Las apariciones del santo padre fueron un ejemplo de paz y adoración. Pero tanto sus palabras, como el ánimo de las multitudes que se agolparon para escucharlo, estuvieron signados por la violencia por las drogas que ha calado hondo en México

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CIUDAD DE MÉXICO — En una visita sin precedentes, el primer papa latinoamericano se reúne con líderes políticos y religiosos de América Latina y celebra misa en el centro de la devoción católica del subcontinente. La expectativa era grande por saber qué mensaje intentaría dejar su santidad en su cuarta visita oficial al Nuevo Mundo.

Al término del ajetreado periplo del papa por la capital mexicana, el viaje había puesto sobre la mesa un tema tan importante y complicado como la propia Iglesia católica.

Los discursos enunciados por el santo padre el sábado ante los líderes políticos, los obispos y los fieles que asistieron a la misa en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe fueron un ejemplo de paz y adoración. Pero tanto sus palabras, como el ánimo de las multitudes que se agolparon para escucharlo, estuvieron signados por la violencia por las drogas que desde hace tiempo ha calado hondo en distintos sectores de la sociedad mexicana.

Una y otra vez, ante distintos públicos, el sumo pontífice dejó claro su mensaje.

A los líderes políticos, les advirtió que una sociedad egoísta se convierte en "terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte".

A los obispos mexicanos que acudieron a escucharlo les exigió un "coraje profético" para recuperar las áreas devastadas.

En la misa nocturna, pidió esperanza para "el corazón sufriente pero resistente" de tantas familias que han perdido a sus hijos a manos de la violencia y el crimen.

Mientras el papamóvil llevaba al papa Francisco de un evento a otro, las multitudes se extendían de un horizonte a otro. La atmósfera fue siempre festiva, llena de júbilo y pacífica, mientras miles de policías y guardias de seguridad patrullaban las calles, y la policía militar, de uniforme verde, hacía guardia con grandes armas automáticas.

FOTOS: ECATEPEC, UN BARRIO DE POBREZA Y VIOLENCIA:

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Casi todos se encontraban allí principalmente por la devoción espiritual que despierta el líder de la Iglesia católica. A medida que el papa hablaba, parecía reflejar la frustración que muchos mexicanos han expresado en los últimos dos días: el sentimiento generalizado de la existencia de corrupción en el gobierno y la incapacidad de las autoridades para controlar años de violencia organizada.

En las interminables avenidas de la ciudad, los mexicanos tenían la misma esperanza y rezaban desesperadamente para que la visita de su santidad trajera paz al país al generar una mayor conciencia espiritual entre los líderes del gobierno y quienes participan en actividades delictivas y el tráfico de drogas.

“Son buenas personas, pero se vuelven malos. ¿Por qué? Por la economía”, declaró Raybel Paredes, un chofer de 35 años que esperaba ver pasar al santo padre. Paredes vive en Ecatepec, el superpoblado barrio de clase trabajadora donde, en la misa que ofrecerá el domingo, es probable que el papa aborde un tema similar. En lugar de esperar para ver al papa cerca de su casa el domingo, Paredes salió a las 4 a. m. junto a su esposa y varios familiares y una hora más tarde ya estaban en Ciudad de México para asegurarse un buen lugar en el trayecto del papamóvil. Paredes dijo que le daba más seguridad venir a Ciudad de México, donde sabía que habría suficientes policías, que ver al papa en Ecatepec. Contó que allí los secuestros, asesinatos, extorsiones, robos y asaltos son tan comunes que la mayoría de la gente no sale de casa una vez que cae la noche.

"Salir de casa para ir a trabajar es una aventura", relató Paredes. "Uno no sabe si va a regresar vivo”.


Sorpresas y alegrías de una visita papal

El papa también mostró poca reticencia a salirse del guion. Fiel a su estilo, incluyó al menos un pasaje que llamó la atención y probablemente acapare los titulares de los medios católicos.

Durante su discurso en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, les dio a los obispos un consejo improvisado para enfrentar las disputas internas y las competencias políticas en el grupo que gobierna la iglesia del país.

"Si tienen que pelearse, peléense. Si tienen que decirse cosas, díganselas", les dijo a los obispos. "Pero como hombres, en la cara. Solo asegúrense de mantener la unidad del cuerpo episcopal. Pero como hombres de Dios, recen juntos. Y si se pasaron de la raya, pidan perdón".

Este fue el primer comentario pintoresco en esta visita de cinco días, que lo llevará de un extremo del país al otro. No se esperaba que fuera el último.

El sábado, el sumo pontífice puso el acento en la violencia que, según varios cálculos, ha dejado miles de muertos además de miles de desplazados.

El primer discurso del día lo dio ante funcionarios del gobierno, incluidos gobernadores estatales, en el Palacio Nacional, la sede del Poder Ejecutivo.

Refiriéndose a sí mismo como un “misionero de misericordia y paz”, el papa Francisco pidió a los políticos que trabajaran en pro del bien común y dejaran de lado el "individualismo".

“Cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”, afirmó.

Más tarde, habló en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, la sede de la autoridad de la Iglesia en la región, e instó a los obispos de México a "no subestimar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la sociedad mexicana".

