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TUCSON-- Arizona se ha convertido en el epicentro del resurgimiento del movimiento santuario en Estados Unidos, por medio del cual inmigrantes indocumentados solicitan refugio en iglesias como último recurso para evitar la deportación, y hasta el momento ya ha logrado dos casos de éxito.

"En el país hay 24 iglesias que se encuentran participando en el movimiento y que están dispuestos a abrir sus puertas a los inmigrantes que los soliciten", dijo a Efe Sydney Traynham, representante del movimiento Santuario 2014 y miembro de la Iglesia de Servicio Mundial.

Debido a la falta de una reforma migratoria que otorgue una oportunidad de regularizar el estatus migratorio a millones de indocumentados, las iglesias, en su mayoría presbiterianas, están abriendo sus puertas para albergarlos y ayudarlos por medio de firmas y llamadas telefónicas para solicitar al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) frenar su deportación.

A diferencia del movimiento santuario que comenzó originalmente en la época de los ochenta cuando las iglesias establecieron una red para transportar y albergar inmigrantes indocumentados provenientes de países centroamericanos de forma clandestina, el actual movimiento está completamente abierto.

Santuario 2014 trata de llamar la atención a nivel nacional a través de la denuncia del sufrimiento de los inmigrantes indocumentados que llevan años viviendo en Estados Unidos, muchos de ellos con hijos estadounidenses.

"Sabemos que nosotros no podemos cambiar las leyes, ni tampoco vamos a poder ayudar a todos, pero en caso por caso estamos diciendo que no vamos a permitir que otra familia más sea separada", dijo a Efe Jim Wiltbank, pastor de la Iglesia Metodista Unida de San Francis en los Foothills en Tucson, Arizona.

La congregación de San Francis abrió sus puertas anoche a Francisco Pérez Córdova, un inmigrante indocumentado originario de Hermosillo, Sonora (México).

Pérez Córdova, padre de cinco hijos, todos ellos ciudadanos estadounidenses, enfrenta un proceso de deportación que comenzó en el 2009 cuando fue detenido al hacer un reporte por el robo de un auto.

El mexicano aseguró a Efe estar dispuesto a permanecer en santuario todo el tiempo que sea necesario con tal de que no sea separado de su familia, especialmente de sus hijos cuyas edades oscilan entre los nueve meses y los 12 años.

El inmigrante mexicano, que se dedica a la construcción, tiene más de 19 años viviendo en Estados Unidos y su esposa, Sarai, una joven soñadora, pudo obtener un permiso de trabajo gracias al programa de acción diferida.

Otros dos inmigrantes indocumentados se encuentran actualmente refugiados en iglesias en Arizona.

La mexicana Rosa Robles se encuentra en santuario en la Iglesia Presbiteriana del Sur desde el pasado 7 de agosto; mientras que el joven guatemalteco, Luis López Acabal, se encuentra en santuario en una iglesia en Tempe desde el pasado 6 de septiembre.

Hasta el momento la campaña del movimiento santuario ha tenido dos importantes victorias.

El más reciente caso fue el de Daniel Neyoy Ruiz, un inmigrante indocumentado mexicano que también estuvo en santuario en la misma iglesia que Robles el pasado mes de mayo.

Después de un mes en santuario y tras recibir el apoyo de la comunidad, la Oficina de Inmigración le otorgó un año renovable de estadía en Estados Unidos mientras se revisa su caso.

Otro caso fue el de Marco Tulio Coss Pone, quien logró que Inmigración le otorgara una alternativa el mismo día que tenía previsto pedir santuario en la iglesia de la Shadow Rock UCC en Phoenix.

Además de los tres inmigrantes que se encuentran en santuario en Arizona, hay otros dos casos a través del país: Beatriz Santiago Ramírez en la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe en Chicago, Illinois, y Francisco Aguirre en la Iglesia Luterana Agustana en Portland, Oregon.

La abogada Margo Cowan, la misma que representó a Neyoy Ruiz y quien ahora representa a López Acabal, explicó a Efe que el propósito del movimiento santuario es enviar un mensaje al Gobierno Federal de que las familias no están dispuestas ni a esconderse ni a acatar de manera simple la orden de abandonar e irse a su país.

Indicó que ante la falta de voluntad política, la presión de la comunidad se convierte en la mejor arma para solicitar al servicio de inmigración el cierre de los casos de las personas, sobre todo los que no tienen ningún récord criminal.

"Estamos frente a un movimiento nacional, mientras no se logre una reforma migratoria, esperamos que más y más inmigrantes pidan santuario", aseguró.

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