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Biografía del columnista

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Después de 15 largos días, los helguistas terminaron — por ahora— su afanosa misión. Estuvieron en un pequeño campamento de carpas instalado en la acera pública, frente a las oficinas del Departamento Federal de Inmigración. En medio del frío y la lluvia pacíficamente y silenciosamente pidíeron justicia para sus familiares encarcelados no sean deportados.

Los días de los huelguistas transcurrieron en oración, mientras alimentaban la esperanza de llegar al corazón de la burocracia, orando con fe para que el Presidente Barack Obama, finalmente suspeda las deportaciones.

Durante 10 días soportaron hambre, quizá no la peor de sus vidas, pero sin duda una hambre voluntaria, forzada por el sufrimiento que les está provocando una situción que se ha vuelto insostenible en sus vidas.

Durante la noche del décimo día la policia de Phoenix se presentó de improviso, eran más de sesenta oficiales vestidos con uniformes oscuros y fuertemente armados, desmontaron sin aviso previo las tiendas; destruyeron todo en el campamento y detuvieron a los organizadores.

La organización Puente, que asistió siempre a los huelguistas, comentó que los oficiales de policia dejaron solo el altar a la Virgen que los huelguistas habían contruido para hacer oración.

Es evidente que la incursión fue ordenada. Me pregunto si por el jefe de la policía, Daniel García, quien por cierto en su biografía oficial dice estar "comprometido a la nobleza de la policía. Él dice que la comunidad tiene a la ley en alta consideración y con eso compromete a la policia de mantener un alto estándar ético". Si ese es el caso, quiza el jefe de policia falló esa noche.

Se usó el pretexto de que las tiendas estaban en propiedad privada. Según García al menos la mitad de la acera frente al edificio federal pertenece a un privado. Supongo que el verdadero motivo fue que los federales querían deshacerse de la vergüenza que la huelga les causaba.

Queda claro que García estuvo dispuesto arriesgar su relación con la comunidad por mantener una buena amistad con sus compañeros policías. Los huelguistas no habían molestado a nadie, la suya era una presencia tranquila apoyada en la oración. Así tranquilamente la policía podría haber comunicado con ellos.

La huelga de hambre ha terminado, pero los huelgistas siguen pidiendo que el presidente ponga un alto a las deportaciones. Esperan que su esfuerzo no haya sido en vano.

Me pregunto si entre los que deciden este debate migratorio hay alguien que entiende el significado pasar hambre a cambio de libertad, de justicia de derechos y respeto.


Alfredo Gutierrez fue legislador estatal.

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