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Si la estrategia de Catherine Miranda al apoyar al aspirante republicano a la gobernatura de Arizona era obtener publicidad, entonces ha logrado su objetivo.

La legisladora demócrata ha provocado severas críticas por parte de varios líderes latinos, algunos de ellos sus rivales políticos, quienes aseguran que traicionó al electorado predominante latino del distrito 27. Nuestra gente la favoreció con el voto que la llevó a la victoria por la nominación demócrata durante su campaña por un escaño al senado estatal. Miranda ganó las primarias de su partido en el distrito que comprende el sur de Phoenix y partes de Laveen, Guadalupe y Tempe.

Los comentarios sobre Miranda han sido fuertes: que van desde caracterizarla como "traidora" hasta ataques que estriban en lo personal. Se entiende el descontento de quienes argumentan que Miranda no hubiese ganado el escaño si ésta hubiese revelado sus intenciones de apoyar a Doug Ducey, candidato que sigue la misma postura antilatina que la actual gobernadora Jan Brewer.

Fue Brewer quien puso a este estado fronterizo en el mapa internacional al firmar la SB1070, la ley antiinmigrante más severa del país, y desde entonces ha mantenido mano dura contra los inmigrantes, negándoles licencia de conducir, entre otros beneficios.

La pregunta fundamental es ¿qué gana Miranda con apoyar a Ducey?

En una democracia como la nuestra, apoyar a un político del partido opuesto no debería ser objeto de ira. Al contrario, tendría que ser un acto de madurez ya que el apoyo debe ser por convicciones propias o porque beneficiaría al electorado - al que el servidor público representa.

Miranda no ha respondido a repetidas llamadas de La Voz buscando saber exactamente las razones por las que apoyó a Ducey. La legisladora escribió esta semana en un rotativo del capitolio que apoya a Ducey porque cree que es el mejor candidato para gobernar el estado.

Se puede especular que apoyó a Ducey para ganar terreno en la legislatura, controlada por republicanos. Tal vez lo que quiere es convertirse en el voto decisivo (el voto imprescindible) en temas importantes, ya que los demócratas raramente logran avanzar su agenda. Cualquiera de estas dos razones parecen prácticas y justificables.

Pero tal vez lo hizo por convicción, o sea que es republicana de corazón pero que se lanzó como demócrata sólo para ganar un escaño en una zona donde un republicano tiene muy pocas posibilidades de obtener victoria.

Cualquiera que sean sus verdaderas razones, la viuda del legendario legislador Ben Miranda tendrá mucho que explicar a quienes depositaron su confianza en ella.

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