departamento de Seguridad Nacional fue a investigar. Dos hombres con camuflaje, probablemente migrantes, fueron vistos caminando hacia el sur con mochilas y botellas de agua.

De repente Hernández se encontraba en un camino de terracería junto al Refugio Nacional de Vida Silvestre Cabeza Prieta en busca de los dos hombres.

El trabajo de Hernández es capturar a las personas que entran al país ilegalmente, pero con el aumento del calor del verano aumenta también el riesgo.

Cada verano cientos de migrantes mueren cruzando la frontera en el sur. Pero en ningún otro lado es tan mortal cruzar la frontera como el desierto de Arizona. Hasta ahorita el número de migrantes muertos encontrados en el desierto al sur de Arizona ha aumentado.

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Hasta finales de junio y aún faltando dos meses de intenso calor, 81 cuerpos o restos de esqueletos han sido recuperados en el sur de Arizona, la mayoría al oeste del desierto, de acuerdo con datos de la Oficina de Médico Forense del Condado de Pima, el cual cubre la zona oeste del desierto.

La cifra representa 26 restos más recuperados que los 55 durante un periodo de seis meses en el 2016.

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El número de restos descubiertos hasta ahorita en este año está cerca de exceder los 154 encontrados en el 2016.

Es particularmente alarmante porque el número de arrestos por parte de la patrulla fronteriza disminuyó este año, y se encuentra entre los niveles más bajos en las últimas décadas, según Chelsea Halstead, manager del programa para el Centro de Derechos Humanos Colibrí, con sede en Tucson, el cual ayuda a identificar los restos de migrantes encontrados en el desierto.

“Menos personas están cruzando y más personas están muriendo. Lo que vemos es más muertes”, expresó Halstead.

MÁS BUSCAS, MÁS RESTOS

 

Es muy temprano para decir si el 2017 va a ser un año particularmente mortal para migrantes, dijo Gregory Hess, principal examinador médico de la Oficina del Médico Forense del Condado de Pima.

Varios de los restos recuperados hasta ahorita han sido encontrados por grupos humanitarios, según Hess. Y varios de los restos son esqueletos, partes de esqueletos, indicando que no murieron recientemente.

“Creo que por eso nuestro número es un poco más alto este año. Es porque hay grupos de personas buscando allí” dijo Hess. “Nomás porque encuentran restos de personas en el 2017 no significa que las personas murieron en el 2017“agregó Hess.

No más muertes, y dos grupos humanitarios de San Diego “Angeles del Desierto” y “Águilas del Desierto Inc” han conducido búsquedas este año en el oeste del desierto de Arizona.

El grupo de las águilas ha estado viajando cada dos y tres semanas y ha recuperado al menos 22 restos este año, informó José Genis González, el vicepresidente del grupo.

La mayoría de los restos fueron recuperados durante búsquedas en el Monumento Nacional Organ Pipe, el Refugio Nacional de Vida Salvaje de Cabeza Prieta y Barry Goldweater Air Force Range, expresó Genis.

El grupo ha publicado fotos y videos de varios de los restos en su página de Facebook en un intento por identificarlos.

Doce de los restos fueron recuperados al oeste de Ajo, Arizona, donde jets de la Fuerza Aérea en Arizona conducen ejercicios de entrenamiento, comentó Genis.

Contrabandistas usan el rango de bombardeo, en Ajo, para guiar ilegalmente a los migrantes a los Estados Unidos porque saben que esa área no es vigilada por la Patrulla Fronteriza, comentó Genis. Como resultado Genis cree que los restos de muchos migrantes más no han sido aún encontrados.

“EL LUGAR MÁS DURO DE CRUZAR”

El desierto oeste de Arizona es más largo que en otros estados. Migrantes pueden caminar por días sin encontrar agua, y fácilmente pueden perderse, expresó Hernández.

El calor agotador del verano aumenta el peligro. Las temperaturas diarias usualmente sobrepasan los 100 grados y pueden subir aún más como sucedió el 21 de junio, cuando la temperatura alcanzo los 118 grados durante una ola de calor que azotó el área por nueve días.

“Yo diría que es el área más dura de cruzar en términos de distancia y lejanía” dijo Hernández. “No hay mucha infraestructura. Luego añades el calor, que no hay agua, ni caminos, eso lo hace aún más complicado”.

Una segunda ola de calor golpeó el sur de Arizona la semana pasada, con temperaturas arriba de los 110 grados.

Aun así migrantes continúan cruzando por el desierto del oeste.

