Un basurero tóxico prolifera en la frontera

Montones de autos chatarra, basura y desechos industriales, dejan un peligroso legado en Mexicali y sus alrededores, lo que representa una grave amenaza para la salud.

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En las afueras de Mexicali, donde pasta el ganado y los tractores se desplazan por las tierras de cultivo, un edificio cubierto de hollín expulsa nubes de humo.

Los retorcidos trozos de metal y los esqueletos aplastados de autos viejos se apilan al lado de la enorme planta, donde la maquinaria zumba con fuerza y se ve acentuada por los sonidos estridentes de metal golpeando contra el metal.

Fuera de los muros de la planta y a través de un estrecho camino de tierra, Blanca Ramírez vive en la misma granja donde creció. Ella recuerda cuando era niña, antes de que se construyera la fábrica de acero, el terreno al otro lado de la carretera era un campo de alfalfa y el aire estaba limpio.

Ahora sale humo de la construcción a todas horas, flotando sobre una hilera de casas y por todos los campos.

“Ha ido subiendo la contaminación paulatinamente, porque anteriormente no se miraba tanto como ahora”, recordó Ramírez, parada en el camino al lado de la planta. “Es tremendo”.

La siderúrgica Grupo Simec es una enorme planta de reciclaje. Devora restos de metal y el chasis de los autos viejos, que llegan en camiones desde los depósitos de chatarra, donde han sido desmantelados. El metal entra sucio, cubierto de pintura y óxido, y se funde junto con el mineral de hierro y trozos de carbón, y luego emerge limpio como piezas de acero para la construcción, apiladas en paquetes en los remolques.

El proceso de fundición separa las impurezas del hierro fundido y deja residuos: montones de escoria negra grisácea, que en otros lugares se ha encontrado que contienen calcio, silicio, hierro, cromo, manganeso, plomo y otros metales y contaminantes.

Parte de los residuos se apilan dentro de los muros del complejo, como colinas onduladas. Otros montículos de desecho se han arrojado fuera de las paredes, en el lado opuesto de la planta, donde está la casa de Ramírez, formando un montón aplanado junto a una zanja llena de basura y un campo seco, donde no hay cultivos.

Mexicali y las áreas circundantes a lo largo de la frontera se han convertido en un vertedero para todo tipo de basura, desde electrodomésticos viejos, hasta desechos electrónicos y neumáticos usados, algunos de los cuales provienen de Estados Unidos. Algunos tipos de basura ahí pueden generar algo de dinero. Los carros viejos pueden ser desmantelados por piezas reutilizables. El hierro y el cobre usado se pueden revender o fundir para crear nuevo material. Y una gran cantidad de empresas, tanto grandes como pequeñas, legales e ilegales, se centran en recibir artículos desechados y reciclar cualquier cosa de valor.

Pero el problema con los negocios de reciclaje de Mexicali no es lo que se recicla. Son las cosas que se elevan al aire y los residuos sobrantes que se desechan en el proceso.

En todo Mexicali, los lotes baldíos están llenos de basura, desde basura doméstica hasta pedazos de computadoras viejas. En los patios traseros, los recicladores sin licencia recogen montones de plástico y cartón. A lo largo de las calles de la ciudad, ardientes pilas de neumáticos y cables eléctricos envían columnas de humo negro ondeando al aire.

En los depósitos de chatarra, también conocidos como yonkes, los autos viejos se alinean fila tras fila, calentándose en el sol y goteando aceite en el suelo. Los autos son desmantelados para obtener sus partes y los restos inservibles se transportan en camiones a la fábrica de acero, al sureste de la ciudad, donde se desechan junto con restos de metal, como electrodomésticos viejos, cables de hierro oxidados y una mezcla de barandas, puertas, bastidores y barriles, entre otras cosas. Sobre un montón de chatarra que se alzaba por encima de los muros de la planta, se veía un triciclo rosado con neumáticos sobresaliendo en la maraña de metal.

En otras partes de Mexicali, donde han proliferado las maquiladoras que fabrican productos para la exportación, han surgido muchos vertederos, depósitos de chatarra y empresas de reciclaje para recibir restos de materiales tanto de México como de Estados Unidos. Si bien algunas de las empresas tienen licencias y dicen que cumplen con las normas ambientales, muchas otras operan ilegalmente.

El máximo funcionario ambiental del estado de Baja California ha reconocido que a pesar de los esfuerzos para cerrar vertederos ilegales, muchos permanecen operando y el problema sigue ampliamente fuera de control.

'Nada de eso queda'

Cuando Blanca Ramírez estaba creciendo allí, su padre cultivaba algodón, alfalfa y trigo. Ella y sus cinco hermanas y dos hermanos ayudaban a cosechar el algodón. Se bañaban en los canales y paseaban por los campos.

En la década de 1970, no tenían electricidad ni aire acondicionado. En las calurosas noches de verano, subían una escalera hasta el techo y dormían a la intemperie bajo las estrellas.

Mirando a las fotos de la familia, Ramírez encontró una que mostraba a una de sus hermanas con un vestido rojo posando en un campo verde y otra de su familia de pie, en un camino de tierra.

Ramírez no está segura de lo que hay en el humo de la basura incinerada o de cómo podría estar afectando la salud de las personas. Pero a ella le preocupa que sea perjudicial.

“Sin contaminación, el aire se mira bien, el cielo claro, y ahorita pues ya no queda nada de eso”, mencionó. “Estaba muy bonito. Y todo cambió”.

