Mortero aclara que él jamás le hizo ropa para sus shows, lo que él le confeccionaba era ropa para el día a día, lo que le gustaba aún más, porque era lo que usaba diario

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La primera  vez que Juan Gabriel  entró a la tienda del diseñador Lázaro Morteo, en Cancún, sus primeras palabras fueron "yo no vengo a comprar, vengo a bendecir este lugar" y así fue, pues desde ese momento, Morteo asegura que nunca le ha faltado clientela.

"Tengo los mejores recuerdos de él, de su sencillez, de su trato, a pesar de su fama, siempre fue cálido, correcto, lo único que me pedía siempre, era que su ropa fuera cómoda, con la pudiera andar perfectamente en Cancún”, cuenta el diseñador, quien lamenta su muerte y ya no volverlo a ver, ni cruzar la puerta de su tienda, como aquella primera vez, en Cancún, hace ya varios años.

“Para publicitarme, me tomé una foto afuera de mi tienda y compraba la contraportada de una pequeña revista local. Don Alberto vio la revista y les dijo a sus asistentes: 'quiero una cita con este diseñador', me hablan y me dicen: 'Juan Gabriel quiere verte' y yo de inmediato, en dónde, a qué hora, y me dicen 'en Plaza La Isla (donde yo tenía mi tienda)', yo no me la creía, pero fui, y pasó el rato y no llegó, pensé que me habían engañado, hasta como a la hora, entra él primero que un grupo de tres personas que lo acompañaban y fue impresionante,  porque dijo: 'yo no vengo a comprar, vengo a bendecir este lugar' y así fue", relata el diseñador, quien siempre se sintió muy orgulloso de verlo contento con su ropa.

Mortero aclara que él jamás le hizo ropa para sus shows, lo que él le confeccionaba era ropa para el día a día, lo que le gustaba aún más, porque era lo que usaba diario.

“Le estoy agradecido por la confianza de elegirme como uno de sus diseñadores, la ropa la quería fresca, para andar fresco, quería andar amplio por su sobrepeso, no apretado. No le importaba que si eran flores, o de un color en específico, lo que fuera, se lo ponía, él confiaba en mí", indicó.

Esta complicidad de la estrella con el diseñador, derivó en una amistad, alimentada siempre por la filosofía de vida de Alberto Aguilera, ya que no le gustaban los pleitos, ni los problemas, ni las malas vibras.

“En una de las ocasiones que visitó mi tienda, yo estaba pasando por un momento difícil, estaba por divorciarme, tenía conflictos con mi esposa, y él de inmediato percibió que la estábamos pasando mal como pareja. Y nos dijo:  'ya no peleen, a partir de ahora ya no van a pelear, bueno sí, por mí, porque tú Lázaro, le vas a decir yo lo quiero más y tú (le dijo a mi esposa) le vas a decir a Lázaro yo lo quiero más que tú,  y ya, sólo por eso van a pelear", indicó Morteo, con la voz entrecortada.

Durante las veces que visitó su tienda, Lázaro asegura que el cantante siempre iba acompañado de su amiga Romy y de un hombre de apellido Salinas, pero jamás se le vio con un guardaespaldas o un equipo de seguridad.

"No era un hombre que pasara desapercibido, porque todo mundo lo conocía, pero si se hacía acompañar por alguien, era gente de aspecto sencillo, de bajo perfil, jamás se vestían ostentoso. Él llamaba la atención por su personalidad, era muy carismático, ocurrente, una persona rápida para pensar, con un gran sentido del humor", reveló.

A pesar de que Lázaro dejó Cancún para abrir una tienda en Veracruz, la relación de amistad con Juan Gabriel continuó a través del messenger, con el correo que él le había dado, cuya cuenta era "el rey no se inmuta".

De las últimas  veces que lo vio, Lázaro recuerda que el cantante le había pedido que le llevará ropa a su casa, y a él se le ocurrió llevar a una reportera de una revista que había insistido en acompañarlo, lo que no fue del agrado de don Alberto, pero aún así los invitó a pasar.

"Cuando abre la puerta casi se muere del infarto, yo le llevaba además unos pastelitos, pero al verme acompañado nos dijo: 'no me voy a tomar fotos, mira cómo ando (con una bata blanca de baño y una toalla en la cabeza) y a ti no te voy a dar entrevista (le dijo a la reportera),  y ni me voy a probar la ropa y tampoco te la voy a pagar', aún cuando lo vi molesto, no dudo en comerse los pastelitos con gran alegría, nos invitó a sentarnos en su comedor grande, redondo, blanco, y estuvimos platicando con él", señaló.

A pesar de este incidente, que el diseñador entendió había sido muy imprudente de su parte, Juan Gabriel no le guardó rencor, lo llamó para invitarlo a su show en Cancún y posteriormente lo citó para pagarle la ropa que le había llevado, aunque cuando fue a buscarlo, se había ido a Miami. Días después vio el depósito en su cuenta.

"El sábado era su show en Cancún en la plaza de toros, y llegó con la ropa que le había hecho, para después cambiarse y ponerse la ropa de su show. Me dijo que a otro día fuera a cobrar la ropa y no lo encontré, pero lo bonito de todo esto fue que me depositó, siempre me quedó bien, fue muy buena paga, un gran ser humano, amable, que impulsó mi carrera", puntualizó el diseñador.

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