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Las palabras salen de su boca articuladamente, con cuidado, como si estuviera descubriendo un secreto.

"Para mí ... sí, se puede, significa nunca perder la esperanza". Así lo expresa María Romero-Morfin, con voz firme y fuerte, agitando sus manos durante su conversación. "Siempre hay que procurar ir hacia adelante".

Romero-Morfin tiene sólo 19 años. Ella sabe lo que es perseguir un sueño, alcanzarlo y ver como se puede deshacer entre los dedos.

Ese es el tipo de experiencias del cual muchos padres desearían proteger a sus hijos adolescentes para evitarles una decepción.

Sin embargo, Romero-Morfin renunció a sus sueños por sus padres. Ella no los culpa.

"Nunca hay que detenerse en el pasado. Nunca hay que decir no puedo hacerlo. Siempre hay que decir sí se puede", mencionó Romero-Morfin y agregó "usted puede hacer la diferencia. Puede ser alguien en la sociedad".

Hace tres años, Romero-Morfin cursaba la preparatoria Chandler, momento en el cual se les encomendó investigar y enviar sus solicitudes de ingreso a diversas universidades.

Romero-Morfin leyó acerca de Harvard y los presidentes y líderes mundiales que habían estudiado allí. Ella sabía que incluso con un promedio de 3.8 podría ser aceptada en la reconocida liga IVY (universidades privadas de excelencia) y aunque pareciera una remota posibilidad no era imposible.

Ella sabía que su dedicación y empeño valían la pena para asistir a Harvard, sin embargo estaba consciente que sería doblemente difícil por su situación familiar.

Los padres de Romero-Morfin son originarios de México y no hablan inglés. Su lengua materna es el español.

Sus estudios iniciaron más tarde de lo convencional debido a que tenía que apoyar a su padre en el negocio de la jardinería, y a la vez a su madre para cuidar niños. Sus estudios estuvieron confinados a los fines de semana cuando no estaba de voluntaria en su iglesia católica. Y a pesar de las burlas de sus compañeros por su acento a la hora de pronunciar el inglés, ella siguió estudiando.

Romero-Morfin pensaba al interior ¿por qué no perseguir el sueño de ingresar una universidad del Ivy League? lo único que me puede pasar es que me digan usted no fue aceptada".

Ella envió la solicitud por correo y espero pacientemente. Narra que los meses pasaron y un buen día la carta llego. Harvard la había aceptado. Fueron sus padres los que dijeron que no.

La inspiración

"Sí, Se Puede". La reconocida activista Dolores Huerta, de 83 años, repite tales palabras familiares como si estuviera cantando el estribillo de una vieja canción.

Huerta es cofundadora, junto con el líder César Chávez, del Sindicato de Campesinos de América (UFW, United Farmers Workers). Desde que nació el dicho, no hay un día en estos últimos 42 años en los cuales estas tres palabras no pasen por su cabeza o salgan de su boca.

"Yo lo uso a cada momento, todos los días", dice Huerta al referirse a ellas como una inspiración en su lucha por la reforma migratoria, los derechos de las mujeres, los derechos de trabajadores, derechos LGBT (en referencia a la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales).

La frase "Sí, Se Puede" con la cual se identifica a Chávez, ha adquirido vida propia. "Quedó enraizado en el poder de la creencia de que la determinación humana puede romper cualquier barrera", dice Huerta.

Menciona que el poder de esas tres palabras es grandioso ya que después de tantos años, estas pertenecen lo mismo a la joven estudiante de Chandler, Romero-Morfin; como a un trabajador agrícola o para el futuro Presidente de la nación.

"Sí, se Puede. Sí, se puede". Para Diane Lundahl , consejera de Romero-Morfin y profesora de español de la escuela preparatoria, repite frente a todos este lema, una con acento y otra sin el y cita que "la diferencia radica en una lección gramatical y la otra cultural".

"Sí, se puede". "Todo lo que pude fue llorar", explica Romero-Morfin, "sentí mis sueños derrumbarse".

La joven podría haber dicho a sus padres que se iba a Harvard con o sin su bendición, pero eso habría significado dejar a su padre solo al frente del negocio de la jardinera en momentos de enfermedad. "Somos una familia muy unida".

En lugar de asistir a Harvard, Romero-Morfin decidió acudir al Colegio de la Comunidad Chandler-Gilbert. Obtuvo un calificación de excelencia con 3.8. Llegado el momento, el año pasado tuvo que solicitar su transferencia a una universidad de cuatro años para poder terminar su licenciatura.

No importa que escuela la acepte, para Romero-Morfin el siguiente paso es continuar su educación y concluye diciendo "estoy convencida que puedo hacer más por mi familia con un título universitario".

Traducción: Cordova & Partners

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