Se esperan dos meses de intensas campañas en las que se pondrá a prueba hasta qué punto los demócratas pueden plantear una oposición efectiva

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WASHINGTON – El control del Congreso y el futuro de la presidencia de Donald Trump están en juego al completarse esta semana las primarias, dando paso a dos meses de intensas campañas en las que se pondrá a prueba hasta qué punto los demócratas pueden plantear una oposición efectiva y la capacidad de Trump de movilizar a las bases republicanas.

Hay mucho en juego para los dos partidos.

Tras la apabullante derrota del 2016, los demócratas derrochan confianza sobre sus perspectivas de recuperar el control al menos de la Cámara de Representantes, que despejaría el camino para que inicien una serie de investigaciones sobre Trump e incluso pongan en marcha un proceso para destituirlo. El resultado de la votación, en la que hay una cantidad sin precedentes de candidatas mujeres y de minorías, ayudará a marcar el derrotero a seguir con miras a las elecciones presidenciales del 2020.

Los republicanos, por su parte, han observado alarmados cómo los habitantes de los suburbios, sobre todo las mujeres, les dan la espalda más que nada por su desdén hacia Trump. Ello podría costarles varias bancas legislativas importantes. Sus líderes, no obstante, confían en retener el control del Senado, lo que los ayudaría a contrarrestar las investigaciones sobre Trump que impulsarían los demócratas.

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La historia no favorece a Trump. El partido oficialista generalmente sufre grandes pérdidas en las elecciones de mitad de término después de la llegada de un nuevo presidente.

A pesar de la solidez de la economía, los índices de aprobación del presidente son bajos y la Casa Blanca está en el centro de numerosas controversias, incluida la investigación el fiscal especial Robert Mueller sobre la interferencia rusa en las últimas elecciones y una posible obstrucción de la justicia por parte de Trump.

A pesar del viento en contra, Trump reboza confianza. Se ha involucrado en la campaña y cree que es capaz de movilizar el voto de sus más ardientes partidarios y de contrarrestar el entusiasmo que transmiten los demócratas. Sus colaboradores dicen que planea asistir a numerosos actos proselitistas en estados reñidos.

“El gran interrogante es si el presidente puede movilizar a su base y genera el mismo fervor” que se percibe entre los demócratas, manifestó Josh Holmes, asesor del líder del bloque republicano en el Senado Mitch McConnell. “Porque el centro no votará por los republicanos”.

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Efectivamente, el turbulento verano de Trump parece haber alienado a muchos moderados e independientes, según admiten los propios republicanos. Una encuesta interna conseguida por la Associated Press reveló que los índices de aprobación de Trump entre los independientes en distritos legislativos reñidos bajaron un 10% entre junio y agosto.

Un dirigente republicano involucrado en la consulta atribuyó esa caída a la desaprobación del desempeño de Trump en su encuentro con Vladimir Putin y a la política de separar familias de inmigrantes sin permiso de residencia en la frontera con México. El funcionario no estaba autorizado a hablar en público de estos temas y por ello pidió no ser identificado.

Esta impopularidad de Trump compromete las bancas de varios legisladores republicanos.

Los demócratas necesitan conquistar 23 bancas para tomar el control de la cámara baja. Expertos de ambos partidos estiman que hay unas 40 bancas en juego en noviembre, descontadas aquellas en las que no hay contiendas competitivas.

Corry Bliss, quien dirige un “súper PAC” (comité de acción política que recauda fondos para una causa) que responde al líder del bloque republicano en la Cámara de Representantes Paul Ryan, admite que ese partido enfrente un “panorama difícil” que podría costar numerosas bancas.

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Varios legisladores demócratas ya experimentaron en carne propia lo duro que será conservar sus bancas, incluido el representante Joe Crowley, influyente figura en el Congreso, que perdió con la novata Alexandria Ocasio-Cortez, de 28 años, en las primarias. Esta mujer de origen puertorriqueño es una de varios candidatos jóvenes, de minorías, que doblegaron a figuras con mucha más trayectoria, en un reflejo del deseo de muchos demócratas de impulsar un cambio generacional.

Como consecuencia de ello, hay más candidatas mujeres y de minorías que nunca entre los demócratas, incluida Ayanna Pressley, quien venció a Michael Capuano, un político que buscaba su 11mo mandato en la cámara baja en representación de Massachusetts, y que no tendrá oposición en noviembre.

La participación de los demócratas en elecciones especiales ha sido bastante alta.

“Tenemos un fuerte viento a favor”, afirmó Tom Pérez, presidente del Comité Nacional Demócrata.

En medio de tanto optimismo, los demócratas admiten que es poco probable que se alcen con el control del Senado, ya que las contiendas más competitivas son en estados que ganó Trump.

Además, sienten que la banca de Dakota del Norte en poder de Heidi Heitkamp es muy vulnerable. Trump ganó ese estado por 36 puntos en el 2016. Y senadores demócratas enfrentan contiendas reñidas en Missouri, Indiana y Montana.

Los demócratas, no obstante, no pierden la esperanza de que la ola de entusiasmo en sus filas y el malestar con Trump les permitan ganar terreno en territorios tradicionalmente republicanos, como Tennessee y Texas, donde el representante Beto O’Rourke le está dando a Ted Cruz una batalla mucho más intensa que la anticipada.

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