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Para los indocumentados y sus familias hemos llegado al borde del precipicio. Si el Congreso va actuar debe hacerlo rápidamente y si no lo hace el presidente enfrenta una decisión que requiere coraje y decencia. Nunca hemos dudado su decencia… ¿pero de su valentía?

Desde el Congreso escuchamos murmullos que una reforma migratoria todavía es posible. La Cámara de Comercio y organizaciones religiosas continúan presionando. Francamente no hay evidencia clara de que la Cámara de Representantes tenga la intención de considerar la reforma en esta sesión del congreso.

El presidente continúa afirmando que él no tiene la autoridad para detener las deportaciones. Los expertos legales están casi unánimemente de acuerdo que Obama tiene mucho más libertad de lo que confiesa públicamente. Observadores políticos creen que actualmente está considerando que tan dramática sería la acción que tendría que tomar para responder a la presión de la comunidad latina que lo apoyo en las elecciones del 2012.

Una modesta acción que el presidente podría tomar, es declarar que los indocumentados que son parte de una familia ya instalada aquí desde hace varios años no fuesen deportados. Otra acción podría ser no deportar a aquellas personas que fueron deportados anteriormente pero se regresaron. Actualmente esas personas son consideradas criminales y no son elegibles a para una residencia permanente. Estos pequeños pasos son bastantes para causar una explosión en la ala antiinmigrante del partido republicano, pero no serán suficientes para satisfacer las organizaciones que siguen exigiendo que el presidente detenga de manera definitiva la deportación.

Lo que la Red Nacional de Jornaleros (NDLON, por sus cifras en inglés), y los grupos de "dreamers" siguen demandando es que el presidente haga mas amplio el programa que el inicio en 2012 que paró las deportaciones y otorgó permisos de trabajo para aproximadamente 800 mil de los jóvenes que fueron traídos a este país cuando eran niños.

La demanda de NDLON es que se abra el programa para incluir a los padres indocumentados de estos jóvenes y también para los padres indocumentados de niños ciudadanos nacidos en este país. Se calcula que este cambio permitiría potencialmente que cinco millones de indocumentados permanezcan sin temor de deportación.

El siempre cauteloso presidente podrá optar por no tomar cualquier acción, en cuyo caso la presión por parte de latinos seguirá creciendo, el descontento contra él y a sus colegas demócratas crecerá más y más y su partido estará en peligro en las elecciones próximas.

El presidente siempre tendrá la opción de dar un paso fuerte y poner fin a esta situación. Me pregunto ¿cómo le gustaría a Obama ser recordado por las generaciones venideras? Tiene la oportunidad de ser recordado como el presidente que puso fin al desgastante problema de la reforma migratoria.

Pero si no actúa será recordado como el presidente que pasó sin pena ni gloria a pesar de las enormes esperanzas que fueron depositadas en él no sólo por su gran carisma, sino por sus promesas de campaña a la comunidad latina.

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