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Mientras que en México el 5 de mayo se conmemora con actos cívicos y protocolarios, en los Estados Unidos muchos celebran asistiendo a barras y restaurantes.

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CIUDAD DE MÉXICO-- La Batalla de Puebla tiene muchos lados que saborear, no sólo el que se tuvo que memorizar en la escuela hace años.

Vamos a ver qué opina de los detalles y opiniones sobre este memorable enfrentamiento militar contra los franceses ocurrido hace ya 154 años en un día como hoy, 5 de mayo, pero de 1862...

Hasta el día de hoy, sentimentalmente, es una de las más significativas batallas, dice Celso Garza Guajardo, presidente de la Asociación de Cronistas de Nuevo León.

"México tenía una historia sangrienta de guerras intestinas e invasiones extranjeras: la norteamericana, la guerra contra Texas; en los 50 había sufrido el enfrentamiento de Ayutla contra Santana; y la Guerra de Reforma, en 1860", afirma el historiador. Después viene el reclamo del pago de la deuda externa con España, Inglaterra y Francia.

"La República se encontraba en su periodo inicial, el país estaba devastado. México negocia con Inglaterra y España, pero Francia insiste en garantizar su pago quedándose. Su ejército estaba mejor armado, entonces, al darse el triunfo en esas condiciones fortalece la decisión de soberanía".

Inicialmente y por un acuerdo, las tropas francesas estaban en Veracruz, pero, argumentando que el clima era insoportable, fueron moviéndose hacia el Centro, con el propósito -claro- de llegar a la Ciudad de México.

El ejército francés era considerado invencible en todo el mundo, comenta el cronista local Julio César Méndez, y cita las palabras del general al mando de los invasores, Lorencez, quien escribió a su Ministro de Guerra en la víspera de la batalla:

"Tenemos ante los mexicanos tal superioridad de raza, de organización, de disciplina, de moral y de elevación de sentimientos, que ruego a Vuestra Excelencia decir al Emperador que ya, desde ahora, a la cabeza de sus seis mil soldados, soy dueño de México" ("La Intervención Extranjera de 1861-1897 en México", por A. B. Belinki, Academia de Ciencias de la URSS, 1966).

Aunque el Ejército Mexicano tenía 26 mil 345 hombres, oficialmente sólo 12 mil tenían instrucción militar de atacar.

El general al mando de los mexicanos era Ignacio Zaragoza, nació en Texas antes de que perteneciera a Estados Unidos. Zaragoza estudió en el Seminario en Monterrey y fue formado en la milicia en Lampazos por Santiago Vidaurri.

Usted dirá: "Claro, los mexicanos ganaron porque eran el doble o más". Sí pero...

"Traían mosquetones de 1829, de esos que les dicen en los ranchos 'carga de espérame tantito', yo tengo uno y lo he cargado", dice Méndez, "por la punta del cañón se le pone cierta medida de pólvora, se sacude, se le echa un taquete de ixtle y se empuja con una baqueta para que el explosivo se compacte; luego se le vacían perdigones (postas) y luego otro taquete para que se apriete más. Se inclina el mosquetón para que no se salga la pólvora, se levanta el gatillo de arriba y se le pone el fulminante, se apunta y se dispara". Y se repetía todo el proceso para el siguiente disparo.

El saldo: cayeron 482 franceses, entre muertos y prisioneros, y 230 mexicanos.

El triunfo fue muy simbólico porque esta batalla ganada fue sólo el inicio de un proceso que terminó cinco años después con algunas derrotas, pues en 1863 los franceses volvieron con 30 mil hombres, y entonces Juárez se vio obligado a dejar la Ciudad de México e itinerar por el norte del país.

La lucha en realidad terminó el 15 de mayo de 1867, cuando Maximiliano, Miramón y Mejía fueron fusilados.

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