SUBSCRIBE NOW

El seco delta del Río Colorado va cobrando vida de nuevo ¿Cómo se está logrando esto?

Ian James
La Voz

READ IN ENGLISH

En los años 1800s, el Río Colorado fluía con tanta agua que los barcos de vapor navegaban en sus amplios tramos serpenteantes cerca de la frontera entre Estados Unidos y México.

Ahora, lo que queda del río cruza la frontera y empuja su caudal contra las puertas de la presa Morelos. Casi toda el agua restante, al sur de la frontera, se desvía hacia el Canal Reforma que corre entre campos de algodón, trigo, heno y vegetales, en el Valle de Mexicali.

Río abajo de la presa, se encuentra una laguna rectangular que se asemeja a un estanque en un parque de la ciudad. Las golondrinas revolotean sobre el agua, se zambullen y rozan su superficie vidriosa. Desde allí, un arroyo estrecho del ancho de una vía de un solo carril continúa flanqueado por pastos altos y matorrales.

El Río Colorado (centro superior) desemboca en la presa de Morelos en la frontera entre Estados Unidos y México. El canal del río Colorado continúa al lado del muro fronterizo (centro derecha), mientras que el canal Reforma (abajo a la izquierda) lleva agua a ranchos y ciudades en el valle de Mexicali.

Alrededor de una docena de millas más al sur, el Río Colorado desaparece en el desierto. Al lado de campos de alfalfa y cebollas verdes, el lecho seco del río se extiende en una llanura polvorienta donde sólo sobreviven los arbustos grises del desierto.

Mientras observaba la gran llanura estéril durante una visita a principios de marzo, Jennifer Pitt, recogió una concha del suelo arenoso y la sostuvo en su mano. La almeja, que estaba intacta, era del tamaño de una moneda de 25 centavos, con un caparazón de marfil veteado de líneas marrones y violáceas. Las mitades todavía estaban unidas, pero al separarlas, revelaron un sedimento seco en su interior.

Pitt comentó que no estaba segura de cuánto tiempo hacía que la almeja pudiera haber estado viva, calculando tal vez que fuera durante las inundaciones en la década de 1980, o si no, durante la década de 1950, antes de que la construcción de la presa Glen Canyon obstruyera el flujo del río.

"Esa almeja se desarrolló en algún momento del pasado, cuando todavía corría el agua", dijo Pitt. "Es un recordatorio de lo que realmente era el Río Colorado".

Jennifer Pitt, directora del programa del Río Colorado para la Sociedad Nacional Audubon, se encuentra junto al canal del Río Colorado, justo al sur de la presa Morelos en México el 2 de marzo de 2020.

Jennifer Pitt es directora del programa del Río Colorado de la Sociedad Nacional Audubon (National Audubon Society). Ella visitó el delta del río acompañada de Gaby Caloca del grupo ambiental mexicano Pronatura Noroeste. Las dos copresiden un grupo de trabajo ambiental transfronterizo que incluye a funcionarios gubernamentales y expertos de ambos países, y están trabajando juntas en diferentes planes para restaurar los humedales en partes del delta del Río Colorado.

Estos esfuerzos para resucitar partes de los ecosistemas desecados del delta enfrentan grandes desafíos, incluidos fondos económicos limitados, escasez de suministro de agua y las condiciones más cálidas y secas provocadas por el cambio climático.

Pero en la última década, los grupos ecologistas han tenido éxito al recuperar áreas de vida en algunas partes aisladas del delta del río. En estas islas verdes, rodeadas por el desierto, el agua suministrada por canales y bombas está ayudando a nutrir los humedales y los bosques. Los árboles como álamos y sauces han estado creciendo rápidamente. Las aves han regresado y cantan entre las ramas.

El Instituto Sonora administra el área de restauración de Laguna Grande en el Delta del Río Colorado en México.

Pitt, Caloca y otros ambientalistas aseguran que descubrieron que aunque no hay suficiente agua disponible para restaurar un río que fluye desde la frontera hasta el mar, estos proyectos modestos para plantar árboles y crear humedales son prometedores. Incluso cantidades relativamente pequeñas de agua están ayudando a dar vida a algunas partes del delta.

