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Se cumple esta semana el 25% del sexenio de Enrique Peña Nieto. Un primer cuarto de su administración que obliga a un balance de los avances y retrocesos logrados hasta ahora.

El sexenio de Peña arrancó con elevadas expectativas de transformación y crecimiento económico. Con astucia y oficio político, el equipo del joven Presidente ofreció a las muy pocas horas de haber tomado posesión, la construcción de un pacto político que unificaba a las principales fuerzas políticas del país. Lo presentó así a la ciudadanía, Pacto por México, que construyó en efecto, una agenda compartida de reformas y temas vitales para cambiar al país.

Esto produjo no sólo múltiples elogios en México y el extranjero, sino además la perspectiva internacional del "Mexican Moment", el momento había llegado para el despegue económico de nuestro país.

Peña impulsó apoyado en el Pacto, una ambiciosa agenda legislativa que incluyó reformas estructurales: energía, telecomunicaciones, fiscal y hacendaria, político-electoral, laboral y hasta educativa. Reformas algunas que han transitado la aprobación –no exentas de debate- en Congresos y estados hasta lograr el nivel de Constitucional. Las dos más importantes sin embargo, la energética y de telecomunicaciones, aún enfrentan debates y modificaciones entre los partidos en el Congreso.

Hoy la imagen y popularidad de Enrique Peña Nieto ha caído a niveles muy bajos para un Presidente en su primer cuarto de gobierno, muestra de que la ciudadanía ha cobrado ya el bono del nuevo gobierno y demanda cambios que se reflejen en sus bolsillos.

La economía mexicana por otro lado no avanza y aquí coincide el mal momento mundial, con una reforma fiscal que no ha logrado impulsar el crecimiento. A la gente se le dijo que pagaría más impuestos, pero que tendrían más ingresos por la inyección de dineros que haría el gobierno en la economía. Eso lamentablemente, aún no se ve con claridad.

En materia de seguridad, Peña ha enfrentado con valor y decisión los delicados escenarios de Michoacán, Tamaulipas y recientemente el Estado de México, con sonadas detenciones y arrestos como el del Chapo y otros líderes de organizaciones criminales. Con todo, los niveles de inseguridad y violencia no han disminuido como esperaban.

Peña ha desempeñado un gran trabajo a nivel internacional, retirando el tema de la inseguridad de la agenda al tiempo que colocaba a México nuevamente como un destino firme para la inversión. Sin embargo, no han llegado esos flujos de capital que activen la economía mexicana.

En suma, el balance es neutro, porque ciertamente alcanza niveles muy positivos en términos de cambio estructural con las reformas y las propuestas, pero negativo al mismo tiempo porque el crecimiento y el desarrollo se encuentran estancados.

Dos años complejos se avecinan, cuando los niveles de insatisfacción se eleven, y los beneficios de las reformas no se vean reflejados en la economía familiar y doméstica de millones de mexicanos.

Alto riesgo implica la estrategia política de apostar por el futuro, cuando no hay rédito inmediato y la imagen se deteriora.

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