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MEXICO, DF -- Dueño de una belleza impresionante, hogar de una colección permanente de obras maestras y testigo de los mayores honores en la comunidad artística mexicana, el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México cumple 80 años y se siente más como el cumpleaños de un abuelo artista que de un edificio de frío mármol.

El Palacio, como lo llaman cariñosamente los habitantes de la ciudad, es en sí una obra de arte. Con esculturas Art Nouveau en su exterior como "La juventud" del francés André Allar (que se encuentra a la izquierda de la entrada principal) o las impresionantes piezas del italiano Leonardo Bisolfi "La armonía", "El beso", "El dolor" y "La tristeza" (ubicadas en el tímpano sobre la entrada principal).

En su interior se encuentra el Teatro Nacional de México, así como una serie de murales creados por Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y Jorge González Camarena. Además el Museo del Palacio de Bellas Artes ha realizado exposiciones de los mayores artistas, desde El Greco y Goya hasta Picasso, Edward Munch, Andy Warhol, Fernando Botero, Henry Moore y Louise Bourgeoise por mencionar sólo algunos.

El Palacio de Bellas artes es una síntesis de los cambios que conformaron al México actual. Su exterior, creado durante la el régimen de Porfirio Díaz, demuestra el gusto eurocéntrico que dominó al país a finales del siglo XIX y principios del XX. El interior contrasta totalmente al ser Art Déco con motivos indígenas que buscaban exaltar la cultura mexicana tras la revolución en la que México se creó una nueva estética a partir de sus raíces autóctonas.

La obra del que sería el Nuevo Teatro Nacional comenzó a realizarse bajo la supervisión del arquitecto italiano Adamo Boari en 1904. Originalmente se pensó que la obra tomaría cuatro años, pero desde sus inicios enfrentó inconvenientes, por lo que Porfirio Díaz colocó la primera piedra el 12 de abril de 1905. La revolución iniciada el 20 de noviembre de 1910 provocó demoras y finalmente la suspensión de la obra cuando Boari tuvo que salir del país en 1916.

En los años 20, tras la conclusión de la revolución, se pudo usar parcialmente, aunque no estaba terminado. Finalmente el presidente Pascual Ortiz Rubio, el 13ro tras la caída de Díaz, pudo ordenar la terminación del edificio, encomendada al arquitecto mexicano Federico Mariscal. El palacio terminado abrió sus puertas el 29 de septiembre de 1934.

Desde entonces ha recibido a Pina Bausch, Plácido Domingo y María Callas, como así también a Juan Gabriel, Lola Beltrán y Chavela Vargas. En él se realiza la entrega de los Premios Ariel y la Medalla Bellas Artes a los artistas más destacados del país. El famoso incidente del puñetazo de Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez ocurrió ahí y años más tarde se realizó en el Palacio el funeral de García Márquez, como décadas antes el de Frida Kahlo. Un palacio singular sin el cual no podría explicarse el arte en el país.

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