Watch: A steel mill fouls the air in the Mexicali Valley
Blanca Ramirez holds onto farm despite deadly pollution. Cities on the U.S.-Mexico border suffer in a toxic haze. The pollution is making people sick and cutting lives short, yet polluters face little enforcement.
Zoe Meyers, Palm Springs Desert Sun

A principios de la década de 1990, un vecino vendió sus tierras de cultivo y la fábrica de acero se construyó allí.

La planta comenzó a operar en 1993. Inicialmente fue nombrada Compañía Siderúrgica de California, y sus muros tienen las iniciales gigantescas CSC.

Ramírez recordó que su padre, Federico, pronto comenzó a notar que el hollín estaba dañando sus cultivos y dejando parches de vegetación amarillenta.

“Se miró eso de que a las plantas no las dejaba crecer, porque era pesado el polvito que les caía de ahí”, explicó. “La plantita le es difícil desarrollarse y pues no se desarrolla. Se muere”.

Cuando su padre se quejó del daño a su trigo, la planta le pagó por sus pérdidas. Ramírez no sabe exactamente cuánto, pero fue una pequeña suma y la única vez que recibieron dinero de la compañía.

La madre de Ramírez, de 80 años de edad, Raquel Hernández Rodríguez, evocó que después de las quejas de su esposo, la compañía envió a un hombre que colocó un monitor de aire en su patio. Al día siguiente volvió a recogerlo. Ella lo recordó diciendo: "Está limpio, señora".

No volvieron a escuchar nada de la compañía. No estaban satisfechos con la respuesta, pero no vieron nada más que pudieran hacer.

Hace varios años, el padre de Ramírez murió de cáncer de próstata. Dos de sus tías también murieron de cáncer.

Ramírez no está seguro de lo que hay en el humo de la basura incinerada o de cómo podría estar afectando la salud de las personas. Pero a ella le preocupa que sea perjudicial.

Mientras tanto, el negocio del Grupo Simec ha ido creciendo.

La compañía es una filial de la corporación de acero con sede en México, Industrias CH, dirigida por su presidente Rufino Vigil González, un multimillonario mexicano. Grupo Simec dice en su sitio de internet que tiene 19 plantas para la producción y procesamiento del acero, incluidas 11 en México, siete en los Estados Unidos y una en Canadá.

Un representante de Grupo Simec no respondió a una solicitud de entrevista, pero escribió en un correo electrónico que la información oficial sobre la empresa que se cotiza en la bolsa de valores, está disponible en internet.

El "mini-molino" de Mexicali es abastecido por tres plantas de procesamiento de chatarra, dice la compañía en su página de internet, y produce barrillas de refuerzo, así como otras formas de acero que incluyen "ángulos, redondos, cuadrados, y barras planas".

En los Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental dice que las emisiones de las pequeñas acereras suelen incluir polvos metálicos, compuestos de hierro, zinc, cromo, níquel, plomo, cadmio y otros metales, así como gases que contienen dióxido de carbono y óxidos de nitrógeno. La agencia dice que las emisiones de los hornos de las plantas en los Estados Unidos generalmente se capturan y se envían a grandes contenedores bolsas que las filtran para controlar los niveles de contaminación de las partículas.

Grupo Simec comunica que "ha asumido un compromiso continuo con la protección del medio ambiente y todos los años realizamos importantes inversiones para mantener todos los equipos en operación en nuestras plantas de producción y en buen estado de funcionamiento". La compañía afirma que todas sus plantas cumplen con las regulaciones ambientales.

La fábrica de acero está regulada por el gobierno federal mexicano y fue multada por violaciones hace tres años. Pero los reguladores gubernamentales le han permitido seguir operando.

La compañía, que figura en los documentos del gobierno como Arrendadora Simec, S.A. de C.V., ha publicado una lista de contaminantes regulados que se emiten al aire. Una base de datos de contaminación federal muestra que entre el 2011 y el 2014, la compañía reportó emisiones de contaminantes de aire que comprenden dióxido de carbono, benceno, arsénico, mercurio, níquel, plomo, formaldehído, cromo y cadmio.

Cuando la planta arroja humo espeso, asegura Ramírez que huele a plástico o metal, “algo pesado” hay en el aire.

Si cuelga la ropa para secarla al sol, señaló, la tela absorberá ese olor sucio. Así que he dejado de secar afuera la ropa de la familia.

En las mañanas, dijo, el humo desciende sobre las tierras de cultivo como niebla.

“Ya no podemos abrir las ventanas de la casa”, dijo Ramírez. "Es preocupante".

Vertederos por todas partes

Las numerosas empresas de reciclaje, depósitos de autos chatarra y los vertederos de Mexicali crean problemas que van más allá de la estética.

Las tablillas de circuitos en los teléfonos celulares y aparatos electrónicos que la gente tira, por ejemplo, incluyen contaminantes tóxicos como el arsénico, cadmio, plomo y mercurio. El ácido de las baterías viejas de automóviles puede filtrarse en el suelo. Cuando la basura se llena con sustancias químicas peligrosas, las toxinas pueden penetrar el suelo y contaminar el agua subterránea, así como el agua que corre en los canales.

Durante años, los funcionarios gubernamentales de ambos lados de la frontera han reconocido que el vertido de desechos generalizado y no regulado en Mexicali representa un peligro potencial.

