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Es fácil hacer promesas, especialmente las que no se piensan cumplir.

Eso parece ser exactamente lo que la agencia de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) hizo con las nuevas políticas internas dadas a conocer hace una semana para responsabilizar a los agentes que utilizan la violencia en contra de inmigrantes.

Estos nuevos reglamentos surgieron después que una agencia federal y notas periodísticas criticaran a la patrulla fronteriza por mantener total silencio cuando sus agentes utilizan la violencia en contra de inmigrantes o sospechosos de narcotráfico.

Esta semana, un alto funcionario de la agencia enfatizó al Arizona Republic que los agentes pagarían y se harían investigaciones debidos en todo caso de violencia.

Pero unas cuantos horas después se rompió dicha promesa cuando un agente de la patrulla fronteriza acribilló a tiros a un sospecho de narcotráfico de Tucson.

Contrario a lo anunciado, la patrulla fronteriza ha mantenido total silencio en dicho caso sin dar ningún comentario y sin dar a conocer el nombre del agente involucrado.

¿Quién puede creer en dichas promesas?

De acuerdo a información de autoridades del Condado Pima y notas periodísticas, el agente de la patrulla fronteriza Daniel Márquez le disparó 9 balazos a José Luis Arámbula después que éste se diera a la fuga a pie.

Los agentes indicaron a los investigadores locales que Arámbula, un ciudadano estadounidense, hizo movimientos como si tuviera un arma.

Resulta que Arámbula, quien se sospecha traficaba drogas, no tenía ningún arma.

Sin lugar a duda, los agentes enfrentan peligros graves a lo largo de frontera pero el argumento aquí es la falta de transparencia pública cuando éstos matan.

Desde 2005, los agentes y oficiales de CBP han matado al menos a 42 personas, entre ellas 13 estadounidenses, según el Arizona Republic.

El problema aquí es que no sabemos qué tipo de investigaciones se realizan, si los agentes son disciplinados y simplemente continúan con su trabajo como si nada hubiese pasado.

Es fácil hacer pronunciamientos, pero cumplirlos es otra cosa.

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