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Flagstaff está experimentando la llegada de numerosos visitantes de Phoenix; pero en tiempos de pandemia esto puede ser riesgoso

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Miranda Sweet implementó todas las recomendaciones que hicieron los Servicios Humanos y de Salud del Condado Coconino, así como de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, al reabrir su negocio de Rainbow's End, una boutique para mujeres que ha tenido durante 22 años en el centro de Flagstaff.

Ella limitó el número de visitantes que entraban en su tienda. La empresaria desinfectaba cada hora. Incluso compró cientos de cubrebocas y exigió a los clientes que las usaran antes de que Flagstaff comenzará a requerir las mascarillas faciales.

Con todo ese trabajo para mantener seguros a los empleados y visitantes, asegura que fue impactada la primera vez que un cliente las rechazó. Desde entonces, esa hostilidad absoluta se ha repetido, a menudo proveniente de turistas que recibe afectuosamente en su ciudad, a la que llamó "decepcionante".

"Solo estoy tratando de hacer lo mejor para mi comunidad", comentó.

La alcaldesa de Flagstaff, Coral Evans, dijo que escuchó sobre incidentes en los que los visitantes no respetaron el mandato de la ciudad de usar una mascarilla, que entró en vigencia el pasado 20 de junio, y se lo llevó al dueño del negocio.

"Parte de ser un buen viajero es honrar los espacios que visitas y los lugares que visitas", afirmó Evans.

Con el Servicio Meteorológico Nacional emitiendo una advertencia de calor excesivo para Phoenix desde la semana pasada y temperaturas que alcanzaron los 114 grados el domingo, Flagstaff está experimentando la llegada numerosa de los visitantes veraniegos del Valle.

Este año se produce la oleada de visitantes cuando el Condado Maricopa es un punto caliente por una segunda razón: la pandemia mundial del COVID-19. Hasta el 13 de julio, el Condado Maricopa tenía 80,780 casos positivos y 1,101 muertes, en comparación con 2,363 casos y 98 muertes en el Condado Coconino.

Ajustado por población, Coconino tenía 1,681 por cada 100,000 habitantes, en comparación con 1,859 en el Condado Maricopa.

El alcalde y los dueños de negocios de Flagstaff no les piden a las personas que se mantengan alejadas entre sí, pero les recuerdan a todos que respeten el distanciamiento social y los requisitos del cubre bocas.

"Todavía estamos viviendo en esta nueva norma de una pandemia global y todos debemos ser conscientes de eso", dijo Evans.

Balanceando los ingresos de salud y turismo

Con un montón de áreas al aire libre con distanciamiento social y altas temperaturas en promedio en los 80 o superiores, Flagstaff es un idílico escape de fin de semana. Evans puede determinar la temperatura en Phoenix en función de la cantidad de tráfico que ve en su ciudad.

"Tan pronto como alcanza los 100 grados en Phoenix, puedes ver un cambio. Y cuando alcanza los 110 grados es muy notable el incremento", comenta.

Pero, como gran parte de Arizona, Flagstaff está equilibrando su gratitud por el dinero que los turistas gastan contra la amenaza a la salud pública. La gente gastó 24.4 mil millones de dólares en viajes en Arizona en 2018.

Evans expuso que el personal de la ciudad está trabajando en soluciones para ayudar a las empresas a permanecer abiertas de manera segura y atender a los visitantes de verano, como el permitir más espacio en la acera para comer al aire libre.

"Creo que es un desafío que tenemos claro en todo Arizona", señaló Evans.

Empresas frustradas por la orientación estatal

John Conley, propietario de los restaurantes Fat Olives y Salsa Brava en Flagstaff, cree que parte de la hostilidad se debe a la falta de una guía clara del estado.

Flagstaff ha instituido un requisito de cubre bocas. Pero sin un mandato estatal general para usar una máscara, otras ciudades tienen reglas diferentes.

No hay orden de quedarse en casa ni otras restricciones de viaje, incluso cuando el gobernador Doug Ducey insta a los residentes de Arizona a quedarse en casa.

"Cualquier excusa que pueda encontrar para quedarse en casa beneficiará al estado de Arizona, nos ayudará a navegar por este problema", dijo Ducey durante una conferencia de prensa.

Conley criticó a Ducey por no proporcionar un liderazgo claro, lo que dijo que resultó en una implementación inconsistente de las pautas sugeridas y en algunos restaurantes que no requieren mascarillas o limitan la capacidad en sus instalaciones.

"Entonces tuvimos aquellos negociantes que dijeron 'Hey, estamos al 30 por ciento, sin cubre bocas, sin servicio'", dijo Conley.

Aseguró que los clientes le han cuestionado y luego se han ido a otro restaurante.

El 24 de junio, un empleado de Fat Olives dio positivo por COVID-19 y Conley cerró el restaurante. Pagó por las pruebas rápidas de todos sus empleados y sacrificó miles de dólares en el inventario.

Después del alivio de saber que el resto de su personal dio negativo, decidió que no valía la pena poner en peligro la salud de los empleados o los trabajadores de la salud que podrían necesitar tratarlos. Cerró Salsa Brava el 27 de junio. Ambos restaurantes están cerrados incluso para llevar.

"La gente puede vivir sin su pizza y sin sus burritos", expuso Conley.

Ciudades más pequeñas, sistemas de salud más pequeños

Los viajes son una preocupación para el epidemiólogo de salud y servicios humanos del condado de Coconino, Matthew Maurer.

"Existe la posibilidad de propagar este virus a otras comunidades y luego también contraer el virus mientras estás guardado. Te estás quedando en hoteles. Tienes que comer fuera. Estos son todos los principales lugares de transmisión", señaló Maurer.

Dijo que las camas de la UCI en Flagstaff Medical Center, que sirve no solo a Flagstaff sino a la mayor parte del norte de Arizona, se usaban mucho, a veces con capacidad limitada o nula.

"Es algo por lo que nuestros hospitales y personal médico están muy preocupados: las personas que viajan aquí e inundan el sistema", dijo Maurer.

La semana pasada, Miranda Sweet descubrió que tiene el nuevo coronavirus.

Con todas las precauciones que puso en práctica en Rainbow's End y sin experimentar síntomas, no tenía motivos para sospechar que tenía el virus. Ella sólo tomó una prueba porque había traído a su hijo, que trabajaba en un restaurante con un brote, para hacerse la prueba y decidió hacerlo como medida de precaución.

Cuando recibió sus resultados por teléfono, quedó atónita.

"Probablemente fue una de las conversaciones más impactantes y aterradoras que he tenido porque no tenía idea de qué esperar", recordó.

Ahora está en cuarentena y todavía asintomática. El resto de su familia está esperando los resultados de las pruebas, que les dijeron que tomarían entre 10 y 14 días.

Ella cerró Rainbow's End e instó a sus empleados a hacerse la prueba. En aras de la transparencia y la salud de la comunidad, reveló su diagnóstico en la página de Facebook de su empresa para que otros pudieran hacerse la prueba.

Sweet ha estado consultando con los Servicios Humanos y de Salud del Condado de Coconino sobre cómo puede reabrir. Publicó en Facebook que está desinfectando su tienda, planea limitar la cantidad de clientes a dos o tres y está tomando pedidos de compras personales.

"Se está haciendo evidente solo porque somos este lindo pueblo de la montaña, pero no significa que somos inmunes a este virus", finalizó Sweet.

Traducción Alfredo García

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