En un informe de 2012, los consultores que trabajaban para la Comisión de Cooperación Ambiental Fronteriza estudiaron cómo mejorar el deficiente sistema de recolección de basura de la ciudad e hicieron una lista de sugerencias. . Dijeron que las zanjas y los desagües de Mexicali están gravemente contaminados, “debido al gran volumen de residuos sólidos depositados inadecuadamente” y que el agua plagada de suciedad de los vertederos, fluye hacia el Río Nuevo el cual cruza la frontera y continúa pasando por un vecindario en Calexico.

El informe indica que la basura tirada a lo largo de zanjas y canales ha incluido colchones viejos, basura doméstica y otros escombros, y que la "falta de control" se suma a los problemas de contaminación. Los autores sugirieron, entre otras cosas, limpiar uno de los desagües que alimentan el Río Nuevo.

La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos y la EPA de California han proporcionado fondos económicos para la limpieza de las zanjas y desagües de la ciudad. El trabajo ha involucrado la extracción de neumáticos, refrigeradores, muebles y otros escombros.

En 2016, funcionarios federales de Estados Unidos y particularmente de California anunciaron 300 mil dólares en subsidios estatales y federales para ayudar con las limpieza y pagar una campaña de educación ambiental que creara conciencia sobre el problema de los vertederos ilegales.

Esos proyectos han tenido un éxito limitado. El desecho ilegal de basura generalizado ha continuado, y los esfuerzos de las agencias ambientales de México, que cuentan con una financiación insuficiente para acabar con ellos, no han causado ningún efecto.

El año pasado, la Secretaría de Protección al Ambiente de Baja California dijo que cerró 29 basureros clandestinos, los mismos que cubren un total de 102 hectáreas.

"Ahorita el problema que vemos nosotros con más frecuencia son los basureros clandestinos”, aseguró la secretaria de la agencia, Thelma Castañeda Custodia.

A menudo, la basura es tirada por la noche en los lotes baldíos, dijo, y aunque los propietarios de estas tierras no lo saben, todavía son los responsables del mantenimiento.

“Allí clausuramos el predio, el terreno, y luego buscamos quien es el propietario, pues para que responda por eso”, apuntó Castañeda. A menudo, su personal ordena al propietario que cerque el terreno y lo mantenga limpio.

Dijo que la mayoría de las quejas que recibe la agencia no están relacionadas con negocios establecidos, sino más bien con operaciones ilegales como depósitos de chatarra sin permiso.

“Hay mucha gente que se dedica a prestar el servicio para algunas empresas y recoger sus residuos, pero no están registrados con nosotros”, señaló Castañeda.

La funcionaria comentó que no sabe cuántos recicladores y depósitos de chatarra están haciendo negocios ilegalmente, pero supone que por cada uno que está legal, puede haber otros tres sin permiso.

En muchos casos, los que manipulan los residuos fuera de la ley realizan pequeñas operaciones, a veces, utilizando su propia casa como tiradero.

Lo que es peligroso acerca de estos negocios ilícitos, expuso Castañeda, es que cuando las personas están almacenando las baterías de los autos viejos o quemando cables para rescatar el cobre, “ni ellos mismos tienen idea de qué tan contaminante puede ser”.

La Secretaría de Protección al Ambiente de Baja California proporcionó docenas de documentos de inspecciones en respuesta a una solicitud de The Desert Sun. Esos documentos del 2016 y el 2017 incluyeron 35 inspecciones que derivaron en multas que oscilaron entre un equivalente de 750 dólares a 6,500 dólares. Doce de esos casos involucraron la eliminación de desechos o negocios de reciclaje.

La agencia tiene sólo cuatro inspectores de tiempo completo para hacer cumplir las normas ambientales en Mexicali, y los escritos muestran que están gastando una parte significativa de su tiempo en inspeccionar negocios de residuos y reciclado.

Uno de los problemas a lo largo de la frontera, informó Castañeda, es la gran cantidad de artículos usados que llegan en camiones desde los Estados Unidos y pasan por la aduana como cosas de segunda mano.

“Pasan electrónicos, llantas, ropa, un montón de cosas que circulan como artículos que todavía son útiles, pero a muy corto plazo se convierten en residuos basura”, expuso Castañeda. “Eso es lo que nos tiene, a la frontera sobre todo, metidos ahorita en un problema de acumulación de llantas, electrónicos y de otros tipos de residuos que la gente, pues simplemente no sabe dónde lo puede depositar”.

Ella comenta que uno de los objetivos del gobierno estatal es ayudar a que más recicladores de desechos comiencen negocios legales para que la ciudad pueda reciclar más de las cosas que terminan en los vertederos.

Tal como está ahora, la gente en Mexicali puede entregar las pilas alcalinas para ser eliminadas pero no tienen ningún lugar para depositar desechos electrónicos como, por ejemplo, los viejos componentes eléctricos que se mezclan con otras clases de basura.

"Para nosotros creo que los residuos es la parte más difícil" de la supervisión ambiental, dijo Castañeda. Reconoció que el problema ha ido creciendo a medida que la basura se ha acumulado en tiraderos ilegales.

“Si juntamos todos esos residuos, yo creo que sí veríamos la magnitud de ese problema de los despojos”, argumenta Castañeda. “Falta mucho – mucho, mucho, mucho – que hacer en ese sentido, pero sí hemos ido acotando”.