Algunos están conscientes de los peligros, comentó Hernandez. La única forma de navegar el desierto es contratando los servicios de contrabandistas como guías, agregó. Pero muy seguido los guías mienten sobre la cantidad de agua necesaria y el número de días que toma cruzar el desierto.

“Gran número de personas no conocen los verdaderos peligros” declaró Hernandez.

Eso fue evidente el jueves, cuando Hernández se apresuró a encontrar a los dos migrantes que vio junto a Charlie Bell Pass.

Después de casi media hora, Hernández llegó al área donde los migrante fueron vistos desde el aire alejándose de un tanque blanco de agua. El tanque, que podía ser identificado a distancia fue puesto ahí por Fronteras Humanas, uno de varios grupos humanitarios que trabajan para prevenir las muertes de migrantes.

El helicóptero se encontraba circulando la zona cuando Hernández se bajó de su camioneta junto con otro agente de la Patrulla Fronteriza. El piloto indicó que perdió el rastro de los migrantes. Después, con poco combustible, el piloto del helicóptero se fue, dejando a Hernández y al otro agente para que siguieran la búsqueda a pie.

Los agentes se separaron. Hernández seguía al otro quien era el guía.

Hernández caminaba viendo el suelo, tratando de encontrar las huellas de los migrantes en la arena. Pero el sol hacía imposible ubicar cualquier huella.

Después de buscar por casi una milla y media, Hernández pausó para observar lo que parecían huellas de las manos, a lo mejor de alguien que trataba de sentarse en la arena.

Un momento después, el otro agente gritó “He visto a uno de ellos”.

En la distancia, Hernández podía ver una silueta oscura de un hombre con una mochila, parado a un lado de una colina.

El hombre comenzó a correr, y el segundo agente a perseguirlo.

Poco después el hombre fue arrestado.

Después de encaminar al migrante esposado hacia el vehículo de la Patrulla Fronteriza, los agentes buscaron en su mochila. Encontraron dos galones llenos de agua. El hombre había tirado otros dos galones durante el perseguimiento.

Los agentes removieron las esposas y pusieron al hombre en la parte trasera de la camioneta. Hernández le dio una botella de agua helada.

“Toma poquita agua” le dijo Hernández. “No trague mucha”.

DOS DÍAS SIN AGUA

Sentado en la parte trasera del vehículo de la Patrulla Fronteriza el migrante dijo que su nombre era Roger Paiz Leyton. Dijo que tenía 28 años de edad y venia de Leon, Nicaragua, “Buscando una mejor vida”.

Confesó que tenía 10 días caminando en el desierto, tratando de llegar a Gila Bend, el cual se encuentra a 80 millas de la frontera. Esperaba llegar a Los Ángeles, donde dijo tener primos.

Paiz dijo que empezó caminar desde el pueblo de Sonoyta con aproximadamente otros ocho o 10 migrantes. Ellos venían de Honduras, El Salvador, Guatemala y México.

Varios se regresaron.

“Cuando vieron que seco era, y que no hay agua, que solamente teníamos suficiente agua para tres días, se regresaron” expresó Paiz.

Paiz dijo que en un punto del camino había permanecido sin agua por dos días. Él y el otro migrante fueron vistos por el helicóptero de la Patrulla Fronteriza cuando estaban llenando sus galones de agua, el otro migrante escapó. Hernández preguntó si estaba agarrando agua para un grupo en el desierto preocupado que se encontraran en peligro, Paiz informó que no.

En el desierto Paiz informó que vio ‘alrededor de 10 cadáveres”.

“algunos de ellos aún tenían carne, otros eran solamente esqueletos”, dijo Paiz.

Dijo que los restos le hicieron ver qué tan peligroso es el desierto.

“El problemas es que (contrabandistas) no te dicen realmente cómo es” el cruzar esta parte del desierto dijo Paiz. “Ellos me dijeron que es bonito aquí. Que a lo mejor sería cinco días caminando a lo mucho”.

Después de una corta entrevista, Hernández le dio a Paiz otra botella de agua helada, y una galleta de proteína. Los agentes cerraron la puerta trasera de la camioneta y transportaron a Paiz a la estación de la Patrulla Fronteriza.

Mientras manejaba Hernández dijo que Paiz tenía suerte de estar vivo.

“Estoy seguro que este hombre no se imaginaba qué duro iba a ser” dijo Hernández “La mayoría de la gente no dura más de unos días aquí”.

Traducción Jackie López

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