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Residentes de Arivaca, en el sur del estado de Arizona, continúan presionando a las autoridades de la Patrulla Fronteriza para que retiren un retén de inspección que está causando controversia por supuestos abusos cometidos en contra de las familias que viven en la pequeña comunidad.

Carlota Wray, residente de Arívaca por más de 30 años señaló que desde la instalación de ese punto de inspección han aflorado una serie de abusos contra los residentes por parte de los agentes migratorios.

Los abusos a que se refiere Wray, según dijo consisten en acciones de discriminación y uso de perfil racial durante las inspecciones.

"Saben que pasamos por ahí a diario y solo porque nos ven de piel morena nos exigen que mostremos nuestros documentos y cuando los mostramos no nos creen, nos lastiman sentimientos con su actitud", expuso.

Los vecinos alegan que es innecesario e incómodo detenerse en un retén para declarar su ciudadanía y situación migratoria cada vez que salen del pueblo, ya sea para ir a comprar sus alimentos en un Walmart en el cercano Green Valley o para ir al médico. Los niños tienen que pasar todos los días por el retén porque no hay escuelas en Arivaca.

"Les dan clases de civismo, pero creo que esta no es una lección que quieran tener", dijo Leesa Jacobson, otra activista. "No estamos en una zona de guerra".

Por su parte, la Patrulla Fronteriza argumenta que los retenes son una barrera importante contra narcotraficantes y traficantes de personas. La agencia tiene derecho a colocar retenes en un radio de 160 kilómetros (100 millas) de la frontera.

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