En Washington hablará ante una sesión conjunta del Congreso el 24 de septiembre, seguida de un discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, y de una misa al aire libre en el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia.

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NUEVA YORK, NY.- Cuando el papa Francisco aterrice en la Base Andrews de la Fuerza Aérea, cerca de Washington, el 22 de septiembre, no sólo será la primera vez que visite Estados Unidos como el máximo jerarca de la Iglesia católica. También será la primera vez que toque el suelo estadounidense.

El excardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, nunca siguió los pasos de otros prelados que viajaban a Estados Unidos con el fin de darse a conocer, conseguir dinero para sus obras y misiones de caridad, o cabildear en la poderosa, influyente y acaudalada iglesia estadounidense.

Este hueco en su historial puede explicarse en parte por la personalidad de Francisco. Era un individuo circunspecto que aborrecía alejarse de casa, y sentía la profunda obligación de estar cerca de los fieles de su arquidiócesis. También era conocido por su oposición al arribismo, y condenaba a los "obispos de aeropuerto" que pasaban más tiempo viajando para su propia promoción o esparcimiento que para servir a su feligresía.

Aun así, su falta de compenetración con Estados Unidos es de notar para muchos, en especial para aquellos que tratan de tolerar su implacable crítica hacia los excesos del capitalismo global y se preguntan si este primer papa latinoamericano siente rencor por las políticas estadounidenses hacia su región natal, Latinoamérica.

"Este viaje a Estados Unidos será el más difícil, el más desafiante y el más interesante, porque explorará un mundo que para él es más extraño que Asia, que las Filipinas", a donde Francisco viajó en enero, dijo Massimo Faggioli, un experto en historia eclesiástica de la Universidad de St. Thomas en Minnesota. "No es solo una barrera de lenguaje. Es una barrera cultural".

El obispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, uno de los principales asesores de Francisco en el Vaticano, refutó la noción de que al papa le disguste Estados Unidos. La visión del papa de que un sistema económico global enfocado en maximizar las ganancias está destruyendo a los pobres y al medio ambiente no fue bien recibida en un país considerado como la sede mundial del capitalismo.

Sánchez Sorondo insistió en que Francisco no es anticapitalista, y dijo que el papa admira a Estados Unidos por los principios de sus Padres Fundadores, quienes influyeron en el movimiento de independencia en su natal Argentina.

Pero la postura de Francisco también está moldeada por otra historia, que incluye la relación de Estados Unidos con dictadores latinoamericanos, el trato que da Estados Unidos hacia los inmigrantes mexicanos y centroamericanos, y la añeja política estadounidense hacia Cuba, dijo Sánchez Sorondo.

Francisco ayudó recientemente a negociar una histórica distensión en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos que ha llevado a la restauración de lazos diplomáticos entre los países.

"No creo que el papa tenga nada contra Estados Unidos", dijo Sánchez Sorondo en entrevista en Roma. "Lo que papa quizá tenga es que él sintió las repercusiones de Estados Unidos en América Latina".

La situación es también completamente inédita para los católicos estadounidenses, acostumbrados a los predecesores inmediatos de Francisco: Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes vivieron la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses eran consideradores libertadores y benefactores generosos que reconstruyeron un continente destrozado por la guerra.

Cuando Juan Pablo II era el cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, Polonia, viajó por todo Estados Unidos, en especial hacia comunidades de polaco-estadounidenses. Como papa, encontró puntos en común con los estadounidenses, como la lucha contra el comunismo.

Por su parte, Benedicto XVI, antes cardenal Joseph Ratzinger, de Alemania, había sido el guardián de la doctrina de Juan Pablo II por más de dos décadas, y no solo visitó Estados Unidos, sino que se reunió con líderes eclesiásticos estadounidenses de manera regular en Roma.

En 2008, en la única visita de Benedicto XVI a Estados Unidos como pontífice, el presidente George W. Bush lo recibió en la Casa Blanca, donde el papa terminó su mensaje con la frase "Dios bendiga a Estados Unidos". Esa rúbrica fue tomada por muchos europeos y otros como una sorprendente aprobación a la idea de la excepcionalidad de Estados Unidos, dijo Faggioli.

