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CIUDAD DE MÉXICO – El presidente electo de México quiere acercar los ingresos generados por el turismo a zonas remotas y olvidadas del país, pero algunos se echan las manos a la cabeza ante su principal propuesta: construir un tren de 3.200 millones de dólares desde el balneario de Cancún a las ruinas mayas de Palenque, a 830 kilómetros (520 millas), a través de la Península del Yucatán.

La ruta está salpicada de selva baja, reservas de vida salvaje, sitios arqueológicos prehispánicos, humedales y ríos submarinos que podrían ceder sin previo aviso. La construcción podría demorarse años y absorber los escasos fondos para llegar lugares como las ruinas de Calakmul, que ahora recibe apenas 35.000 visitantes anuales, los mismos que llegan a sitios más populares como Chichen Itza en una semana.

Para quienes les gusta el plan de Andrés Manuel López Obrador, es más una cuestión de sacar a gente de la castigada ruta turística Cancún-Riviera Maya-Chichen Itza-Xcaret que atrae a millones de turistas cada año.

Según Vicente Ferreyra, cuya empresa Sustentur, con sede en Cancún, está especializada en turismo sostenible, hoy en día los visitantes prefieren proyectos turísticos que estén más en contacto con la naturaleza y muestran cada vez menos interés en la costa en detrimento de la jungla.

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Si este es el caso, imagine poder subir a un tren en el aeropuerto de Cancún y apearse dos horas más tarde en una de las comunidades al borde de la reserva natural de Sian Ka’an, al sur de Tulum, donde la costa se transforma en lagunas y manglares.

Localidades como Muyil ofrecen recorridos por canales de agua dulce cavados por los mayas, visitas a ruinas prehispánicas locales y a artesanos y una degustación de la gastronomía de la región.

Pocos dudan de que el primer tramo del proyecto ferroviario – desde Cancún a Tulum a través de la Riviera Maya – tendría mucho tránsito. Casi siete millones de turistas de todo el mundo visitan ese tramo de la costa cada año y la mayoría llegan al aeropuerto de Cancún y toman autobuses o se mueven en auto por la zona.

Aunque los complejos hoteleros se asentaron en el sur de Cancún en la década de 1990, la mayoría de los que trabajan allí siguen viviendo en Cancún, que se fundó en 1974. Por lo tanto, buena parte de esta mano de obra podría tomar el tren para acudir a su trabajo, un trayecto en el que ahora emplean una hora y media o más.

Pero no está claro si el tren tendría paradas en Playa del Carmen u otros concurridos balnearios, que sería el destino tanto de visitantes como de trabajadores. El plan inicial muestra que su única parada en Riviera Maya sería Tulum, y después seguiría hacia el sur.

Es este segundo tramo, entre Tulum y el pueblo maya de Felipe Carrillo Puerto, justo al suroeste de la reserva natural de Sian Ka’an, y hasta Bacalar – la capital estatal de Chetumal –, Calakmul y Palenque, el que plantea más dudas.

Algunos consideran que es una costosa locura. Hasta la laguna de Bacalar hay poca infraestructura turística desarrollada, y la ruta desde ahí hacia el oeste está prácticamente sin explotar.

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Para Francisco Madrid Flores, director del Departamento de Turismo y Gastronomía de la Universidad Anahuac de México, la mayor duda sobre ese tramo es la rentabilidad del proyecto en función de los flujos turísticos, dado que en la región hay pocas habitaciones de hotel.

Eso no quiere decir que las comunidades mayas de la zona no tengan más que ofrecer al visitante que lugares como Calakmul, una extensa ciudad-estado que está cubierta casi por completo por la jungla. Cinco comunidades locales ofrecen ya caminatas, paseos en bicicleta, observación de aves, visitas a cuevas, actividades en kayak y talleres de artesanía.

Históricamente, la parte sur del Yucatán, de mayoría maya, quedó fuera del auge turístico que enriqueció al noroeste, en torno a Cancún, una zona que ahora está habitada en gran medida por mexicanos no indígenas. Esto se debió en parte a la lógica de allí estaban las playas de arena blanca y aguas turquesa que buscan los turistas. En el sur también hay, pero solo en Costa Maya, una estrecha península entre Mahahual y Xcalak, una zona a la que aparentemente no llegaría el tren, aunque sí se puede acceder a bordo de un crucero.

No es la primera vez que se proponen ambiciosos proyectos ferroviarios, que luego quedan olvidados, para la región.

En 2012, el actual presidente, Enrique Peña Nieto, anunció la construcción un tren rápido para conectar Riviera Maya con la ciudad colonial de Mérida, pasando por las ruinas de Chichen Itza y la ciudad de Valladolid. El proyecto de 1.500 millones de dólares habría unido dos destinos turísticos ya desarrollados en una ruta muy transitada y conocida.

Se canceló en 2015 por falta de financiación, pero algunos siguen diciendo que tiene más sentido que el plan más ambicioso de López Obrador, que asumirá la presidencia el 1 de diciembre.

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