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El retraso en el proceso de admisión parece ser resultado de recortes presupuestarios, así como de la capacidad limitada del país para manejar grandes cantidades de migrantes

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TAPACHULA, México – Miles de migrantes que huyen de guerras o de la pobreza en Nigeria, Camerún, Bangladesh, Haití y Cuba han atravesado mares, montañas y selvas de Sudamérica hasta llegar a Centroamérica, para luego terminar aquí: la húmeda ciudad mexicana de Tapachula, cerca de la frontera con Guatemala.

Más de 1.500 de ellos pasan semanas –o meses– en un parque con enormes ceibas y vides, aguardando visas de tránsito que parecen nunca llegar, como en una versión mexicana de la película “Casablanca”. Algunas personas dicen que han perdido las esperanzas de llegar a Estados Unidos y sólo quieren documentos que les permitan trabajar en México, pero en el norte, donde los salarios son más altos. El gobierno no está preparado para darles eso, así que los mantiene allí, esperando. Quizás para concederles asilo, quizás la residencia.

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Ellos pasan los días aburriéndose, sin respuestas de las autoridades, usando baños hacinados y sucios, y sin comida suficiente. Quienes todavía tienen dinero a veces se escapan de los refugios saltando una pared y compran lo que quieren comer y lo cocinan al aire libre.

Los migrantes de diversos países parecen preferir el sabor del arroz y las lentejas en lugar de las tortillas, el frijol y los huevos que les dan las autoridades mexicanas.

Maureen Meyer, directora para México y derechos de los migrantes en la Oficina de Washington para Latinoamérica, dijo que la voz se corrió rápidamente a través de las redes internacionales de contrabando de que México se había vuelto más tolerante con los migrantes. La atención hacia las grandes caravanas que avanzaron rumbo al norte hacia Estados Unidos el año pasado, combinada con la agilización del proceso mexicano para entregar visas humanitarias en enero, parecieron ser un tapete de bienvenida a nivel mundial. Al mismo tiempo, a los migrantes se les dificultó más llegar a Europa desde Asia o África.

Ahora el gobierno mexicano está tratando de manejar mejor los flujos de migrantes –y quizás incluso limitar las visas de tránsito– ante la presión del presidente Donald Trump para frenar la migración a Estados Unidos.

“(Las autoridades mexicanas) no captaron completamente (la magnitud) del hecho de enviar un mensaje de ser un país más abierto”, dijo Meyer. “Obviamente es una situación muy difícil” para México.

El retraso en el proceso de admisión de migrantes en la frontera del sur de México también parece, en parte, ser resultado de recortes presupuestarios, así como de la capacidad limitada del país para manejar grandes cantidades de migrantes, especialmente de lugares distantes, algunos de los cuales carecen de la infraestructura necesaria para hacer frente a las repatriaciones.

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