Quedó claro que las autoridades mexicanas no habían accedido a la demanda de la caravana de enviar docenas de autobuses para trasladar a sus alrededor de 4,000 integrantes a la capital del país

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JUCHITÁN, México – Miles de migrantes centroamericanos reanudaron el jueves su lenta marcha a través del sur de México luego de que las autoridades desoyeran su pedido de buses para llegar a la Ciudad de México. La caravana se dirige a la costa del Golfo, un camino más corto hacia la frontera con Texas.

El grupo inició la caminata a la madrugada tras tomarse un día de descanso en Juchitán, en el estado de Oaxaca, y se propone recorrer unos 65 kilómetros hasta Matías Romero en su ruta a Veracruz. 

El miércoles por la noche quedó claro que las autoridades mexicanas no habían accedido a la demanda de la caravana de enviar docenas de autobuses para trasladar a sus alrededor de 4.000 integrantes a la capital del país.

“Fracasaron los intentos de viajar en autobús”, reconoció Walter Cuello, coordinador de la caravana.

Darwin Villeda, de 25 años, esperaba que alguien le dé un aventón hasta Matías Romero. Se mostró animado tras haber descansado un día pero necesitaba hacer parte del trayecto en algún vehículo porque, explicó, tiene los pies ampollados.

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Villeda dijo a The Associated Press que se unió a la caravana para huir de la violencia. “Si no te metes a la pandilla te matan, ellos quieren que uno ande delinquiendo con ellos, sino te morís”, dijo.

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En Washington la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, elogió el miércoles a México por impedir que los migrantes consiguieran un transporte.

“México ha salido al frente de una manera sin precedentes”, comentó Sanders al canal Fox News. “Ha ayudado a impedir el acceso a muchos medios de transporte para estas personas de las caravanas, obligándolos a caminar. Nos han ayudado en nuevas formas para frenar esto, acabarlo y evitar que avance tan agresivamente hacia Estados Unidos”.

Pero el gobierno mexicano ha tenido una postura bastante contradictoria, lo que refleja un intento de mantener cierto equilibrio: las autoridades no quieren irritar al presidente estadounidense Donald Trump, pero los mexicanos han sufrido malos tratos cuando migran.

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Durante la primera semana de la caravana la policía federal mexicana implementó medidas de seguridad poco claras, como cuando obligó a los migrantes a bajarse de camiones por la normativa de seguros. También detuvo camionetas que trasladaban migrantes y los forzó a bajarse.

Pero en los últimos días los funcionarios de la agencia de protección de migrantes en México han organizado viajes en vehículos particulares para las mujeres y niños de la caravana como parte de labores humanitarias. Y la policía no ha tomado medidas cuando ha observado camiones repletos de migrantes.

Un segundo grupo de unos 1.000 migrantes que ingresaron a México el lunes está a unos 320 kilómetros más atrás, un tercer contingente de salvadoreños llegó a Guatemala y un cuarto con unos 700 integrantes partió de San Salvador el miércoles. En total, los cuatro grupos representan el flujo promedio de los migrantes que llegan a Estados Unidos.

Las caravanas se han registrado de forma regular en los últimos años y generalmente pasaban desapercibidas, pero Trump puso la atención sobre ellas para hacer de la seguridad fronteriza un tema clave a pocos días de las elecciones legislativas en Estados Unidos.

El Pentágono anunció que desplegará a 5.200 soldados en la frontera suroeste. Pero la ley federal restringe a los militares de participar en labores policiales en territorio estadounidense, por lo que su papel podría estar limitado a proporcionar apoyo aéreo para las misiones fronterizas, colocar barreras de concreto y dar mantenimiento a vehículos. Trump anunció el miércoles que ese destacamento podría llegar hasta los 15.000 soldados.

Johana Zapata, una madre soltera de 29 años, logró que una camioneta les diera un aventón a ella, sus tres niñas y cinco mujeres de su familia que la acompañan en la travesía. “Solo mujeres y niños”, gritaban los conductores mientras recogían a los migrantes en Juchitán.

“Yo confió en que Dios habla al corazón del presidente (Trump). Yo digo que al llegar a la frontera nos pongan a las mujeres y los niños primero, somos más pacíficas y no nos van a hacer nada”, dijo Zapata sobre el despliegue de militares estadounidenses.

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Llagas, deshidratación y fiebre son las dolencias más comunes de los migrantes en la caravana, cada vez más debilitada, que recorre estos días México EFE, La Voz

Desgastados tras recorrer cientos de kilómetros, muchos migrantes tiraron la toalla y regresaron a sus países o solicitaron protección en México.

El primer grupo se ha reducido significativamente desde los más de 7.000 migrantes que registró en su apogeo. Otra caravana que llegó a la frontera de Estados Unidos en San Diego hace unos meses estaba conformada por apenas 200 personas.

El secretario de Gobernación de México, Alfonso Navarrete Prida, dijo que unos 2.300 migrantes han solicitado quedarse en México al amparo de un plan del gobierno y que cientos más han aceptado la repatriación asistida.

El miércoles una mujer guatemalteca dio a luz a la primera bebé de la caravana en un hospital de Juchitán. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México dijo que organizó la atención médica para la madre, que estaba embarazada de 28 semanas, y que la niña goza de buena salud.

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