Aún así, defendió el desempeño de su agencia y señaló que ha progresado al cerrar algunos vertederos.

En cuanto a las maquiladoras de Mexicali, cree que la supervisión de su agencia es suficiente.

Residuos industriales

Como lo exponen los funcionarios estatales, su sistema de aplicación de la ley a menudo implica inspecciones visuales en las fábricas y revisión de los documentos de registro. No está claro si ese enfoque permite detectar y disuadir el desecho inadecuado de los desperdicios de parte de las fábricas.

El gobierno de México permite que las maquiladoras de propiedad extranjera importen materias primas y maquinaria libres de impuestos, siempre y cuando exporten los productos ya terminados.

Mientras operan bajo ese régimen, las compañías necesitan seguir la ruta de las materias primas que traen a través de la frontera, los productos terminados que exportan y el lugar a donde envían sus desechos, indicó Roberto Durazo, director de desarrollo comercial de la entidad mexicana IVEMSA. Su empresa ayuda a compañías extranjeras y brinda servicios de “compañía shelter”, actuando como su representante legal en el país.

"Para todo residuo, la compañía tiene que mantener controles muy estrictos", dijo Durazo. "Si están trayendo metal y tienen un poco de desecho de metal, no pueden simplemente tirarlo en algún lugar".

Bajo la ley mexicana, los desechos clasificados entre los que requieren "manejo especial" están bajo la autoridad del estado. Eso incluye restos de artículos como el metal y el plástico.

El gobierno federal regula los desechos peligrosos, que incluyen cualquier desperdicio cubierto de aceite o contaminado con químicos, entre otras cosas.

En general, se supone que las maquiladoras deben regresar cualquier residuo peligroso al país de origen, en muchos casos a los Estados Unidos. Sin embargo, León Felipe Ruiz González, director de operaciones de la consultora Consorcio Ambiental, expone que “existen salvedades legales ambientales donde algunos residuos peligrosos los pueden manejar en el país”.

Él no profundizó sobre esas salvedades. Sin embargo, los registros del gobierno muestran que algunas empresas están eliminando desechos peligrosos en México.

Los documentos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) enumeran a las empresas que están autorizadas para manejar esta basura. En Mexicali, se incluyen 19 empresas autorizadas para transportar los contaminantes, cuatro recicladoras aprobadas para manejar basura tóxica y 11 empresas que almacenan los restos.

Los expedientes muestran que esas compañías reciben cosas como desechos contaminados con plomo provenientes de las soldaduras electrónicas, solventes inflamables, pesticidas, residuos como plomo y ácido, sustancias corrosivas, pintura, tierra contaminada, asbesto, sedimentos que quedan enchapado de cromo, desechos que contienen cianuro, desperdicio contaminado con plomo que sale de los hornos y otros productos químicos tóxicos.

Cuando una empresa abre una fábrica en México, se requiere que prepare un estudio ambiental y proporcione detalles sobre los desechos que generará y cómo los eliminará.

"Por ley, todas las compañías que tienen materiales peligrosos como desecho tienen que construir un espacio especial en la fábrica con el único propósito de que esa sala sea para almacenar los residuos tóxicos", apuntó Durazo. Los residuos peligrosos se almacenarán allí hasta que una empresa certificada los recoja y los retire.

"Así es como debería funcionar", dijo Durazo. "No puedo asumir que todas las compañías lo hagan así, pero deberían hacerlo de esta forma".

La compañía de Durazo tiene alrededor de 24 maquiladoras como clientes, y explicó que no recuerda que ninguna de ellas haya tenido problemas con las regulaciones ambientales o alguna multa en los últimos años.

La base de datos federal de las emisiones de contaminación de México incluye no solamente las emisiones al aire auto-reportadas por las empresas sino también las descargas de aguas residuales y desechos que afectan el suelo. Los registros dan cuenta de que entre el 2005 y el 2016, algunas fábricas y centrales eléctricas en Mexicali informaron que contaminaron el suelo con tóxicos que incluyen arsénico, cadmio, cianuro, cromo, mercurio, níquel y plomo.

Las empresas que reportaron descargas de plomo que afectaron el suelo incluyeron Masterwork Electronics, que elabora tablillas de circuitos, el fabricante de lámparas Eaton, el productor de electrónicos Coto Technology, la ensambladora de camiones Kenworth, la fundidora de metales Maquiladora San Diego y la compañía de productos electrónicos Panasonic, entre otros.

Debido a que la información es reportada por las mismas compañías, las emisiones de contaminantes generalmente parecen estar en los niveles permitidos por las regulaciones mexicanas.

La fábrica de acero del Grupo Simec, a pesar de los grandes montones de desechos tanto dentro como fuera de sus muros, no parece haber reportado ninguna contaminación del suelo. Sin embargo, cuando el agua penetra entre los residuos del acero, los investigadores han descubierto que los metales como el cromo y el manganeso pueden filtrarse. Estos desechos generalmente producen un drenaje altamente alcalino que puede contaminar el agua subterránea y las vías fluviales cercanas.

Cuando una compañía especifica la liberación de un contaminante bajo el "suelo", puede referirse al daño del terreno mientras se almacenan los desechos directamente en el piso, apuntó Alfonso Blancafort Camarena, el principal funcionario del Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales de México, en Baja California.