Y durante los próximos años se prevé que fluya más agua a los sitios de restauración, en virtud de un acuerdo del año 2017 entre México y los Estados Unidos.

Caloca señaló los contrastes entre las áreas húmedas y las áreas secas, mientras conducía una camioneta Toyota por caminos flanqueados por tierras de cultivo.

Parando el vehículo en un puente al lado de la ciudad fronteriza de San Luis Río Colorado, el canal del río por debajo mostraba una franja de arena seca entrecruzada por las huellas de neumáticos. En un sitio de restauración a varias millas de distancia, los álamos que se plantaron a partir de 2014 ya se han convertido en un bosque.

“Sabemos que no vamos a lograr restaurar el delta como era antes, porque es imposible ya”, dijo Caloca. “Pero sabemos que con la restauración que hacemos, de plantar árboles, de hacer senderos, está funcionando aunque no tengamos agua corriendo allí todo el tiempo”.

El canal seco del río Colorado serpentea a través del valle de Mexicali.

"Cientos de lagunas verdes"

El Río Colorado comienza en lo alto de las Montañas Rocosas, donde el agua de las lluvias y de la nieve se derrite y se vierte en afluentes que atraviesan exuberantes valles. Desde sus cabeceras en Colorado y Wyoming, la cuenca del río se extiende por 246 mil millas cuadradas hasta la frontera mexicana.

En el transcurso de varias eras, el río esculpió el Gran Cañón y dispersó miles de millones de toneladas de sedimentos a través de su delta, que desemboca en el Mar de Cortés.

Hace más de un siglo, el delta se extendía a lo largo de 1.9 millones de acres (760,000 hectáreas) en un oasis acuoso de humedales, bosques ribereños y pantanos repletos de peces, pájaros, castores, venados, linces y jaguares.

Leopold, el naturalista, vio ese delta en 1922 cuando lo atravesó con su hermano. Describió su viaje en su libro de 1949, "A Sand County Almanac" (Almanaque del Condado Arenoso).

"En el mapa, el delta estaba atravesado por el río, pero en realidad, el río no estaba en una parte definida, porque no se podía decidir cuál de las cientos de lagunas verdes interconectadas ofrecía el camino más agradable y menos rápido hacia el Golfo. Así que él los recorrió todas, y nosotros también".

El delta le recordó a Leopoldo un versículo bíblico en el Salmo 23: "'Él me guía por aguas tranquilas', ésa era para nosotros sólo una frase en un libro hasta que echamos nuestra canoa a través de las verdes lagunas".

Los hombres remaron a través de aguas "de un profundo color esmeralda", cazaron codornices y aprendieron dónde cavar para encontrar agua dulce. Leopold describió enormes bandadas de cormoranes y garcetas, y al lado del canal del río había "una pared verde de mezquites y sauces".

Leopold nunca regresó al delta y no vivió para ver cómo sus amadas lagunas verdes se convertían en polvo.

Terrenos agrícolas cerca del área de restauración de la Colonia Miguel Alemán en Baja California, México.

En las décadas posteriores a la visita de Leopold, las aguas del Colorado fueron represadas, reorientadas y cambiaron sus rutas en canales con rumbo a tierras de cultivo y ciudades que iban desde Los Ángeles hasta Phoenix.

El río, que alguna vez tuvo poderosas inundaciones que estallaban a través de canales y formaron el Salton Sea en 1905, fue domesticado.

Y el delta se redujo a una sombra de lo que fue. Los canales trenzados que fueron formados por las inundaciones del río han quedado impresos en el delta cerca de la desembocadura del Golfo de California. Pero la orilla del estuario inferior, ahora necesitado de un río, ha sido esculpida durante años por las mareas entrantes y salientes, que han dejado grabadas en las arenas los patrones serpenteantes en forma de las ramas de un árbol.

