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Este fin de semana se realizó en México la elección al interior del Partido Acción Nacional para elegir a su dirigente nacional. Como pronosticaban las encuestas y afirmamos en este mismo espacio, el vencedor resultó Gustavo Madero, el actual Presidente con licencia, que buscó reelegirse.

Derrotado fue Ernesto Cordero, ex secretario de Hacienda y de Desarrollo Social con Felipe Calderón, su delfín y aspirante presidencial que suma, con esta, su segunda derrota interna en el PAN. Es de fondo, una batalla entre el grupo Calderonista en sus afanes por extender su dominio y control del partido. Perdieron, y es la sentencia de muerte –por ahora, en política todo es posible- del grupo que encabeza el ex presidente Felipe Calderón.

Pero el tema que ha provocado intenso debate en México estos días, es la pretensión de los señores magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en obtener y casi asegurar una pensión vitalicia.

En México se otorga esta invaluable prestación, que consiste en seguir recibiendo su salario completo, a manera de pensión aún después de haber abandonado el puesto. La reciben pues los ex presidentes de la República, y los ex ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Es decir, los titulares de dos poderes: el ejecutivo y el judicial.

Ahora resulta que los señores magistrados, consideraron que la relevancia de su tarea justificaba aspirar a semejante prestación de por vida. Un auténtico exceso.

El señalado Tribunal (TEPJF) es el responsable de dirimir, analizar, estudiar, sancionar y fallar en todos los procesos electorales de México, ya sean federales o locales. Son los jueces responsables de custodiar la legalidad de toda elección y quienes califican que el proceso, conteo, actas y resultados finales tienen la pulcritud necesaria para ser declarados válidos.

No es un trabajo menor, especialmente en este país cuando cerca del 45% de los procesos electorales de los últimos años, se han resuelto en el Tribunal. A los partidos mexicanos, tan faltos de profesionalismo y transparencia, como de madurez política y compromiso auténtico con el servicio, les ha dado por denunciar todo resultado que no los beneficie.

Así las cosas, los mencionados magistrados, consideran su labor esencial para la vida política de esta naciente y aún inmadura democracia, por lo que intentaron primero, convencer a los Señores Ministros de la Suprema Corte, quienes les hicieron ver con toda claridad que su petición era insubstancial.

No conformes los magistrados (7 en total) acudieron al Congreso, y ahí si tuvieron eco y voces de apoyo, pues se ha aprobado una minuta previa que les otorga dicho beneficio.

Y no es accidental, pues los magistrados toman decisiones que afectan directamente la vida de los partidos, sus triunfos y derrotas, el reconocimiento de sus campañas, sus gastos y la legalidad de sus candidatos.

Caro han vendido su amor los magistrados, al comprometer su obligada imparcialidad jurídica, con el voto y apoyo de algunos congresistas.

A pesar de todo, la protesta e indignación es generalizada, por lo que parece improbable que en el pleno de la Cámara, logre ser aprobado el dictamen definitivo. Estaremos pendientes.

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