“Si está dentro de los parámetros permitidos, bueno pues, entonces se está cumpliendo”, expuso Blancafort. Y si los niveles exceden los límites permitidos o representan una amenaza a la contaminación del agua, aseguró, los reguladores federales actuarán.

Los registros en la base de datos no brindan detalles específicos ni enumeran los límites reglamentarios, y las cantidades de contaminantes informadas variaron ampliamente en los informes.

No está claro con qué frecuencia las inspecciones de los reguladores federales conducen a violaciones o multas. The Desert Sun solicitó los registros de inspección del Fiscal Federal para la Protección del Medio Ambiente, pero no pudo obtener los documentos.

En cuanto a los muchos vertederos ilegales en Mexicali, Blancafort indicó que la situación "nos está llevando a una crisis" y que la ciudad necesita mejorar su sistema de recolección de basura doméstica.

Parte de la basura que se arroja alrededor de los canales y lagunas, todavía está terminando en la corriente del Río Nuevo, y Blancafort dijo que el vertido incontrolado plantea riesgos, porque,  aunque las autoridades no han descubierto ningún sitio de desechos tóxicos en años, es posible que algunas personas estén discretamente acumulando productos químicos peligrosos.

"Esa es nuestra preocupación, que en algún momento se convierta en un basurero para desechos tóxicos", alertó Blancafort. "No creo que esté sucediendo como pasó hace algunos años, pero, debido a la falta de control en algunos lugares, eventualmente podría suceder. Creo que es un riesgo ".

En un antiguo vertedero en el desierto, al sur de Mexicali, la gente vive en chozas improvisadas hechas de restos de madera, cartón, mantas y láminas de plástico hechas jirones. Ellos ganan apenas lo suficiente para sobrevivir, recolectando materiales reciclables como botellas de plástico y cambiándolas por dinero en efectivo.

Yenny Gutiérrez Moreno, una de las “pepenadoras,” o recolectoras de basura, comentó en una entrevista que ella escuchó que años atrás, antes de que ella comenzara a hacer ese trabajo, la gente en el relleno sanitario había visto llegar un camión que intentó tirar tambos llenos de químicos tóxicos, y le impidieron violentamente desparramar su carga.

"Nosotros mismos controlamos el comercio", aseguró Amado Cruz, un hombre con barba grisácea que permaneció sentado, sin camisa, junto a su choza, y fumando un cigarrillo.

“Se supone que aquí no se tiran materiales tóxicos. Aquí solo es la basura casera, la basura comercial. Industrial no ”, señaló Cruz.

Al preguntarle qué pasaría si llegara un camión con residuos industriales, dijo: "Si llega uno, lo mandan a enterrarlos arriba".

Hizo señas apuntando cuesta arriba, hacia las colinas del desierto al pie de las montañas.

“No está permitido aquí”.

Recicladores legales e ilegales

Una tarde de abril, una columna de humo negro se elevaba sobre una concurrida avenida en Mexicali. La nube salía de una casa detrás de una hilera de fábricas, en un camino de tierra sin pavimentar.

La policía y los bomberos llegaron con las sirenas encendidas.

Los vecinos estaban parados en la carretera, observando cómo se expandía la torre de humo que flotaba con la brisa sobre las líneas eléctricas. Angélica Luque recordó que un hombre al final de la calle había recolectado montones de cajas de cartón y plástico al lado de su casa y todo se incendió. Algo del humo era producto de neumáticos en llamas.

“Ya habían venido a avisarle que quitara todo. Pero pues no hizo caso ", dijo Luque, mientras se encontraba de pie, con los brazos cruzados y debajo de un árbol. Ella mencionó que piensa que el humo debe estar dañando la salud de las personas, incluidos sus hijos.

“Pero si no hacen nada las autoridades, pues ¿uno qué puede hacer? No puedo hacer nada ”, mencionó Luque.

Así como algunas personas intentan beneficiarse de los basureros ilegales, depositando en sus propios patios lo recolectado, otros empresarios intentan seguir la ruta legal.

Uno de ellos es Horacio Palma, un ingeniero industrial que alguna vez trabajó para maquiladoras y se especializó en la fabricación de artículos de plástico como botellas de leche y máscaras médicas de oxígeno. Ahora maneja el negocio Green America Recycling & Recovery, una compañía mexicana que recibe desechos de las maquiladoras.

Cuando se hace de un nuevo cliente, ofrece un "servicio completo" que incluye aceptar cualquier tipo de desperdicio, ya sea basura normal, desperdicios que se clasifican como de "manejo especial", desperdicios peligrosos o reciclables.

La empresa cobra a las compañías por hacerse cargo de sus residuos. Los restos de plástico o de madera no reciclable, por ejemplo, se llevan a un relleno sanitario especial operado por uno de los socios de Green America.

Cuando una maquiladora tiene desechos que están contaminados con aceite o productos químicos, se consideran desechos peligrosos. En esos casos, Palma asegura que Green America trabaja con otra compañía que envía el material a una instalación de eliminación a través de la frontera en Yuma, Arizona.

El empresario explicó que todos los desechos que su empresa recibe terminan en una instalación autorizada.

En el caso de los materiales reciclables de valor, como es el caso de los paquetes de alambre de cobre, su compañía paga a las fábricas por los alambres de desecho y los muele en una máquina para extraer el metal.

De pie en un almacén similar a un hangar, Palma comentó que ve esta parte del trabajo como especialmente importante, porque cuando los cables no se reciclan adecuadamente, a menudo terminan quemados en vertederos al borde del camino, arrojando humo lleno de químicos venenosos.