Los patrones serpentinos contrastan con el agua a lo largo del canal de marea del estuario superior del Delta del Río Colorado en México.

Pitt comenzó a analizar formas de ayudar a los ecosistemas diezmados del delta en 1999, cuando comenzó a trabajar en temas relacionados con el Río Colorado para el Fondo de Defensa Ambiental. En ese momento, aseguró que los ambientalistas y los administradores del agua estaban hablando en diferentes longitudes de onda y el marco legal que gobernaba el uso del agua a lo largo del río era ampliamente percibido como demasiado inflexible para permitir cambios que remediaran la salud ecológica del delta.

Pitt dijo que al promover la idea de generar proyectos de restauración ambiental en México, "sentía que era como enfrentarse a molinos de viento", utilizando la expresión que hace referencia a la idea expresada en la obra 'Don Quijote de la Mancha' de Miguel de Cervantes de enfrentarse con enemigos imaginarios.

Pero a lo largo de los años, las conversaciones cambiaron gradualmente dentro de la red de administradores del agua y los impulsores de políticas entre los Estados Unidos y México que se centran en el Río Colorado.

Un acuerdo del 2012 entre las dos naciones preveía un experimento inusual: una inundación planificada para volver a humedecer el delta.

Isla Montague en la desembocadura del Río Colorado, donde el delta se encuentra con el Golfo de California en México.

Una inundación demuestra tener potencial

En la primavera del 2014, una oleada de agua se vertió a través de las compuertas de la presa Morelos en la frontera. Ese "flujo de pulso" de 105 mil acres-pies (129,000 metros cúbicos) de agua, creó una corriente que corría en áreas que habían estado secas desde las inundaciones de fines de la década de 1990.

Multitudes de visitantes entusiasmados se reunieron a lo largo del resucitado río. Metieron los pies en el agua y entraron en su caudal.

Algunos bailaron en los bancos de arena y bebieron cerveza. Otros arrojaron sus redes al agua y sacaron peces que aleteaban.

El canal de marea del Delta del Río Colorado se extiende cerca del Golfo de California en México.

Dos días después de que el agua comenzó a fluir, Pitt se unió a su colega Osvel Hinojosa Huerta en un viaje en una canoa para inspeccionar las marismas recién formadas cerca de la frontera. Estaba sorprendida y emocionada cuando, delante de su canoa, vio la cabeza oscura y la espalda de un castor. El roedor nadó delante de ellos el tiempo suficiente para que ella tomara un par de fotos, para luego desaparecer.

Se preguntó cómo ese castor había reaparecido en ese lugar tan rápidamente, en un río que había sido durante mucho tiempo un canal seco.

Pitt comentó que una de sus fotos favoritas durante las celebraciones de la gente capturó la imagen de un hombre mexicano que vestía una camisa, pantalones y zapatos de vestir, mientras se inclinaba y tocaba la superficie del agua con la mano abierta.

Isla Montague se encuentra en la desembocadura del río Colorado, donde el delta se encuentra con el Golfo de California en México.

Mientras el río seguía fluyendo, la ambientalista se metió en una balsa en el área de la presa en la ciudad de Los Algodones y se desplazó 24 millas río abajo hasta el puente en San Luis Río Colorado.

Cuando regresó el mes pasado y se paró en el mismo puente, Jennifer Pitt observó el lecho arenoso del río. "Durante el flujo de pulso", recordó, "esto iba de orilla a orilla".

En aquella primavera, la oleada de agua corrió a lo largo de los giros y las vueltas del delta durante ocho semanas, viajando a unos 160 kilómetros de la frontera y hasta llegar al mar. Luego que terminó el experimento, el agua se retiró del cauce.

Si bien, el breve retorno del río fue ampliamente elogiado como un logro de la cooperación transfronteriza, muchos ambientalistas reconocieron que no podían esperar que fluyera perpetuamente tanta agua.

