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AUSTIN, Texas— Ante un escenario potencialmente incómodo en la frontera de Texas con México, el presidente Barack Obama trató de dar vuelta al debate político sobre la oleada de niños inmigrantes al plantearlo como una cuestión de voluntad por parte los republicanos para abordar el problema, y no en la decisión del mandatario de evitar una oportunidad para ver la crisis de primera mano.

Para lograrlo, Obama recurrió a uno de sus principales críticos, el gobernador republicano de Texas, Rick Perry, para hacerle ver su punto de vista.

Tras reunirse con Perry el miércoles en Dallas, el presidente sugirió que no había tanta diferencia entre los llamados de Perry pidiendo ayuda adicional en la frontera y la petición de casi 4.000 millones de dólares que Obama presentó ante el Congreso esta semana.

También hizo un exhorto público para que Perry, posible candidato presidencial republicano en 2016, ejerciera su influencia con la numerosa delegación texana entre los congresistas republicanos y les presionara para respaldar el paquete de gastos de emergencia.

"La única pregunta es ¿por qué la delegación de Texas o cualquiera de los otros republicanos que están tan preocupados por este asunto no quieren acelerar el proceso y presentan el proyecto en mi escritorio para que pueda firmarlo y podamos empezar a trabajar en ello?", dijo Obama. Sostuvo que la oposición a la solicitud de este gasto de emergencia forma parte de un patrón de obstruccionismo republicano, dado que también se han resistido a avanzar en un proyecto de ley integral de inmigración.

En Washington, la oposición republicana endureció su postura frente a la solicitud. Los senadores John Cornyn y Ted Cruz, criticaron el plan como un "cheque en blanco", y el senador por Arizona John McCain expresó su oposición a la medida el miércoles.

Perry, en su comunicado posterior a la reunión con Obama, no solo no prometió ayudar al presidente con el apoyo del Partido Republicano para el paquete de gastos suplementarios, sino que insistió en la idea de que la crisis de la frontera es el resultado de la "mala política pública" de Obama en el tema.

El problema actual en la frontera se produce mientras la Casa Blanca estaba tratando de cimentar una ventaja sobre el tema migratorio, en particular con los votantes hispanos, que son cada vez más cruciales para el éxito electoral en las elecciones presidenciales. Después de republicanos de la Cámara de Representantes dejaron que no aprobarían una reforma integral este año, Obama se comprometió a seguir adelante con las medidas ejecutivas que harían los cambios necesarios al sistema migratorio.

Pero la crisis de la frontera ha dado a los republicanos nuevas herramientas para desafiar ese enfoque. Los legisladores republicanos atribuyen a la decisión que tomó Obama en 2012 de aplazar la deportación de algunos jóvenes con estatus migratorio ilegal para alimentar rumores en Centroamérica de que los menores que llegaran al país se les permitirían quedarse.

De hecho, algunos de los 57.000 niños que han llegado a la frontera en los últimos meses parecen tener esa impresión, aunque muchos de ellos también están huyendo de la violencia en Centroamérica. La Casa Blanca ha dicho que la mayoría de los niños tienen pocas probabilidades de quedarse.

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