“Está prohibido pero lo hacen”, dijo Palma. “Esto es lo que tratamos de evitar, estas quemazones contaminantes”.

Palma cree que quemar cables para extraerles el cobre, debe estar contribuyendo a las altas tasas de asma en la frontera. Y cuando esa contaminación se asienta sobre la ciudad, expone, también debe estar contaminando el suelo.

“Hay negocios que están comprando cobre ya quemado y te das cuenta porque está negro, a diferencia del nuestro que sale completamente limpio", explicó Palma. Una de las fábricas donde su compañía recolecta cables es Hikam Electrónica, que forma parte de Hirakawa Hewtech Corp., con sede en Japón, y que anuncia en su sitio de internet que fabrica una gran variedad de cables y alambres eléctricos.

En su establecimiento, Palma le pidió a uno de sus empleados que encendiera la máquina para una demostración. Repartió tapones para los oídos y la enorme máquina comenzó a retumbar.

El trabajador introdujo un montón de cables cubiertos de plástico en la máquina, y segundos más tarde, trozos de cobre desmenuzados se depositaron en un conducto, en pedazos más pequeños que los granos de arroz.

De otro conducto cayeron pedazos de plástico multicolor.

"Esto es un negocio", afirmó Palma, sosteniendo una bobina de alambre de cobre. “Lo molemos. La máquina es eléctrica. No hace nada de humo, no produce nada de contaminación”.

La compañía de Palma está experimentando con el reciclaje del plástico, mezclando piezas con pintura o comprimiéndolas en bloques.

Green America está recogiendo otros desperdicios de las fábricas, incluidos cables de hierro, plástico reciclable y tablillas de circuitos. En el futuro, Palma afirma que le gustaría ayudar a reciclar los neumáticos usados, que a menudo se tiran y se queman.

"Me dedico a tratar de ayudar con la limpieza del ambiente", dice. “Posiblemente no eliminamos la contaminación en un gran porcentaje, pero poquito que hagamos es algo, en comparación de la gente que no hace nada”.

Últimamente, el gobierno se ha vuelto más estricto y ha aumentado la supervisión de los negocios de reciclaje, afirma el empresario. Inspectores de la agencia ambiental del estado han visitado su compañía cada cuatro o cinco meses para asegurarse de que cumple con las regulaciones.

Sin embargo, las compañías de reciclaje que operan legalmente siguen siendo una pequeña minoría, dijo Palma. No sabe exactamente cuántos tienen permisos en Mexicali, pero calcula que unos treinta: “Legales pocos, ilegales muchos”.

Dice que las maquiladoras de propiedad extranjera tienden a trabajar solamente con recicladores establecidos legalmente, como su compañía.

Ese no es el caso de la basura no industrial, como electrodomésticos viejos, aparatos electrónicos y otros artículos usados que cruzan la frontera, muchos de los cuales terminan en basureros o se descargan casi en cualquier lugar de Mexicali. Como lo ve Palma, “realmente no hay un orden jurídico en la ciudad”.

Químicos peligrosos

Detrás de sus muros y casetas de vigilancia, algunas de las fábricas de Mexicali tienen tanques que contienen químicos industriales. A veces, las plantas han estallado en llamas y han sido sacudidas por explosiones. Las fugas y los derrames han liberado nubes de químicos peligrosos y han causado la huida de la gente.

Un incidente ocurrió en 1992, cuando una fuga en la planta de pesticidas Química Orgánica, en Mexicali, lanzó ácido clorhídrico al aire, lo que causó que las personas huyeran del área. La planta se cerró más tarde.

Otros incidentes en plantas industriales en Mexicali han incluido fugas de amoníaco e incendios que enviaron químicos tóxicos en el humo.

Los accidentes han provocado estudios sobre los peligros que generan las plantas industriales.

Judith Ley García, investigadora de la Universidad Autónoma de Baja California en Mexicali, ha estudiado los riesgos para ayudar a las autoridades y las empresas a prepararse en caso de una emergencia.

En un estudio, Ley y otros investigadores simularon fugas de amoníaco de 18 compañías que almacenan cantidades sustanciales del gas, que si se aspira, puede ser fatal. Señalando las zonas de peligro alrededor de esas plantas, estimaron que el 14 por ciento de la población de Mexicali está expuesta a los riesgos de posibles fugas de amoníaco, y eso que se está considerando solamente uno de los muchos químicos tóxicos que se usan en las fábricas a lo largo de la frontera.

Es difícil reducir a cero el riesgo del amoníaco, no sólo porque la ciudad tiene plantas agroquímicas y de alimentos que usan este gas sino también por la “ubicación inadecuada o la falta de distancias seguras entre las instalaciones y la población, ambas producto del crecimiento descontrolado e irregular que la ciudad ha experimentado”, registraron los investigadores en el estudio.

Ley también ha examinado los sitios de desechos industriales y el problema del suelo contaminado en Mexicali y sus áreas circundantes.

En un informe del 2011 titulado "Atlas de riesgos" de Mexicali, ella y otros estudiosos se refirieron a la década de 1960, cuando las aguas residuales agrícolas altamente saladas de Arizona contaminaron el Río Colorado provocando raquíticas cosechas y la muerte de cultivos río abajo en el valle de Mexicali. Esa crisis, que contaminó las tierras de labranza e indignó a los agricultores mexicanos, desencadenó fricciones diplomáticas y finalmente llevó a un acuerdo en 1973, en el que Estados Unidos garantizó que el agua que llegue a México tendría un nivel de salinidad promedio, dentro de un límite aceptado.

