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José F. Jiménez es el primer nombre labrado en la fila 2, Panel 18W, en el bloque de granito negro del Monumento a los Veteranos de Vietnam en Washington, D.C.

No se lee nada más.

Lo mismo ocurre con todos los demás a quienes perdimos en la guerra.  Un nombre tras otro.

El conmovedor, aleccionador y memorable monumento no dice que el cabo segundo de la Infantería de Marina, José Francisco Jiménez, a quienes sus amigos llamaban JoJo, murió en acción el 28 de agosto de 1969 a los 23 años.

O que asistió a la preparatoria en Eloy.

O que fue galardonado con una Medalla de Honor.

O que era un ciudadano... mexicano.

El 17 de enero, Jiménez será sepultado, al lado de su madre, con todos los honores militares en Glendale Memorial Park.  Durante todos estos años, estuvo enterrado en un cementerio a las afueras de la Ciudad de México, cerca de su lugar de nacimiento.  Durante años, su familia deseó que yaciera al lado de su madre, quien sufrió profundamente tras enterarse de la muerte de su hijo. Pero la familia no tenía los recursos suficientes para hacer el traslado.

Ello cambió cuando la situación llegó a oídos de personas como Steven Weintraub, un coronel de la reserva del Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos.

"Existe una especie de mafia en la Infantería de Marina en el Valle", dijo.  "Uniformados en actividad, reservistas, personal en retiro, familias. Cuando nos enteramos del caso de JoJo, supimos que era algo que queríamos hacer realidad. Si alguien lo merece, es él.  Y su familia".

En 1968, algunos años tras graduarse de la preparatoria en Eloy, se enlistó en el Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos.

No tenía que hacerlo. Era mexicano.

Su madre y su hermana menor se habían mudado a Arizona cuando era él era niño.  Su mamá trabajaba para el gobierno mexicano.  Pero José se quedó en México.  No llegó a los Estados Unidos hasta que fue adolescente.  Eran los días nefastos y turbulentos de la Guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles y demás, y él se sintió con deber; se sentía estadounidense.

"Amaba este país", me dijo su hermana Pilar.  "Creía que (este país) había hecho muchas cosas buenas por mí y mi madre.  Y tenía amigos que habían sido reclutados y algunos que se habían enrolado.  Así que él decidió enlistarse.  Sentía que le debía mucho a este país".

Y resulta que precisamente es todo lo contrario.

Somos todos los que le debemos mucho a Jiménez. Por su servicio.  Por su sacrificio.  Por recordarnos – y tal vez a algunos de nuestros líderes – del valor de los inmigrantes.  Y también por recordarnos que incluso en los momentos más grises y hostiles, no debemos dejar de sentirnos agradecidos por poder vivir en este país.

"Cuando esté en Arizona, al lado de nuestra madre, estarán en paz", señaló Pilar. "Todos estaremos en paz al saber que están juntos y que él está aquí, donde pertenece.  Lo merece".

Las razones se explican con detalle en la distinción militar de su Medalla de Honor:

Por su valentía y osadía sobresalientes al poner su vida en peligro más allá del cumplimiento del deber mientras sirvió como Líder de la Escuadra Militar con la Compañía K, Tercer Batallón, 7.º Regimiento de Infantería de Marina, Primera División de la Infantería de Marina en las operaciones contra el enemigo en la República de Vietnam el 28 de agosto de 1969. En esa fecha, la unidad del cabo de segunda Jiménez sufrió un feroz ataque por parte del Ejército de Vietnam del Norte; los soldados se encubrieron en emplazamientos muy bien camuflados.  El cabo de segunda reaccionó tomando la iniciativa y volcándose hacia el enemigo.  Desmanteló personalmente a varias tropas enemigas y silenció un arma antiaérea.  Sin dejar de alentar a sus compañeros, el cabo de segunda Jiménez continuó su agresivo avance.  Maniobró lentamente hasta estar a 10 pies de los soldados enemigos que disparaban armas automáticas desde una trinchera y, ante el despiadado fuego del enemigo, destruyó la posición.  A pesar de que para ese entonces ya era el blanco del potente fuego de los hostiles artilleros que intentaban detener su ataque, el cabo de segunda Jiménez continuó avanzando.  Al cambiar de posición para atacar a otro soldado enemigo, fue herido mortalmente.  El cabo de segunda Jiménez mantuvo la tradición más honorable del Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos y del Servicio Naval de los Estados Unidos con su indomable coraje, su agresivo espíritu de combate y su firme devoción para con el deber. Entregó valientemente su vida por su país».

Su país.

Exacto.

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