Aun así, el flujo de pulso dio a los funcionarios mexicanos y estadounidenses una demostración visual del potencial de los esfuerzos de restauración, un ejemplo que los empujó a presupuestar el agua para el medio ambiente, mientras negociaban un nuevo acuerdo sobre el Río Colorado.

"Creo que tener ese río fluyendo despertó el interés de la gente", comentó Pitt. "Abrió la imaginación de las personas a esa idea. Les dio una visión del Río Colorado en este lugar, que ha motivado estos esfuerzos de restauración ”.

Cuando los representantes de los gobiernos firmaron el siguiente acuerdo en 2017, se despejó el camino para permitir flujos más pequeños pero sustanciales que buscan expandir varios sitios de restauración del hábitat.

El acuerdo, llamado Minuto 323, reconoció que el grupo de trabajo dirigido por representantes de ambos países había recomendado objetivos que incluían expandir las áreas del hábitat de 1,076 acres a 4,300 acres (435 hectáreas a 1,740 hectáreas), y reservar un promedio anual de 40 millones de dólares y 45 mil acres-pies (55 millones de metros cúbicos) de agua para la restauración ambiental en el delta.

Alberto Ruiz de Pronatura Noroeste habla sobre el sitio propuesto para la restauración de Janitzio en Baja California, México.

El acuerdo incluía promesas de aproximadamente la mitad de esa cantidad de agua, un total de 210 mil acres-pies hasta 2026, suficiente agua que si se derramara por Phoenix cubriría dos tercios de la ciudad a un pie de profundidad. Esta agua, con un promedio de 23,000 acres-pies por año, representa una pequeña fracción de los 1.5 millones de acres-pies a los que México tiene derecho cada año bajo un tratado de 1944, y una fracción aún menor de las asignaciones más grandes que California y Arizona toman río arriba.

México y Estados Unidos acordaron proporcionar un tercio del agua, mientras que una coalición de organizaciones ambientales sin fines de lucro se comprometió a asegurar el resto. Cada gobierno acordó contribuir con 3 millones de dólares para proyectos de restauración y 3 millones de dólares para trabajos de investigación y monitoreo.

Hasta ahora, los grupos ambientalistas han estado comprando agua en México a través de un fideicomiso y bombeándola desde canales agrícolas a tres áreas de restauración. Los dos gobiernos tienen previsto entregar más agua durante los próximos años, incluida el agua que los Estados Unidos planea obtener pagando proyectos de conservación en México. Cuando llegue la infusión, los humedales y los bosques recién plantados obtendrán una mayor cantidad de agua.

"Estamos aumentando", dijo Pitt desde el asiento trasero de la camioneta, mientras Caloca conducía a través de tierras de cultivo hacia uno de los sitios de restauración.

Un bosque surge en el desierto

La llanura de la inundación histórica del Río Colorado se extiende por gran parte del Valle de Mexicali. En el delta superior, cerca de la frontera con Arizona, al oeste del canal donde el flujo de pulso se distribuyó en 2014, una vieja serie de curvas del río forma una cicatriz en el desierto.

Aunque las aguas de la inundación no alcanzaron esta área cerca de la ciudad de la Colonia Miguel Alemán, el río crecido empapó el suelo y aumentó los niveles de agua subterránea. Ese mismo año, trabajadores cortaron matorrales invasivos de cedros de sal y comenzaron a plantar árboles nativos en el suelo seco.

Esos árboles jóvenes han florecido en un bosque de álamos y sauces. Algunos árboles ahora tienen unos 40 pies de altura.

Henry Alaniz riega plantas en el vivero en el área de restauración de la Colonia Miguel Alemán en Baja California, México.

Encabezando un recorrido por el sitio, Alberto Ruiz, de Pronatura Noroeste, mostró un vivero donde un trabajador con una manguera regaba cientos de pequeños árboles, incluyendo mesquites de miel, acacias y sauces.

El sitio cubre alrededor de 330 acres (130 hectáreas). Ruiz mencionó que una "brigada de restauración" de aproximadamente dos docenas de empleados ha estado regando árboles, trabajando en el sistema de riego y preparándose para plantar más.

