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MORELIA, México– Las afligidas familias de los 13 policías mexicanos asesinados en una aparente emboscada del crimen organizado se reunieron el martes afuera de una funeraria en el estado de Michoacán, muchos de ellos furiosos con el gobierno y los jefes policiales ya que consideran que los enviaron a una muerte segura.

“Los buenos están aquí”, dijo señalando hacia la enorme funeraria el hermano de Marco Antonio González, de 20 años, uno de los oficiales asesinados.

“Y los responsables de esto, también están aquí”, agregó justo cuando el jefe de la policía estatal y otros altos directivos salían de vehículos. Él y otros familiares se negaron a dar sus nombres por temor a represalias en un estado donde la violencia atribuida a los grupos del narcotráfico se ha disparado en meses recientes.

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Más de 30 hombres armados pertenecientes a un cártel interceptaron el lunes a los policías en el pueblo de El Aguaje cuando viajaban en caravana para cumplir con un allanamiento. En el ataque –el peor contra la policía mexicana en años– también resultaron heridos nueve agentes.

El presidente de México Andrés Manuel López Obrador dijo que el ataque del lunes era “lamentable”, pero que seguía comprometido con su estrategia de seguridad, la cual se enfoca según él, en los problemas sociales subyacentes. Con frecuencia menciona la frase “abrazos, no balazos”, mientras las tasas nacionales de homicidios han alcanzado cifras récord.

Vamos a seguir con nuestra estrategia”, dijo el martes López Obrador y agregó que se siente “optimista” de que pueda haber paz en el país.

“Ésta es una zona violenta y vamos a seguir atendiendo las causas que originan esta descomposición social”, dijo el presidente. “Para nosotros es muy importante el que haya bienestar, que se pueda conseguir la paz con justicia… y evitando también el que la autoridad se mezcle con la delincuencia”.

Letreros dejados en El Aguaje, municipio de Aguililla, aparentemente fueron firmados por el Cártel Jalisco Nueva Generación, uno de los grupos criminales más poderosos de México.

Aunque López Obrador juró continuar con su estrategia para evitar la violencia, muchos dudan que funcion.

Raymundo Zavala, empleado de una oficina y residente de Morelia, la capital del estado de Michoacán, anhela los días de Felipe Calderón, cuando se libró un ataque con todo contra los cárteles durante los años de presidencia de 2006 a 2012.

“Tiene que haber una estrategia, como fue la de Calderón en su tiempo”, dijo Zavala. “aunque estaba blindado, estaba más seguro… había más orden”.

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