Les pidió que trabajaran con las familias, las comunidades y los grupos políticos y de seguridad.

“La magnitud de este fenómeno, la complejidad de sus causas, la inmensidad de su extensión... no nos consienten a nosotros, pastores de la iglesia, refugiarnos en acusaciones anodinas”, expresó. “Exigen un coraje profético y un serio y cualificado proyecto pastoral”.

Mientras hablaba, las multitudes se agolpaban en la calle que conduce a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, un importante lugar de peregrinación, denominado así en honor a la amada y muy venerada santa patrona de México. Los fieles creen que en 1531, la Virgen María se apareció en el lugar, en el Cerro del Tepeyac, a un campesino llamado Juan Diego para dejar un mensaje de esperanza que se ha transmitido desde entonces.

Hugo Vázquez, un constructor de 48 años que viajó solo durante dos horas desde el estado de Tlaxcala, expresó que si bien la violencia por las drogas no lo afecta directamente, comparte la misma frustración de quienes la viven en carne propia. Espera que la visita del papa provoque un cambio en México y "ponga fin al crimen y la violencia, porque las organizaciones criminales están afectando a todo el país".

¿Cómo podría la visita de la máxima autoridad de la Iglesia católica generar un cambio?

"El cambio depende de cada uno", dijo. "Nadie garantiza que una persona puede cambiar a la gente, pero (con sus palabras) puede acercar más a las personas a la fe para que puedan cambiar".

Al costado de la calle, el obispo Bryan Bayda, de 54 años, abrió su teléfono celular para mostrar unas fotos donde se lo podía ver saludando al papa Francisco en el Vaticano. Bayda dice que ha estrechado manos con un papa en siete ocasiones: en seis con Francisco y en una oportunidad a Benedicto, como obispo de la Iglesia católica ucraniana. Esta vez quería estar aquí, en Ciudad de México, para ver pasar al sumo pontífice.

"Me gusta el entusiasmo de la gente", remarcó.

Jacoba Luisa Hernández Vega, de 65 años, se sentó en un banquito a la sombra y se dejó abrazar por su nieta. Inclinándose hacia adelante, besó tiernamente una foto a color del papa Francisco. Cuando el Jeep del santo padre finalmente pasó a su lado, la emoción la desbordó. "No podía parar de llorar", dijo. "De alegría. Principalmente de alegría".

Jacoba ha sufrido dos ataques cardíacos, las piernas le duelen y ya no tiene más fuerza para caminar muy lejos. "Le pedí al papa por mi salud", relató. "Y también que perdonara mis errores".

La última gran aparición del día

Durante la homilía en la misa nocturna, el papa Francisco brindó su apoyo a las familias afectadas por la violencia que se vive en México.

Habló de cómo, a través de la aparición en 1531, Dios despertó la esperanza en la gente y eso llega hasta la actualidad. Dijo que esperaba que eso también ocurriera hoy con “el corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”.

Es probable que Francisco vuelva a dirigirse a las familias víctimas de la violencia en la última escala de su visita, el miércoles en Juárez.

Los organizadores han confirmado que 1,200 boletos para asistir a la misa que ofrecerá allí, cerca de la frontera de México con los Estados Unidos, se asignaron a familiares de víctimas de la violencia, incluidos algunos de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos y presuntamente asesinados en el estado de Guerrero.

A medida que el primer día de la visita a México llegaba a su fin, el papa Francisco comenzaba a mostrar signos de cansancio. Durante los primeros dos eventos, incluido el discurso de 47 minutos que dio ante los obispos, se mostró enérgico y seguro. Pero horas más tarde, durante la misa en la basílica, su voz por momentos sonaba cansada y forzada.

Pese a ello, la gran cantidad de gente que se encontraba fuera prestaba mucha atención a sus palabras. La voz del papa Francisco, con su tono reconfortante y sensato, es inconfundible. Muchos devotos que se encontraban en los alrededores de la basílica mirando la misa a través de una pantalla gigante inclinaban la cabeza para rezar, con los ojos cerrados, las manos unidas y las rodillas sobre el pavimento.

Casi al término de la celebración, el arzobispo de Ciudad de México agradeció al santo padre la visita a la basílica. Si bien el papa no podía escucharlos, los fieles que se encontraban afuera rompieron en un gran aplauso.

Tras la misa, el papa alarmó a los espectadores al tropezar y caer en una silla cuando se aprestaba a rezar en privado ante la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. El momento, que fue captado por la cámara y transmitido alrededor de la basílica y la plaza, dejó en vilo a los presentes. Un sacerdote que se encontraba a su lado pudo sostenerlo y ayudarlo a reincorporarse.

El papa se retiró de forma más tranquila y menos visible, en un auto cerrado, en lugar de usar el papamóvil abierto. Muchas de las miles de personas que se habían agolpado en las calles ya habían abandonado el lugar cuando él salió. Pero muchas otras se quedaron, esperando al hombre capaz de reunir a dos millones de personas de toda América Latina solo para lograr un simple y luminoso atisbo de su persona.

Mientras esperaban reunidas en la oscuridad, las luces de la ancha avenida se encendieron de repente, todas a la vez. Bañada de luz, la multitud dejó escapar una expresión de asombro.

Traducción: Kathy Paredes

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