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Voluntarios no cesan de brindar su ayuda en las zonas donde hubo edificios derrumbados tras el sismo en la Ciudad de México. La Voz

Las clases están suspendidas y en la mayoría de las oficinas de las zonas colapsadas, no hay labores

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Luego de una larguísima noche, donde pocos en la Ciudad de México quisieron dormir, la luz del día fue abrupta, la cifra de muertos por el sismo alcanza ya 225, 92 de ellos en esta capital, y de estos, aún más doloroso, 21 son niños que se encontraban en una escuela.

Las clases están suspendidas y en la mayoría de las oficinas de las zonas colapsadas, no hay labores, hay que revisar minuciosamente los edificios, aún así, el tráfico es intenso, como intensa es la voluntad de miles y miles de ciudadanos por apoyar, por ayudar, con sus manos, con sus conocimientos de ingeniería, ¡con su comida!, calientita, recién hecha, para todo el que quiera, para quien esté ayudando o haya sido afectado, no hay restricción, las manos están tendidas y el corazón abierto para aminorar la pena, el cansancio.

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Doña María Luisa Bautista tiene 70 años, es una mujer humilde, que apenas puede mover sus rodillas; para caminar, se ayuda de una andadera, pero eso no la limita, desde muy temprano, casi de madrugada, preparó comida para los rescatistas y damnificados. Apenas salió el Sol, ayudada de su hijo Alfredo, subió al Metrobús en la estación Buenavista, para llegar a Lindavista, en donde un conjunto de departamentos colapsó y toda la noche, se trabajó removiendo escombros, tratando de rescatar gente atrapada.

Sentada en el deportivo Miguel Alemán, muy cerca de los edificios derrumbados, doña María Luisa ofrecía a todos que tomarán arroz y huevos para que pudieran continuar sus labores.

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"Ahora por ustedes, otro día por nosotros, me iba a ir a la Roma pero me queda lejos, y ya no puedo caminar y el Metrobús me trajo acá, lo único que quiero es ayudar, solo así podemos salir adelante, ayudándonos unos a otros. Para qué me quedo en mi casa viendo por televisión lo que pasó, mejor ayudo, mañana yo lo puedo necesitar", señaló.

En este centro deportivo, donde se instaló también un centro de acopio, doña María Luisa a decenas de voluntarios que organizan la ayuda que mucha gente comenzó a donar, apenas se enteraron que sus vecinos de Sierravista y Coquimbo estaban en desgracia, pues su casa se había derrumbado. Ahí, en esos edificios, aún mantienen la esperanza de que dos personas, de las seis que están atrapadas, estén vivas, ya que han mantenido contacto con su familia a través del celular.

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Una mujer voluntaria brinda comida a rescatistas en una de las zonas más dañadas en la Cd. de México. La Voz

El trabajo de alrededor de 400 personas, ha sido incansable, por ello, las señoras Verónica Suárez y Yolanda Dávila, acudieron también al lugar para brindarle comida a todos aquellos que han estado trabajando. 

"Escuché las noticias y quise venir a apoyar, es un momento en el que debemos estar unidos ante esta tragedia", señaló Suárez.

Las labores no cesarán hasta rescatar a quienes se encuentran aún en los escombros, por lo que la ayuda continúa llegando, aún se escuchan voces decir: “¿En qué puedo ayudar, qué necesitan, estoy aquí para lo que necesiten”?, unidas ante está tragedia. 

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