Robles tiene una orden de deportación luego de ser víctima de una infracción de tráfico en septiembre del 2010, por lo que hoy vive refugiada en una iglesia

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El 7 de mayo es una fecha que Rosa Robles no pensó que tendría que sobrellevar. Ese jueves Robles, de 41 años, cumplió nueve meses de estar en santuario en la Iglesia Presbiteriana Southside de Tucson.

"Ahora que llevo más tiempo es más duro, más triste, siento más desesperación", dijo Robles, quien es madre de dos niños, Gerardo, de 12 años, y José Emiliano, de 9 años, y hace 15 años llegó a Tucson con su esposo Gerardo Grijalva, también de 41 años, quien trabaja en jardinería.

Robles tiene una orden de deportación luego de que una infracción de tráfico en septiembre del 2010 provocó que un agente del Condado de Pinal la denunciara a la Patrulla Fronteriza por ser indocumentada. En agosto del 2014, Robles, su familia y su abogada decidieron que ella tomaría refugio en una iglesia en Tucson hasta que su caso fuese retomado y resuelto.

Robles se levantaba alrededor de las 5 a.m., preparaba el desayuno, llevaba a sus hijos a la escuela y luego iba al trabajo limpiando casas. Cuando salía, llevaba a su hijos a su práctica en la tarde de béisbol.

"Mi vida era muy muy normal, muy llena de alegría", dijo.

Robles es una de cinco indocumentados que se han refugiado en iglesias de Arizona en meses recientes para evitar deportación. Luis López Acabal, quien se refugió en Tempe, y Francisco Pérez Cordova, en Tucson, dejaron sus respectivas iglesias después de que sus casos de deportación se cerraran en diciembre del 2014. También el caso de Eleazar Misael Pérez Cabrera, quien se refugió en Phoenix, fue cerrado en marzo del 2015.

El Servicio de Inmigración y Aduana (ICE, por sus siglas en inglés) respeta el santuario por una política que previene a sus agentes de ejecutar leyes de inmigración en "lugares sensibles" como escuelas, iglesias, hospitales y marchas, entre otros.

Lo más difícil es despertarse

Ahora Robles dice que no se puede quedar dormida hasta la madrugada, se levanta a las 10 de la mañana — unos días llena de positivismo, otros con una pesada tristeza — y lo primero que hace es rezar.

"Para mi es verdaderamente difícil ver que me despierto y otro día ver que no me tocaron la puerta para decir 'Ya se cerró tu caso'", contó Robles, quien dijo que la mantiene motivada los sueños de sus hijos.

Si acata la orden de irse del país, Robles sabe que estará más lejos de su familia y de su hogar. Además, está consciente que permanecer en santuario es parte de un movimiento más grande.

"Lo que yo estoy haciendo no es no más por Rosa", dijo Robles, refiriéndose a si misma. "Es por muchas familias que tienen una vida aquí. Gracias a lo que estamos haciendo hemos levantado la voz y me ha dado el valor a mí a seguir luchando".

Para distraerse Robles dijo que canta, escucha música religiosa, limpia la iglesia y, por estos días, lee "El Atardecer de la Vida", un libro en el que ha encontrado enseñanzas que la ayudan a sobrellevar su estadía en la iglesia.

En la iglesia también hay mucha actividad en la semana, y ella se distrae con lo que está pasando a su alrededor, aunque no siempre sea fácil.

El día de está entrevista — el 30 de abril Día del Niño — Robles se sentía triste. "Es muy difícil estar en estos días de tristeza, son los días más largos".


Nunca está sola

Todos los sábados y domingos, sus hijos y su esposo se quedan a dormir con ella en la iglesia. Ella les cocina la comida para toda la semana, y les lava la ropa.

"Es como en mi casa. Se me olvida que estoy en santuario esos días", dijo, añadiendo que la despedida los domingos por la noche es muy difícil.

La iglesia tiene un patio, donde Robles sale a caminar y relajarse. Vive en un cuarto pequeño pero que "se siente como un hogar". Está practicando su inglés con cursos que hace en las tardes.

Todas los días a las 7 de la noche hay un vigilia en la Iglesia Presbiteriana Southside de Tucson, en la cual la comunidad se une para apoyarla, para demostrarle que no está sola y que detrás de ella hay muchos que apoyan su decisión.

El jueves 7 de mayo, Rosa Robles cumplió 9 meses de estar en santuario en la Iglesia Presbiteriana Southside de Tucson

Todos los sábados y domingos, sus hijos y su esposo la visitan.

ICE respeta el santuario por una política que previene a sus agentes de ejecutar su trabajo en "lugares sensibles" como escuelas, iglesias, hospitales y marchas, entre otros

El jueves 7 de mayo, Rosa Robles cumplió 9 meses de estar en santuario en la Iglesia Presbiteriana Southside de Tucson.

"Estoy muy agradecida con toda la gente que día a día está caminando conmigo. Sin conocerme, me abrieron las puertas. Esta lucha yo no la estoy haciendo sola".

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