El narcotraficante mexicano que hoy es prófugo de la justicia aseguró que gastó 250 millones de pesos "en obras que el Gobierno promete, pero no cumple"

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CIUDAD DE MÉXICO --"Siempre quise ayudar a los pobres porque sufrí mucho de niño.

Lo hice (dedicarse al narcotráfico) sólo por sentirme bien", dijo Rafael Caro Quintero ante media docena de periodistas una vez que fue traído a México.

"Llevé, junto con Don Neto, agua, luz, alcantarillado, escuelas, hospitales, a pueblos de los Estados de Chihuahua, Sinaloa, Sonora y Jalisco".

Ernesto Fonseca, Don Neto, ya había sido detenido también en Puerto Vallarta, y fueron careados en abril de 1985. Ambos negaron matar a Enrique Camarena y al piloto Zavala.

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Caro Quintero rechazó "haber trabajado en grande, como dice el expediente", sino en pequeñas cantidades y dijo que es falso que haya sobornado a policías, políticos o empresarios o tener protección de ellos.

Sonriente, seguro de sí mismo, bien vestido y crecida la barba, el traficante aseguró que gastó 250 millones de pesos "en obras que el Gobierno promete, pero no cumple".

"Estoy muy triste porque no tengo comida y me tratan mal, muy mal. Creo que este director ha tomado las cosas muy personales contra mí", dijo.

"Hasta anoche me dieron ropa".

"Mi debilidad son las mujeres y el oro, soy bronco porque soy de un rancho", dijo, "vivo enamorado de todas, porque nací de una mujer".

"Me casaré otra vez, asegún me traten las mujeres. Si no me quiere una, ya me encontraré dos o tres que lo hagan, aunque ahorita no me quiero ni yo solo".

Mirando a todos de frente, arrellanado en un sillón, soportó la luz de los reflectores e invitó a jóvenes a no drogarse, porque eso "es un espejismo que no les conduce a nada".

"Saliendo de aquí, primero Dios", afirmó Caro, "me retiraré del negocio de la droga para entregarme en cuerpo y alma a mi agricultura y ganado".

Dijo no conocer "ni haber oído mentar siquiera" a Enrique Camarena, el agente asesinado de la DEA, ni a Alfredo Zavala Avelar, el piloto mexicano.

Hablando casi a gritos, con un acento norteño distintivo de los hombres del campo, Caro Quintero profería toda clase de insultos a los policías, y a las autoridades en general, cuando recordaba la forma en que había sido tratado.

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"Esos hijos de su chingada saben de tortura, a mí me quebraron los dos brazos cuando me agarraron.

"En Costa Rica me tuvieron tres días desnudo y con los ojos vendados lanzándome un gas helado a la cara", relató.

Aseguró que con un doctor a su lado, los policías de la Interpol y de la Procuraduría le aplicaron toda clase de golpes y revolvían el agua mineral con salsa picante para introducirla por boca y nariz al ser interrogado, mientras tres hombres lo sujetaban boca arriba.

"Uno se muere con esa tortura, pierde el conocimiento y es entonces cuando el médico lo reanima y dice a los policías: ya pueden seguirle", expresó.

Adentro de la prisión todos lo conocían como el Padrino.

Y no sólo era por su jerarquía dentro del mundo del narcotráfico, sino porque ayudaba a muchos de los presos a salir al pagarles sus fianzas.

"Desde que llegué he sacado como a 300, pagándoles las fianzas", expresó Caro Quintero en una entrevista de 1987.

"Precisamente hace poco saqué a un muchacho que ya tenía aquí un año por 15 mil pesos de fianza. ¿Usted cree?, no se darán cuenta estos pendejos, que les sale más cara la comida".

Hasta a sus ayudantes y custodios, decía, llegaban notas que internos necesitados le mandaban pidiéndole apoyo.

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