Se debaten sobre cómo pagar su colegiatura universitaria después de que los jóvenes DACA perdiesen la posibilidad de pagar tarifas como residentes

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TUCSON, Arizona -- Los "soñadores" de Arizona que todavía no concluyeron su educación superior se debaten sobre cómo pagar su colegiatura universitaria después de que los jóvenes amparados bajo la Acción Diferida (DACA) perdiesen la posibilidad de pagar tarifas como residentes del estado.

Una de las afectadas es Yesica Pacheco, quien ama las matemáticas y sueña con enseñar álgebra en una escuela secundaria. Pero la joven enfrenta ahora quizás el mayor obstáculo de su vida, la falta de recursos económicos para pagar su colegiatura universitaria.

"Tengo mucho miedo de no poder seguir estudiando, estoy trabajando y tratando de ahorrar para poder pagar, pero ahora será tres veces más caro", lamenta Pacheco a Efe.

En abril pasado, los jueces de la Suprema Corte de Arizona les dieron un duro golpe a los aproximadamente 2.300 "soñadores" del estado que asisten a universidades y colegios comunitarios al determinar que no son elegibles para pagar matrículas reducidas, algo que venían haciendo desde que el expresidente Barack Obama lanzó DACA en 2012.

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En 2006, los votantes de Arizona aprobaron la ley estatal 300, que niega a los estudiantes que no tengan un estatus legal en el país la posibilidad de pagar colegiaturas como residentes del estado, pero en 2012 las universidades y colegios públicos del estado aprobaron otorgar colegiaturas de residentes a los "soñadores" amparados bajo DACA.

 

Pero el Gobierno estatal interpuso una demanda contra esta decisión argumentado que se estaba violando la ley estatal 300, y finalmente la Suprema Corte estatal falló a su favor.

Por este motivo, a partir del próximo semestre que comienza en agosto, los jóvenes con DACA tendrán que pagar colegiaturas como estudiantes de fuera del estado, que pueden ser hasta tres veces más altas, aproximadamente 15.000 dólares anuales en una universidad estatal y 8.000 dólares en un colegio comunitario.

"Es difícil, quizás solo comenzaré tomando una clase, lo importante es seguir avanzando y demostrar que tenemos ganas de superarnos", dice la joven ante la imposibilidad de recibir ayuda financiera estatal o federal.

Esta originaria de Oaxaca de 22 años de edad explica que su padre quiere ayudarla a pagar la colegiatura, posibilidad que ella rechaza.

"Él trabaja en jardinería bajo 100 grados Fahrenheit para mantener a mis hermanos. Me rompe el corazón pensar que quiere trabajar aún más para ayudarme a mí", dice Pacheco, quien estudia en Arizona desde preescolar y se gana un dinero vendiendo manualidades que ella misma elabora y, si "sale una oportunidad", limpia casas.

Otros jóvenes como Pacheco se encuentran en su misma situación y consideran estos días todas sus opciones, entre ellas dejar de estudiar por un tiempo mientras ahorran dinero o mudarse a estados como Nuevo México o California.

La decisión de la Corte Suprema de Arizona contrasta con la aprobación semanas después en Nueva Jersey de una ley que permite a los estudiantes indocumentados solicitar ayuda financiera del estado para sus estudios universitarios.

Nueva Jersey se convirtió así en el décimo estado en aprobar una legislación similar, siguiendo los pasos de California, Washington, Oregón, Texas, Oklahoma, Minesota, Nuevo México, Hawai y Connecticut.

Daniela Benítez es una de esas jóvenes de Arizona que se lamenta de su mala suerte y analiza qué hacer. Ella estuvo a punto de dejar sus estudios después de terminar la escuela secundaria en 2017, pues quiso registrarse antes en DACA para poder pagar menos.

"No sirvió de nada esperar. Ahora pagaré más y mi familia me ha dicho que espere para ver si pasa algo a nivel federal que nos ayude, pero no quiero seguir esperando para seguir mis estudios", asegura Benítez a Efe.

Por eso, esta "soñadora" que llegó a Estados Unidos cuando tenía diez meses de edad dice estar dispuesta a pagar y hacer los sacrificios necesarios para continuar su educación, aunque eso sí, no como estudiante de tiempo completo, que no podría costearse, sino poco a poco.

Además de trabajar y ayudar a su familia económicamente, Benítez trabaja con una organización local que impulsa el voto latino.

"A veces te sientes muy desanimado, sientes que no tiene caso seguir en la escuela, pero al final lo más importante es tu educación y sobre todo darle el ejemplo a mis hermanos de que no hay ningún obstáculo que nos pueda detener", dice la mexicana.

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