Si bien conoció el éxito y la fama desde pequeño, al boricua jamás le permitieron sentirse superior a los demás, algo que le ayudó cuando salió del grupo que le dio fama

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NUEVA YORK, N.Y. --El ascenso que Ricky Martin ha tenido en sus tres décadas de carrera ha sido meteórico; con altibajos, reveses y más de una caída, las cuales, dijo, han sido necesarias para ser quien hoy es. Su clave para no desistir ha sido una disciplina rígida, casi militar, que ha empezado a inculcarles a sus hijos, se dediquen o no al mundo del espectáculo.

"Soy una persona que siempre quiso dedicarse a esto, llevo en esta carrera desde los 11 años y creo que aquí sigo por la educación que mis padres me dieron y en la que lo más importante siempre fue la disciplina", explicó a EL UNIVERSAL.

Si bien conoció el éxito y la fama desde pequeño, al boricua jamás le permitieron sentirse superior a los demás, algo que le ayudó cuando salió del grupo que le dio fama y tras lo cual tuvo que volver a tocar puertas y hacer la transición de ídolo adolescente a astro mundial.

"Nunca noté que fuera distinto y eso me ayudó a superar los reveses que la vida me puso cuando empecé a crecer y tuve que ganarme a un nuevo público; la educación que me dieron me ayudó a saber que tenía que seguir preparándome si quería mantenerme en esta carrera", señaló.

El cantante, que regresa al Auditorio Nacional , aseguró que no se arrepiente de la profesión que escogió —no sabría qué hacer si no se dedicara a la música y no les negaría a sus hijos la oportunidad de elegirla si así lo decidieran.

Aunque aún están pequeños, comentó que al menos uno de ellos heredó su gusto por el arte y los escenarios. "Algo de eso tiene Matteo, es aún muy pequeño, pero hace cosas; yo creo que él es el que se inclinará por ser artista, pero de igual manera a lo que se dediquen los apoyaré. Que esté yo aquí hoy se lo debo a mis padres, si ellos no me hubiesen apoyado, sería el hombre más frustrado del mundo, me hubiese quedado con ese deseo. Estoy para apoyarlos y brindarles consejos".

Martin señaló que, si sus hijos optan por la vida de artista, les dará algunos consejos, el más importante, además de tener disciplina, es ser pacientes porque esta carrera no es sencilla.

"He aprendido en los más de 30 años que llevo en esto que la constancia es muy importante, estar enfocado en lo que uno quiere y no desistir. Tuve una niñez muy intensa y abrumadora, me acuerdo de las largas horas de trabajo, la disciplina, era un régimen militar que tal vez no querría del todo para ellos, pero que me ayudó para seguir en esto", añadió.

Por fortuna para Ricky, sus niños están muy familiarizados con la carrera artística y su ritmo de vida.

"Están acostumbrados a la vida de circo que tengo; cuando estamos mucho tiempo en una ciudad me dicen: ¿ahora a dónde iremos? y pues así es mi vida y me encanta, creo que ellos desde ahora saben que para tener éxito tienes que saber dividir el tiempo libre de las obligaciones y enfocarte en tus sueños", puntualizó.

Predicar con el ejemplo, indicó, es la mejor forma de enseñar.

"Estoy en un momento en el que no tengo nada que demostrarle a nadie, amo mi carrera, pero también mi vida y predico con el ejemplo, nunca evado mis problemas con trabajo, me gusta lo que hago y eso se los transmito".

Sus hijos, agregó el intérprete de "La vida loca", han cambiado tanto su vida que cada vez más opta por participar en proyectos infantiles o en favor de ellos, como el filme Minions, que llega a México el mes próximo.

En la película, el cantante de 43 años presta su voz a Herb Overkill, quien con tal de apoyar al amor de su vida cometerá fechorías. "Hacer cosas que ellos puedan disfrutar es algo que siempre buscaré".

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