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Biografía del columnista

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Quitar el temor de ser deportado a 5 millones de personas no es insignificante. Las órdenes ejecutivas del Presidente Obama — su modesta orden que les otorgó estatus provisional a los estudiantes indocumentados que fueron traídos aquí como niños, los Dreamers y su acción más reciente — deben ser aplaudidas como importantes pasos para nuestra gente.

Sin embargo no debemos olvidar que fue la implacable presión de activistas a través del país tomando acciones lo que forzó la mano del Presidente.

Cuando quedó claro que la Cámara de Representantes no iba a considerar una reforma de inmigración, las demandas para que el Presidente tomara una acción ejecutiva llegaron a un nivel intolerable para el mandatario.

El Presidente desde hacía meses había declarado que él no tenía la autoridad para hacerlo. Juristas y organizadores comunitarios no fueron persuadidos.

Las manifestaciones en las calles se intensificaron, activistas lo siguieron a cada discurso y en una manera que muchos creyeron rudo le interrumpieron hasta que al fin reconsideró y cedió.

Significativamente la orden ejecutiva que provee permisos provisional a millones de personas deliberadamente le niega ese beneficio a los padres de los Dreamers. Los soñadores, fueron los principales actores presionando a la administración en el año antes de que el presidente finalmente actuó. Pero fueron vistos por muchos en la administración y por los acólitos que lo rodean, como ingratos por no aceptar gentilmente el regalo de papeles. Continuaron luchando con más agresividad para incluir a todas las personas indocumentadas.

Lo que subestimaron en la Casa Blanca fue el intenso sentimiento de culpabilidad y sus consecuencias en los soñadores.

Hay un mito muy arraigado a la cultura Mexicana de un personaje mitológico que se llama La Llorona. Se trata de una madre que ahogó a su niños en el río, y fue condenada a llorarlos eternamente, pero jamás podrá aliviar su culpabilidad. Los Dreamers en cierto sentido se sienten culpables por haber resuelto su propia situación y haber dejado atrás en el inframundo a sus padres. Dreamers están condenados a una vida de culpabilidad por hacer aceptado papeles y como la llorona vivirán inevitablemente con esa culpa por no haber podido obtener un estatus legal para sus padres.

La metáfora es imperfecta, pero las apasionadas demandas de los Dreamers son un genuino grito de socorro. Esos gritos no cesarán y serán cada vez más fuertes.

Alfredo Gutierrez es un ex legislador estatal y reconocido activista. Lea sus columnas anteriores en lavozarizona.com.

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