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El presidente Barack Obama ha prometido una campaña para "destruir" al Estado Islámico (EI), pero el cuidadoso tono de sus declaraciones ha aumentado las suspicacias de políticos y analistas, que ven en su retórica el reflejo de una falta de estrategia clara contra los yihadistas.

El asesinato del periodista estadounidense Steven Sotloff trece días después del de su compatriota James Foley ha aumentado el consenso de que los ataques aéreos en Irak no bastan para vencer al EI, y cada vez son más los que se impacientan ante el retraso de la Casa Blanca en actualizar su táctica.

"He aprendido una cosa de este presidente, y es que es muy cauto, quizá demasiado cauto en este caso (de la amenaza del EI)", indicó recientemente la presidenta del Comité de Inteligencia en el Senado, la demócrata por California Dianne Feinstein.

La reacción de Obama al asesinato de Sotloff desde Estonia, donde prometió que "se hará justicia", contrastó con la del vicepresidente Joe Biden, horas después, mucho más rotunda, al sentenciar que perseguirá a quienes hagan daño a estadounidenses "hasta las puertas del infierno, porque el infierno es donde residirán".

El mandatario también confundió a la prensa al afirmar que su plan es "degradar y destruir" al EI, para indicar poco después que pretende reducir al grupo yihadista a una amenaza "manejable", lo que obligó al secretario de Defensa, Chuck Hagel, a clarificar poco después que el objetivo es en efecto acabar con el grupo yihadista.

Obama, el presidente reflexivo por antonomasia, ha definido buena parte de su política exterior en contraste a lo que percibe como una catastrófica precipitación de su predecesor, George W. Bush, que llevó al país a una guerra en Irak sin una estrategia clara.

"Creo que Obama está rebajando deliberadamente su retórica", dijo a Efe Gordon Adams, un experto en diplomacia estadounidense en la American University (AU) de Washington.

"Una retórica de guerra convertiría a Estados Unidos en un actor en un conflicto que comenzó hace siglos y que no se resolverá pronto", añadió Adams, para quien Obama "hace bien en ser cauto".

Pero cada vez son más los demócratas que, como Feinstein, exigen una estrategia para combatir al EI también en Siria, y sospechan que el mandatario no se toma al grupo yihadista demasiado en serio.

El pasado enero, en una entrevista con la revista The New Yorker, Obama comparó a los yihadistas de Irak con "un equipo universitario" de baloncesto, y dijo que "no solo porque se pongan uniformes de (Los Ángeles) Lakers se convierten en Kobe Bryant", trazando una brecha entre su amenaza y la que llegó a suponer Osama Bin Laden.

La Casa Blanca ha negado desde entonces que Obama se refiriera explícitamente al EI, pero esas declaraciones, unidas a su reciente afirmación de que aún no tiene "una estrategia" contra ese grupo en Siria, han condicionado la forma en que muchos interpretan la respuesta del Gobierno al grupo extremista.

Mientras cada vez más republicanos en el Congreso llamaban a atacar al EI también en Siria, Obama ha intentado contrarrestar los mensajes alarmistas sobre el alcance del grupo extremista.

"Sí, Oriente Medio es complicado, pero la verdad es que lleva mucho tiempo siendo complicado. Les prometo que las cosas son mucho menos peligrosas ahora que hace 20, 25 o 30 años. Esto no es algo comparable a los retos que afrontamos durante la Guerra Fría", dijo Obama en un encuentro con donantes el pasado viernes.

Para el columnista Dana Milbank del Washington Post, ese mensaje no cumple su objetivo de "tranquilizar" a los estadounidenses, que "se preocuparían menos si el presidente se preocupara más" por el avance del EI.

"Probablemente sea cierto que la amenaza de radicalización interna es mayor en Europa que en Estados Unidos, pero el optimismo de Obama chirría en comparación con el estado de ánimo de los aliados de la OTAN con los que se reunirá esta semana", escribió Milbank el miércoles en el diario.

Para Obama, parece más prioritario construir una coalición global contra el EI, con aliados como Turquía, Jordania o Arabia Saudí como protagonistas, convencido de que la solución al conflicto no es solo militar ni depende principalmente de Estados Unidos.

Esa lección no se extrae solo del conflicto de Irak, sino de las incursiones en Afganistán y Vietnam que, según Adams, demostraron que "el uso aleatorio de la fuerza no acaba con las insurgencias".

"Este es un tema que acabará definiendo en parte la presidencia de Obama, y lo peor es que Estados Unidos no va a determinar el resultado. Es una lucha interna en Oriente Medio, y solo en Oriente Medio se encontrará la solución. La imagen de Obama quedará marcada por acontecimientos que no controla", opinó Adams.

Getty Images

Barack Obama ha definido buena parte de su política exterior en contraste a George W. Bush, que llevó al país a una guerra en Irak sin una estrategia clara.

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