Desde entonces, los investigadores dijeron que han surgido otras causas importantes de contaminación del suelo, incluidos la proliferación de vertederos y decenas de patios donde se acumula chatarra automotriz, que la gente aquí llama yonkes. En ese momento contaron 52 yonkes y aproximadamente 70 vertederos ilegales en Mexicali.

Esos números han seguido creciendo.

Los investigadores dijeron que el manejo inadecuado de los desechos industriales por parte de las fábricas es un problema y que los desechos peligrosos han terminado no sólo en los sitios regulados para ello sino también en los basurales ilegales que representan "una seria amenaza de contaminación de los suelos y cuerpos de agua".

Ley y sus colegas encontraron registros que muestran que se han arrojado desechos peligrosos en una lista de sitios aprobados a lo largo de los años, muchos de ellos en zonas rurales de Mexicali. Incluyendo un sitio donde se enterraban hace años los productos químicos agrícolas y los solventes de las maquiladoras; otro donde se tiraban los desechos de las fábricas; uno donde se recibió restos de metal; otro donde el fabricante de camiones Kenworth se deshizo de la fibra de vidrio; otro donde se aceptaron desechos industriales peligrosos hasta que las autoridades descubrieron que el sitio estaba contaminando los pozos y lo cerraron; uno más de residuos al oeste de la ciudad; y una instalación de residuos radiactivos que fue construida en la década de 1980.

También encontraron que un documento del 2004 describía un área de almacenamiento para residuos peligrosos en la fábrica de acero de Grupo Simec.

Los investigadores dijeron que en 17 ubicaciones, un poco más de mil personas viven cerca de estos sitios de desechos peligrosos y enfrentan riesgos potenciales.

Los químicos tóxicos también presentan riesgos para la salud al norte de la frontera, en partes del Valle Imperial.

En Brawley, por ejemplo, el Departamento de Control de Sustancias Tóxicas de California está obligando a la compañía Chevron a remediar el suelo y las aguas subterráneas contaminadas en una propiedad de 11 acres, donde la compañía PureGro Company produjo y almacenó pesticidas desde la década de 1940 hasta que la instalación cerró en el año 2000. La agencia ha propuesto una limpieza que implicaría eliminar parte del suelo contaminado y cubrir el sitio con un "revestimiento duradero", pero los residentes han protestado contra ese plan, diciendo que no es suficiente para protegerlos.

Mientras tanto, algunos residuos peligrosos cruzan regularmente la frontera desde los Estados Unidos hacia México.

Los registros de la EPA americana muestran que las compañías estadounidenses están enviando un flujo constante de desechos peligrosos a las instalaciones mexicanas, donde los costos relativamente bajos hacen que una empresa sea rentable.

La EPA regula el almacenamiento y la eliminación de desechos peligrosos en virtud de una ley de 1976, denominada Ley de Conservación y Recuperación de Recursos, y recopila informes anuales de todas las compañías que exportan desechos peligrosos.

En respuesta a la solicitud de The Desert Sun bajo la Ley de Libertad de Información, la EPA publicó docenas de informes que fueron presentados por compañías que detallan sus exportaciones de residuos peligrosos a México, entre el 2012 y el 2016.

Las siderúrgicas de estados desde Alabama a Texas y Oregón informaron que exportaron miles de toneladas del polvo de los hornos, que quedan de la fabricación de acero. Muchas fábricas envían el polvo en vagones a Zinc Nacional en Monterrey, que recicla el polvo y produce óxido de zinc y sulfato de zinc.

Los registros muestran que los estadounidenses también han enviado miles de toneladas de baterías a base de plomo y ácido, trabajadas en las instalaciones de tratamientos de residuos en México.

Ninguno de estos sitios de desechos peligrosos se encuentra en Mexicali, aunque los registros muestran que un negocio llamado Temarry Recycling, en la cercana ciudad fronteriza de Tecate, recibe muchos envíos de desperdicios de Estados Unidos. Los exportadores son vertederos de basura, empresas de acabado de metales, ciudades, la Marina de los Estados Unidos y compañías estadounidenses como Sherwin-Williams y Tesla Motors. La instalación informa que recibió líquidos inflamables, incluidos solventes como acetona, xileno y tolueno, así como otros líquidos tóxicos, aerosoles inflamables, pintura, gasolina y otros tipos de desechos peligrosos.

Blancafort, del Ministerio Federal del Medio Ambiente, dijo que Temarry Recycling a menudo se enfrenta a las revisiones de los reguladores porque el gobierno ha recibido quejas sobre esa compañía. Sin embargo, aseguró que los reguladores han encontrado que la compañía está cumpliendo con las regulaciones.

Un acuerdo de 1986 entre los Estados Unidos y el gobierno mexicano establece procedimientos y requisitos de notificación para envíos transfronterizos de residuos peligrosos. Los dos gobiernos reconocieron en el pacto que si los desechos peligrosos se gestionaban de manera inadecuada, eso podría poner en peligro la salud pública, y se comprometieron a hacer arreglos adicionales según sea apropiado para mitigar o evitar los efectos adversos, sobre la salud, la propiedad y el medio ambiente.”

