El triunfo de Trump sobre Hillary Clinton, anunciado poco después de la medianoche del miércoles, pone fin a ocho años de dominio demócrata en la Casa Blanca

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WASHINGTON - Donald Trump está encaminado a ser el 45to presidente de Estados Unidos, tras una asombrosa victoria electoral por parte de un hombre totalmente ajeno a la política y que se valió de las tensiones sociales y raciales del país y sobrevivió a una tanda de acusaciones de acoso sexual.

El triunfo de Trump sobre Hillary Clinton, anunciado poco después de la medianoche del miércoles, pone fin a ocho años de dominio demócrata en la Casa Blanca. Gobernará con un Congreso totalmente en manos de los republicanos y a un país agriamente dividido tras la rencorosa campaña electoral. Deberá enfrentar también las divisiones dentro de su propio partido, pues muchos republicanos o no lo apoyaron o lo hicieron sólo con reservas.

Al declararse ganador, Trump exhortó a los estadounidenses a “unirse como un solo pueblo”.

Clinton, quien albergaba esperanzas de ser la primera mujer en ocupar la presidencia estadounidense, llamó al republicano para felicitarlo. En el voto popular le llevaba la ventaja a Trump, aunque algunos estados aun hacían el escrutinio.

Los mercados financieros mundiales cayeron en picada la mañana del miércoles, aunque luego se recuperaron, reflejo de la inquietud de los inversionistas sobre las implicaciones de tener a Trump en la Oficina Oval. El promedio industrial Dow Jones no varió en la apertura de la bolsa de Nueva York.

El presidente Barack Obama llamó a Trump para felicitarlo e invitarlo a la Casa Blanca para hablar sobre la transición el jueves. Obama también llamó a Clinton para expresarle su admiración por “la campaña tan fuerte que libró en todo el país”, dijo el portavoz presidencial Josh Earnest.

Obama hablará más tarde al país para hablar de “qué medidas podemos tomar como país para lograr la unidad tras esta campaña tan reñida”, dijo la Casa Blanca.

Trump, quien gran parte de la campaña animó a su público a gritar “¡Clinton a la cárcel!” dijo que el país “está sumamente agradecido” a la ex primera dama y ex senadora por sus años de servicio público.

Trump arrasó incluso en baluartes demócratas como Pennsylvania y Wisconsin, que no votaban por un republicano desde la década de 1980. Para ganar tenía que ganar todos los estados en disputa, y así lo hizo, incluyendo Florida, Ohio, Carolina del Norte y más.

Empresario de bienes raíces neoyorquino que vive en un lujoso ático en Manhattan, Trump forjó una sorprendente conexión con estadounidenses blancos de clase obrera que sienten haberse quedado atrás en un país con una economía cambiante y cada vez más diversificado. Presentó la migración, tanto la procedente de Latinoamérica como de Oriente Medio, como la raíz de muchos de los problemas que afectan al país y canalizó el temor al terrorismo dentro y fuera del país.

Candidatos republicanos al Senado vencieron sobre demócratas en estados clave como Carolina del Norte, Indiana y Wisconsin. Los republicanos también seguían controlando la Cámara de Representantes.

Contar con el control del Senado supone que Trump tendrá mucha libertad en el nombramiento de jueces de la Corte Suprema, lo que podría acarrear un importante viraje a la derecha que durará décadas.

Trump ha prometido cambios radicales en la política exterior estadounidense, como por ejemplo la construcción de un muro fronterizo con México y suspender la inmigración de países donde haya terrorismo. Alabó al presidente ruso Vladimir Putin y se mostró a favor de tener una mejor relación con Moscú, causando inquietud entre los mismos republicanos de que será demasiado solícito con el líder ruso.

En su camino a la Casa Blanca, Trump se saltó años de convencionalismos políticos, dedicando duros insultos personales a sus rivales, calificando a los migrantes mexicanos de violadores y asesinos y prometiendo suspender temporalmente la entrada de musulmanes a Estados Unidos. No hizo públicos sus registros fiscales — rompiendo otra tradición de campaña — dejó a un lado el robusto trabajo de campo que ayudó a Obama a ganar dos elecciones presidenciales, confiando en su lugar en multitudinarios mítines para alentar a sus partidarios. Su campaña se vio salpicada frecuentemente por el caos, y tuvo tres directores este año.

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