Pasando por los rociadores, Ruiz se detuvo en una zanja donde brotaba agua de una tubería de plástico. Con orgullo señaló las hileras de altos álamos, mientras sus hojas susurraban con la brisa.

Hace seis años, dijo, no había nada aquí.

“En muy poco tiempo lo transformamos. Los árboles se desarrollaron muy bien”, dijo Ruiz. “No se requieren grandes volúmenes de agua para lograr todo esto”. 

Mientras caminaba hacia el bosque, el aire se enfriaba y las hojas secas crujían bajo sus pies.

Una red negra estaba colgada entre los árboles. Atrapados entre sus cordones, como moscas en una telaraña, había varias aves.

Un colibrí luchó contra la red, sus pequeñas alas atrapadas. Una curruca se retorció boca abajo, forzando el cuello y mirando a los visitantes con ojos negros y brillantes.

Una curruca de rabadilla amarilla está enredada para anillarse en el área de restauración de Colonia Miguel Alemán en Baja California, México.

Stefanny Villagomez, bióloga, retiró cuidadosamente las aves de las redes una por una y las metió en bolsas de tela blanca.

En su mesa de trabajo junto a un estanque, sostenía una curruca de Audubon y miraba atentamente sus plumas grises y amarillas. Un macho sano, aseguró. Con unas pinzas, sujetó una banda de metal alrededor de una pierna mientras los pies del pájaro se sacudían al aire.

Un colega escribió los detalles en una carpeta, y luego Villagomez levantó el pájaro y este se fue volando.

"Hemos estado observando que algunas de las aves pasan meses en el área", expuso Villagomez.

Los conteos de aves han mostrado que muchas más aves están llegando al bosque, a menudo deteniéndose durante sus migraciones. Al principio, los biólogos habían visto sólo 13 especies de aves, y ahora han contado hasta 110 especies.

Villagomez ha visto pinzones caseros que llevan trozos de vegetación para hacer un nido. También hay currucas de corona naranja, verdines, rascadores desérticos, copetones cenizo, mosquiteros azul grisáceo, colibríes de Anna, vireos de Cassin, calandria cejas naranjasy carpinteros de pechera común.

En toda América del Norte, los científicos han encontrado una disminución generalizada en las poblaciones de aves en los últimos 50 años. Pero en este parche del delta, las aves migratorias están encontrando un raro oasis.

“Necesitan descansar. Necesitan comer Y estos lugares están proporcionando ese espacio para ellos ”, aseguró Villagomez. "Estas áreas son realmente importantes".

Los cormoranes posan en las ramas sumergidas en el Delta del Río Colorado cerca del área de restauración de Laguna Grande en Baja California, México.

Ayudando a reconectar la naturaleza

Filas de altos álamos en el sitio de la restauración en Miguel Alemán forman una pared verde al lado del desierto. En los bordes exteriores del oasis, el agua gotea de las líneas de riego debajo de los pequeños retoños de mezquite.

El grupo de Caloca planea comenzar otro sitio de 345 acres (140 hectáreas), llamado Janitzio, ubicado justo aguas arriba a lo largo de una curva en forma de S en el canal del río. Planean crear un estanque y un pantano, y plantar sauces, álamos, mezquites y palo verdes.

Este tipo de bosques alguna vez fueron alimentados por aguas subterráneas poco profundas. Pero la ausencia de un río que fluya, agravado por el bombeo de los pozos cercanos, ha llevado a la disminución de los niveles de agua subterránea en esta parte del delta superior.

Donde la capa freática se encuentra demasiado profunda para que lleguen las raíces de los árboles, se necesita un flujo constante de agua de río desde los canales para regar los bosques en crecimiento.

Río abajo, el lecho seco del río serpentea por kilómetros a través de campos agrícolas.

Luego, en el delta central, el agua reaparece en estanques rodeados de bosques. Allí, la corriente de agua agrícola contribuye a niveles más altos de agua subterránea y ayuda a mantener los humedales.

