Con Cruz Azul su fracaso fue estrepitoso: Se peleó con los árbitros, con los jugadores, con la afición y hasta con los números

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CIUDAD DE MÉXICO --- El Cruz Azul dejó de ser grande. Y no es de ayer a hoy. La Máquina sigue una inercia descendente, que se refleja en las últimas cuatro temporadas sin Liguilla (sin contar esta). Por ello no extraña que Tomás Boy haya fracasado: es un técnico chiquito para un equipo menor.

Pero que se haya ido Tomás Boy no es la solución para que la Máquina recupere su mística o respete su otrora grandeza. Basta ver los nombres que se manejan para el relevo: Rubén Omar Romano, José Cardozo y Gustavo Matosas.

Todos ellos son perseguidos por el fracaso: Romano tropezó en Monarcas, Puebla y Tijuana (sus últimos tres equipos). Cardozo no pudo con Toluca ni Jaguares. Y Matosas sigue una espiral descendente: América, Atlas y el Al-Hilal de Arabia Saudita.

Salvo Matosas, los demás candidatos no han levantado un título. Al igual que “El Jefe” Boy. Con 26 años como estratega, Tomás Boy no ha ganado nada y sus porcentajes dan pena. No es, nunca ha sido un técnico ganador. Ni siquiera practica un futbol audaz. Sus mejores números los consiguió con Morelia: 54.4 de efectividad,que se traduce así: 56 partidos ganados, 33 empatados y 34 perdidos, en su segunda etapa con los Monarcas.

Con Cruz Azul su fracaso fue estrepitoso: Se peleó con los árbitros, con los jugadores, con la afición y hasta con los números. Y es que su recuento como celeste en un año es un desastre: 51 partidos en el banquillo, divididos en 14 derrotas, 18 empates y 19 ganados. Para un 35 por ciento de efectividad.

Del porcentaje de goleo ni hablemos, que está para llorar. Con Tomás, Cruz Azul apenas anotó 49 tantos y recibió 45. Y un dato más desalentador es que Tomás Boy perdió con los equipos de abajo como Puebla, Dorados y Veracruz (por mencionar algunos).

Y encima de todo, nunca pudo ganar un clásico: dos empates con Pumas, derrota e igualada con América y un empate con Chivas.

Pero lo más doloroso para la afición es, además de la ausencia de Liguillas, que el Cruz Azul de Boy falló en momentos decisivos: apenas en abril de este año perdió por 2-3 la semifinal de la Copa MX, ante Necaxa. Y todos lo veían como el favorito para ganar el trofeo.

Y una vez más, apenas la semana pasada, Querétaro lo echó de la Copa MX: el 1-3 en cuartos fue patético.

Otra cruz de navajas en el espíritu cementero fue la derrota ante América en la jornada 8, apenas el 10 de septiembre: al medio tiempo ganaba 3-0 pero en la segunda mitad Tomás Boy falló con los cambios y las Águilas remontaron 4-3. Sí, “El Jefe” pasó a ser un subornidado del fracaso.

Por esas y muchas razones, Tomás Boy es un rey chiquito: se comporta como si fuera dueño del mundo, vende humo desde hace 26 años y aún cree que su palabra es ley. Sólo es El Jefe en sus recuerdos, en las memorias de un jugador que fue mandón con Tigres. Porque como técnico es un bufón, que hasta baila para la tribuna cuando está de buenas.

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