"El papa Francisco —sus raíces culturales, su formación— es completamente diferente", dijo Faggioli.

Entre esas experiencias estuvo la crisis económica argentina de 2001, que provocó protestas, desempleo y una rápida sucesión de presidentes mientras el gobierno trataba de controlar sus enormes deudas. Bergoglio estuvo involucrado en tratar de ayudar a los argentinos y a sus gobernantes a salir del embrollo, que muchos atribuyeron a las políticas de libre mercado promovidas por Estados Unidos.

Ese colapso podría haber fácilmente apremiado a Bergoglio a visitar Estados Unidos. Es común que los líderes extranjeros envíen un cardenal local como emisario informal para "asegurarse de que la gente de Washington, y los obispos estadounidenses entiendan las repercusiones" de las políticas de Estados Unidos en el extranjero, dijo el reverendo Thomas Reese, un analista del periódico National Catholic Reporter y autor del libro "Inside the Vatican".

Pero ese papel habría sido impensable para Bergoglio. Tenía relaciones muy tensas con la clase gobernante de Argentina, y con frecuencia los desafiaba abiertamente en foros nacionales a abandonar el interés propio y hacer más por los desprotegidos y los indefensos.

"No es como si él pudiera reunirse con ellos y decir: 'Muy bien, esta es nuestra estrategia, vayamos a Washington a cabildear estas cosas'. Con frecuencia no se hablaban", dijo Reese.

Sin embargo, la creencia sobre lo que para Francisco significa ser un pastor es quizá el principal factor que lo mantuvo lejos de Estados Unidos, dicen expertos.

Como todos los jesuitas, Bergoglio prometió que no buscaría subir de puesto en la iglesia. Es el primer jesuita en los 481 años de historia de la orden religiosa que es elegido como papa. Su nombramiento como obispo auxiliar de Buenos Aires fue una sorpresa para él y para los católicos argentinos, la mayoría de los cuales jamás habían oído hablar de él, de acuerdo con Austen Ivereigh, autor de "The Greater Reformer: Francis and the Making of a Radical Pope".

Conocido como "el papa de los pobres", Francisco pasó mucho de su tiempo como arzobispo en los barrios marginados de Buenos Aires. Sus vacaciones, por lo general, significaban quedarse en su departamento y leer, tal como lo hizo durante sus vacaciones en Roma este verano.

No le gusta mucho viajar al extranjero. En la década de 1980, cuando Bergoglio fue enviado a Alemania unos meses para estudios doctorales, sentía tanta nostalgia que pasaba algunas noches mirando los aviones que despegaban del aeropuerto rumbo a Argentina, escribió Ivereigh.

"No me sorprende nada que no haya estado aquí", dijo el reverendo Matt Malone, editor en jefe de la revista jesuita America, afincada en Nueva York. "Su vida entera ha estado dedicada al pueblo de Argentina y Sudamérica".

En una sesión de preguntas y respuestas con reporteros efectuada en julio, Francisco dijo que pasaría las semanas previas a su visita a Estados Unidos "estudiando" para el viaje. En el pasado, ha expresado cierta incomodidad con el idioma inglés, pero ha dado discursos bien articulados —y bien recibidos— en inglés en dos viajes: en Corea del Sur y durante su gira Sri Lanka-Filipinas este año. En Estados Unidos, hablará tanto en inglés como en español.

Su introducción a Estados Unidos comenzará en Washington, donde hablará ante una sesión conjunta del Congreso el 24 de septiembre, seguida de un discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, y de una misa al aire libre en el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia.

Pero la jornada inicia antes y en un lugar mucho más familiar, en Cuba, donde del 19 al 22 de septiembre marcará la nueva era de la relación entre la isla y Estados Unidos. De ahí viajará a Norteamérica.

"El corazón de Francisco pertenece al Tercer Mundo y al Hemisferio Sur, pero tiene un estilo para pregonar el Evangelio que es muy atractivo para las personas de Estados Unidos", dijo Reese. "Creo que habrá una respuesta abrumadora del pueblo estadounidense hacia él. Creo que los cautivará".

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