No está claro si los dos gobiernos han cumplido con esa promesa, dada la limitada información disponible sobre cómo se manejan y regulan los desechos peligrosos en México. Y es una pregunta sin responder sobre si la supervisión del gobierno en estos tiraderos es suficiente para proteger la salud de las personas que viven cerca.

Una reciente batalla ambiental en Mexicali ilustra el nivel de desconfianza que pueden rodear las propuestas de nuevos sitios de desechos, incluso cuando la ubicación planificada se encuentra a kilómetros de los límites de la ciudad.

En 2016, una empresa mexicana propuso construir un enorme desarrollo en el desierto al suroeste de Mexicali. El plan requería una planta solar, un área residencial y una zona industrial, donde las empresas almacenarían y reciclarían los residuos. La parte del almacenamiento de residuos de la propuesta alarmó a los activistas ambientales, quienes protestaron por lo que consideraron como un plan para traer residuos tóxicos de todo México y también de Estados Unidos.

Inicialmente, el proyecto se denominó "EcoZoneMx" y luego se cambió el nombre a "Proyecto Incluyente de Mexicali" o el "Proyecto de Mexicali Inclusivo". Un representante de la empresa Viz Resource Management, que propuso el proyecto, no respondió a una solicitud de más información.

La compañía eliminó una propuesta para un área de manejo de residuos peligrosos y planea en cambio reciclar los residuos convencionales, indicó Blancafort. El gobierno federal aprobó un "plan maestro" para el desarrollo, que incluye una planta solar.

Temoc Ávila, activista de Mexicali, expuso que es una mala idea albergar los desechos en medio de una zona activa de terremotos, cerca de un acueducto que transporta agua del Río Colorado, y en una parte del desierto donde las lluvias pueden enviar los flujos que se escurren desde la Sierra Cucapah. Dijo que, aparentemente, la compañía no consideraba los riesgos potenciales de colocar los desechos al lado del acueducto.

“Quieren traer a Mexicali todos los residuos peligrosos de Estados Unidos”, reclamó Ávila. “Yo estoy convencido de que no se deben de instalar”.

Otras personas en Mexicali dicen que si bien no tiene sentido traer más desechos tóxicos de otros lugares, la ciudad sí necesita desesperadamente controlar el vertido de basura ilegal fuera de control.

Los síntomas se pueden ver en todas partes: automóviles despedazados y montones de chatarra en los yonkes; colchones viejos y cubetas de plástico destrozadas a lo largo de los caminos; montones de basura plástica y llantas esparcidas en el desierto. Todo esto refleja un patrón de abandono, que aumenta la contaminación a lo largo de las calles polvorientas y llenas de smog cerca de la frontera.

Una demanda y una multa

La siderúrgica Grupo Simec fue una de las tres compañías nombradas en una demanda en 2014, cuando el profesor de derecho Fidel Alfaro Meléndrez y un grupo de más de 50 estudiantes universitarios de derecho demandaron a las autoridades ambientales mexicanas y las acusaron de no controlar la contaminación.

En su querella, escribieron que la fábrica de acero y dos centrales eléctricas de gas "están contaminando el aire que respiramos, causando un daño en el medio ambiente y la sociedad en general, que se traducen en enfermedades respiratorias y pérdida de vidas humanas".

Perdieron el caso el año pasado. Pero Alfaro Meléndrez señaló que está considerando demandar nuevamente para presionar por un cambio.

La fábrica de acero está causando una grave contaminación, dijo. "No sé cómo sigue operando esa empresa".

Después de que se presentó la demanda, los reguladores gubernamentales tomaron medidas enérgicas. Durante una inspección en septiembre de 2015, los funcionarios de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, o PROFEPA, ordenaron el cierre temporal de la fábrica de acero y multaron a la compañía con una sanción de 350 mil pesos, o aproximadamente 21 mil dólares, por violaciones, incluida la falta de equipamiento adecuado para controlar las emisiones.

La agencia dijo en un comunicado que salía humo “se observaron fugas por puertas, muros y orificios, sin ser capturadas por ningún equipo de control de emisiones”.

Apenas nueve meses después, la planta se incendió. Las imágenes televisivas del fuego, en junio de 2016, mostraron un humo espeso saliendo de la planta. La humareda se extendió por Mexicali, cubriendo la ciudad.

Durante el incendio, Ramírez vio nubes oscuras que aumentaban y se dirigían hacia su casa. Ella se apresuró a salir en su auto con su madre y se puso a salvo.

La fábrica de acero pronto reabrió sus puertas. Cuando la planta está operando normalmente, señala Ramírez, el humo se mantiene flotando en su patio. Y, desde su casa, comenta que a veces escucha lo que suenan como explosiones, "como un cohete adentro de algo".

Ella no sabe qué causa las explosiones, pero supone que algunos de los autos aplastados podrían explotar si tienen todavía gasolina en sus tanques cuando llegan al horno de fundición.

Las explosiones son tan fuertes que las ventanas de su casa vibran.

Ramírez comenta que se siente impotente.

“Es duro para uno no poder hacer nada, no poder controlar este problema”, dijo. “Y yo creo que esto no nos afecta nomás a nosotros. Afecta pues a todo Mexicali”.

Desea hacer algo para reducir el humo que sale de la planta. Si el aire volviera a estar más limpio, señala, sería como devolverle a su familia una parte de lo que se les ha quitado.

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