En el área de restauración de Laguna Grande, los patos americanos se balancean en aguas abiertas rodeadas de carrizos. Junto a los humedales se alzan imponentes álamos que se plantaron hace casi una década.

"Me encanta el sonido, el viento en los árboles", expone Gabriela González, coordinadora de educación ambiental en el Instituto Sonoran con sede en Tucson, que administra el sitio.

Jennifer Pitt, directora del programa del Río Colorado de la Sociedad Nacional Audubon, toma fotos en el área de restauración de Laguna Grande el 2 de marzo de 2020, en Baja California, México.

Caminando por el bosque, asegura que este desierto de 700 acres (280 hectáreas) se ha convertido en un refugio para animales desde gatos monteses hasta castores. En el lugar señaló un muñón de un árbol que había sido cortado por un castor.

La forma en que la naturaleza se ha recuperado en este tramo del delta, dijo, demuestra cómo el trabajo cooperativo de los grupos ambientalistas puede dar sus frutos en áreas que antes se consideraban perdidas.

"Es posible restaurar los ecosistemas que han sido dañados por tantos años", expuso González. "Está haciendo que este corredor fluvial vuelva a estar vivo".

González y sus colegas regularmente dan la bienvenida a escolares y sus familias que visitan Laguna Grande los fines de semana. Los niños a menudo están emocionados, comenta, porque para muchos de ellos es la primera vez que caminan en un bosque o que ven huellas de animales en la arena.

Los mexicanos de mayor edad y que crecieron en el área tienden a responder de manera diferente. Para ellos, ver agua en el delta nuevamente puede abrir una ventana a un pasado que creían que había desaparecido para siempre.

"Recibimos a muchas personas que se emocionan mucho cuando ven este lugar porque les recuerda cómo solía ser cuando eran pequeños, y luego dejaron de ver el bosque o el río", asegura González.

"Para ellos es muy, muy personal", dice. "El río es lo que hizo crecer a estas comunidades, y están recuperando un poco de su identidad".

Una focha americana se alimenta en el área de restauración de Laguna Grande en el Delta del Río Colorado en México.

Volando sobre el delta

En el futuro, Pitt espera que más partes del delta se vean como Laguna Grande, una serie de humedales y bosques con aguas que fluyen al menos parte del año.

"La idea es recuperar la conectividad con el Río Colorado", asegura Pitt, al expandir la red de sitios de restauración por todo el delta.

Caloca está de acuerdo, asegurando que el objetivo a largo plazo es “ver todo el corredor del Río Colorado restaurado de una manera un poco más integral”. 

El Río Colorado fluye junto al muro fronterizo al sur de la presa Morelos en México.

El Río Colorado fluye junto al muro fronterizo hacia el sur de la presa Morelos, en México.

Para obtener una vista aérea de las áreas de restauración, los ambientalistas subieron a bordo de un avión Cessna en el aeropuerto de Mexicali y le pidieron al piloto que volara por el cauce del río.

Una tormenta el día anterior había desatado un aguacero, y Pitt comentó que partes del cauce del río parecían más húmedas de lo habitual. Pero al sur de la presa Morelos, el río volvió a desaparecer en las arenas del desierto.

Caloca señaló emocionada cuando las hileras de árboles aparecieron en la Colonia Miguel Alemán, al lado del canal seco.

Entonces el cauce del río siguió avanzando en una arteria polvorienta que pasaba por campos verdes.

En el delta central, surgió una exuberante vegetación. Las extensiones de agua azul brillaban al sol.

El canal de marea del estuario superior del Delta del Río Colorado cerca del Golfo de California en México.

El avión dio vueltas y se dirigió hacia el sur, rumbo al estuario.

Al acercarse a la orilla del Mar de Cortés, los brazos de agua salada de color aguamarina llegaron al estuario.

Montones de pájaros volaban sobre las marismas. Las planicies de marea se extendían en una vasta llanura enmarcada por montañas ocre.

"Cuando estás aquí, tienes una idea de la escala, de qué tan grande era el estuario del delta", explica Pitt. “Sientes la ausencia del río allá abajo".

