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WASHINGTON, D.C.— La súbita decisión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de actuar por libre en materia de inmigración prepara el escenario para un choque con los congresistas republicanos, que ya han amenazado con demandarle. El presidente también está despertando expectativas entre los defensores de la inmigración que podría tener problemas para satisfacer.

El presidente tiene un límite a su capacidad de facilitar las deportaciones, y se ve presionado para poner freno a la oleada de niños centroamericanos que entran en Estados Unidos sin sus padres. Sólo tiene una serie de opciones para afrontar la inmigración, complicada por unas elecciones de mitad de legislatura que podrían costarle el control demócrata del Senado.

Obama ha culpado a la resistencia republicana del fracaso de su amplia reforma legislativa de inmigración, y prometido rodear al congreso para reformar el sistema. Pero el portavoz de la cámara de representantes, John Boehner, ha dicho que fue la falta de confianza en Obama lo que acabó con el proyecto.

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