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Si hay un estado con un gran índice de población latina que ha sentido el impacto de la Corte Suprema de los Estados Unidos, es Arizona, conocido como “zona cero” (o zona de impacto) para el debate migratorio.

Después de que Arizona promulgara la SB1070, una de las leyes estatales más antiinmigrantes en la historia más reciente de nuestra nación, la Corte Suprema anuló sus provisiones claves. Y cuando Arizona intentó detener el ofrecimiento de licencias de manejo a los receptores de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), la Corte Suprema decidió en favor de los llamados "dreamers".

En años recientes, la Corte Suprema constituida por nueve miembros ha emitido 5-4 fallos en asuntos importantes que afectan todas nuestras vidas, incluyendo la Ley de Salud a Bajo Costo (Affordable Care Act), los derechos de votación, los derechos de los trabajadores, los derechos de reproducción, los derechos de matrimonio de las parejas LGBT entre otros temas.

Dada la importancia de la máxima corte del país, los votantes se están molestando debido a la negativa de nuestros senadores estatales, Jeff Flake y John McCain, de llevar a cabo una audiencia o una votación para cubrir la vacante en la corte. McCain ni siquiera acepta reunirse con el candidato.

El juez Merrick Garland, quien ahora es juez de la Corte de Apelaciones en Washington, D.C., fue nominado recientemente por el Presidente Obama para reemplazar a Antonin Scalia en el tribunal supremo. Cuando Garland fue confirmado por el Senado para la Corte de Apelaciones en 1997, la mayoría de los senadores republicanos, incluyendo a McCain, votaron por él.

¿Por qué ahora no? Porque los líderes republicanos que controlan el Senado están jugando a la política con la corte. Han tomado la decisión de que no merecemos una corte completa de nueve miembros. Su excusa es que la nominación y la votación deben de ser elegidos por el próximo presidente, quien será elegido por los votantes  en noviembre. La “gente” decidirá.

Un líder del partido republicano, el senador John Cornyn de Texas, dijo que el senado trataría al candidato “como a una piñata”.

Esto está mal y es ofensivo de muchas maneras.

Primero, la “gente” ya decidió que el Presidente Obama serviría hasta el mediodía del 20 de enero de 2017. El presidente ha cumplido con su deber constitucional de nombrar a un candidato para la corte.

Segundo, bajo la Constitución, es ahora la obligación del Senado de asesorar y dar su consentimiento. Esto significa llevar a cabo una audiencia ante el Comité Judicial del Senado, del cual Flake es miembro, y una votación en el pleno del Senado.

El Senador McCain, en particular, no se encuentra en una buena posición sobre este asunto.

Encuestas recientes muestran que, al igual que el resto de la nación, los votantes de Arizona están en total desacuerdo con la política obstruccionista sobre la Corte Suprema. En nuestro estado, el 59 por ciento de los votantes encuestados dijeron que querían que el asiento de la Corte Suprema sea ocupado este año. La misma encuesta mostró un grado de desaprobación del 70 por ciento para McCain entre los votantes latinos. Una encuesta de Merrill separada a la anterior encontró un empate virtual de McCain con su contendiente demócrata Ann Kirkpatrick.

En su día cuando McCain se refería a sí mismo como una persona que hablaba sin rodeos y representaba su reputación de inconformista, no habría seguido su liderazgo con tantas ganas en un tema tan importante como lo es el de la Corte Suprema. No hubiera seguido el juego de la “piñata.”

Pero ahora está siguiendo la corriente y está equivocado. El juez Garland no es una piñata. Senador McCain, haga su trabajo o será apaleado por los votantes en noviembre.

Francisco Heredia es el Director Nacional de Campo de Mi Familia Vota. 

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