Humedales y marismas de la Cienega de Santa Clara en la Reserva de la Biosfera del Delta del Río Colorado, Sonora, México.

Volviendo hacia el norte, el avión voló sobre un humedal llamado Ciénega de Santa Clara. Por lo general, sostenido por el drenaje de riego salado de las granjas de Arizona, el humedal había estado sin agua durante cuatro meses mientras que un drenaje de derivación fue reparado.

Con el agua ahora fluyendo hacia el humedal nuevamente, las piscinas poco profundas brillaban en la vegetación seca y marrón.

Después del vuelo, Caloca dijo que ella también se sentía impresionada por la inmensidad del estuario por donde antes fluía el río.

Los patrones formados por las mareas están grabados en el Delta del Río Colorado en México.

“Ves que sí hemos perdido una gran parte del hábitat”, dice. Pero Caloca también se sintió alentada y optimista sobre la rapidez con la que han crecido las áreas de restauración. “Es un esfuerzo que creo que está valiendo la pena y que sí se ven los cambios”, dijo Caloca. “Hace pensar que sí es posible la restauración”.

Las tres organizaciones sin fines de lucro que administran las áreas de hábitat se encuentran entre los seis grupos ambientalistas mexicanos y estadounidenses que participan en Raise the River, una asociación que promueve los esfuerzos para restaurar el delta.

Durante el último mes, el brote de coronavirus ha afectado el trabajo en las áreas de restauración. Los gerentes de Pronatura Noroeste han reducido su operación y están haciendo que cinco empleados se turnen para regar los árboles. La mayoría de los empleados se quedan en casa, y los conteos de las aves han sido suspendidos durante esta primavera.

Las semillas de mezquite se cosechan en el área de restauración de Colonia Miguel Alemán en Baja California, México.

A largo plazo, la escasez de agua en la cuenca del Río Colorado puede plantear desafíos para el trabajo de los ambientalistas en el delta.

El marco legal que divide el río entre siete estados y México se estableció durante tiempos mucho más húmedos, hace casi un siglo, comenzando con el Pacto del Río Colorado de 1922. Eso y los acuerdos posteriores han asignado más agua de la que el río puede proveer en un año promedio, lo que lleva a un uso excesivo crónico y la caída de los embalses.

Dos décadas de años mayormente secos han cobrado su precio, y el cambio climático se está sumando a las tensiones. Los científicos han descubierto que las temperaturas más altas ya están minando el río, y que el Colorado podría perder aproximadamente un cuarto de su flujo para el 2050, a medida que las temperaturas continúen subiendo.

Los humedales y marismas de la Cienega de Santa Clara son parte de la Reserva de la Biosfera del Delta del Río Colorado en Sonora, México.

Los tres estados que dependen del agua del Lago Mead (Arizona, Nevada y California) firmaron un acuerdo el año pasado destinado a evitar que el embalse caiga a niveles críticos. Bajo el acuerdo, Arizona y Nevada están tomando menos agua este año, y México está contribuyendo bajo un acuerdo separado, al dejar algo de agua en el Lago Mead.

Pitt comenta que el diálogo cooperativo entre Estados Unidos y México sobre el río durante la última década contrasta fuertemente con la situación de hace años, cuando las dos partes no tenían mucha o ninguna conversación diplomática "ya que esta violencia se perpetró en el ecosistema" y el delta se dejó seco.

"El destino del delta siempre dependerá de la cooperación entre Estados Unidos y México", afirmó Pitt.

A la larga, comentó, reconectar con éxito los hábitats a lo largo del río requerirá mantener y construir esas conexiones entre los encargados de formular políticas en ambos lados de la frontera, y hacer que sea prioritario traer de vuelta algunas de las lagunas verdes del delta.

Un canal de marea serpentea a través del estuario del Delta del Río Colorado en México.

Contacte al reportero Ian James en ian.james@arizonarepublic.com. Sígalo en Twitter: @ByIanJames

Traducción: Alfredo García