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Honduras, Salvador y Guatemala se deshacen de sus niños. Los tres países descienden a la línea del caos, sus gobiernos plagados de incompetencia y corrupción han declarado sin vergüenza que no pueden proveer lo más básicos elementos de seguridad a sus niños y madres.

Niños de 13 a 17 años han abandonado su país y dirigiendo al norte en busca de la sobrevivencia; una prueba: 47 mil han sido detenidos por la Patrulla Fronteriza viajando solos este año. Hay miles más que han venido con sus madres. Han llenado los centros de detención y han empujado un sistema, ya de por si inhumano, al punto del colapso.

Las semillas de este gran desastre fueron plantadas tiempo atrás en parte por la política de Estados Unidos.

En 1996, el Congreso aprobó reformas a las leyes de inmigración, entre ellas surgió la exigencia de que cualquier persona que haya servido un año o más en prisión sea deportado; la misma reforma amplió considerablemente el número de delitos sujetos a deportación. La participación en una pandilla se consideró una condición para ser deportado.

Una consecuencia de estos cambios fue que entre 2000 y 2004 más de 20 mil jóvenes pandilleros (según el gobierno) fueron deportados de los barrios de Los Ángeles a El Salvador, Honduras y Guatemala. Paradójicamente la póliza de EU prohibía a funcionarios revelar los antecedentes penales de los deportados a los gobiernos de los países centroamericanos.

Al principio los deportados fueron acogidos en sus países de origen, pero eso pronto cambió.

Pandilleros de Los Ángeles que estaban perdidos en Tegus o Salvador se hallaron y conformaron una vez más sus pandillas.

De acuerdo con un informe exhaustivo por Ana Arana en la respetada revista Foreign Policy asegura: "poco después de su llegada, crack y cocaína se introdujo en El Salvador… en el año 1999, términos como 'crack house' y 'crack babies' eran tan común a los lectores de un periódico salvadoreño como a lectores en Los Ángeles. La misma tendencia ocurrió en Honduras y Guatemala".

La región es hoy apenas gobernable. Un reciente informe de la ONU dice que Honduras y El Salvador tienen las tasas de homicidios más alta del mundo y Guatemala les pisa los talones.

San Pedro Sula es la ciudad con la más alta tasa de homicidio en el mundo. En comparación México, donde violencia del narcotráfico ha ganado atención global, tiene menos de una tercera parte de lo que reporta Centroamérica.

¿Qué hacer con esta ola de niños? ¿Retornarlos al mismo peligro y la desesperanza de la que huyeron? ¿Dónde los ponemos? ¿Qué hacemos con los miles más que cotidianamente se acercan a nuestra fronteras? ¿Cómo los educamos? ¿Qué futuro les espera aquí o en Centroamérica?

Estas son las preguntas que como potencia mundial debemos enfrentar... son las preguntas que pondrán a prueba nuestros valores e ideales como americanos y como seres humanos.

Qué le responderemos al mundo sobre nuestra parte de responsabilidad en un mañana cuando la historia nos interrogue…

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