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Biografía del columnista

El 5 de septiembre del 2012, mientras lanzaba para los Atléticos, el ahora pitcher de los D-backs Brandon McCarthy recibió un fuerte pelotazo en la cabeza producto de una línea conectada por el dominicano de los Angelinos Erick Aybar e inmediatamente fue trasladado al hospital donde tuvo que ser operado de emergencia para disminuir la presión sobre su cerebro causada por un sangrado interno. Luego, en junio del 2013, el lanzador derecho sufrió una convulsión que los médicos dijeron estaba relacionada con el pelotazo que recibió en su cabeza.

En Toronto, el zurdo J.A. Happ era retirado del diamante en una camilla tras ser golpeado por una línea en el parietal izquierdo de la cabeza. Los compañeros de Alex Cobb veían lo que ocurría en Tampa Bay con horror mientras el derecho se retorcía del dolor en la lomita. Estos tres casos no sólo nos recuerdan lo peligroso que puede ser el béisbol para los lanzadores, pero nos recuerda que este deporte tiene la obligación de hacer lo posible para protegerlos.

Entonces, cuando Grandes Ligas anunció recientemente la aprobación de una gorra con un refuerzo especial que protegerá las cabezas de los lanzadores de bolas conectadas en su dirección, creíamos que era una gran noticia... Pero ahora resulta que ningún lanzador de Grandes Ligas –hasta ahora- quiere utilizar esta gorra.

"Yo no me la voy a poner en su forma actual", declaró el propio McCarthy. Se trata de una declaración contundente de parte de un hombre que se ha convertido en el mero ejemplo del riesgo que cada lanzador toma cada vez que la pelota sale de su mano. La cosa es que esta nueva gorra protectora, que estará disponible para ser probada voluntariamente en los campos de entrenamiento esta primavera, es más grande y pesada que la tradicional, lo que la hace incómoda. Además, no será reglamentario que los jugadores de las mayores y las menores la usen.

¿De qué está hecha? Las placas de seguridad fabricadas por la compañía isoBLOX van cosidas a la gorra y se ajustan a la medida. Tienen un peso extra de entre 160 y 170 y protegen la frente, las sienes y la parte lateral de la cabeza. Con esa protección el grosor de las gorras aumenta 2.5 centímetros en el frente y otros 2.5 en los lados. Supongamos que un jugador no la utiliza, y supongamos que él mismo termina siendo uno de los que corre con mala suerte. Supongamos que se convierte en el próximo Brandon McCarthy o Alex Cobb. Después, mientras espera y le pide a Dios que su cabeza se cure exitosamente, ¿no se preguntará si debió haberse puesto esa gorra? Ofrece protección verdadera. Mientras alguien decide usarla, la aprobación de esta gorra protectora no es mas que un paso hacia adelante en la dirección correcta, una decisión bien acertada por parte de Major League Baseball.

El autor es productor editorial para los servicios de Grandes Ligas: MLB.com * LasMayores.com. Correo electrónico: carlozmlb@aol.com