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BARCELONA, España — "Si no me quieren, me voy", amenazó al final de la temporada 2013-14 Lionel Messi, antes de partir a Brasil para disputar el Mundial con Argentina. La advertencia iba dirigida a aquellos hinchas del Barcelona recelosos de su compromiso con la entidad catalana, que venía de cerrar el curso casi de vacío: apenas la conquista de la Supercopa española bajo el timón de su compatriota, Gerardo Martino.

Una campaña más tarde, la primera de Luis Enrique como entrenador, el club transmite optimismo tras la conquista de los tres grandes títulos en disputa: liga española, Copa del Rey y Liga de Campeones. Y Messi, autor de 58 tantos en todas las competiciones y de nuevo postulado a llevarse el trofeo al Balón de Oro que le acredita como mejor futbolista del planeta, se muestra de lo más feliz.

"Después de un año duro, volver a levantarnos es algo espectacular. Hay ilusión. No tengo dudas de que vamos a seguir. Querían las tres (copas), acá están", espetó el astro a la fanaticada del Camp Nou el pasado junio, cuando los azulgranas celebraron por todo lo alto el triplete.

Contra la gran mayoría de pronósticos, el Barsa logró renacer cuando lo previsible hubiera sido penar un año de transición para intentar reeditar la época dorada del técnico Pep Guardiola, ganador de 14 de los 18 títulos posibles entre 2008 y 2012.

Pero Luis Enrique igualó la gesta de su ex compañero al hacer tres de tres en su estreno. Y, como entonces, quien lideró la empresa desde la cancha fue Messi.

La diferencia radica en la nueva, y mejorada, versión del rosarino. Ligeramente menos explosivo, aunque más por decisión propia que limitaciones físicas, a sus 28 años y con 24 títulos en la mochila, Messi puede considerarse en la cúspide de su carrera. Tras la decepcionante experiencia con Martino, en que rindió por debajo de su estratosférico nivel y se vio mermado por las lesiones, "La Pulga" cambió ciertos hábitos fuera de la cancha y midió a conciencia sus esfuerzos sobre el verde. El delantero, que afronta su 12da temporada en el Barsa con la ambición intacta, mezcla hoy sus eléctricas carreras con una visión más panorámica del rectángulo de juego, abre espacios, asiste con deslumbrante facilidad en larga y corta distancia y continúa goleando al ritmo de los elegidos.

Sigue siendo un genio, con carácter acorde, como demostró al tensar la cuerda con Luis Enrique a principios de año, y enigmáticamente tímido; pero Messi pisa definitivamente la edad adulta de un futbolista, capaz de descifrar instantáneamente las necesidades del equipo según la contienda y adaptarse a ellas, sacrificando incluso algo de brillo personal.

Negada, pese a ello, la celebración de títulos con su selección, el reto de 2015 con el Barsa era el sextete que formaban la liga, Copa del Rey, Champions, Mundial de Clubes y ambas Supercopas: la de Europa ganada recientemente al Sevilla significó el cuarto título del año calendario, aunque en la disputa por la de España cayó inesperadamente del lado del Athletic de Bilbao el pasado lunes.

Para culminar sus restantes aspiraciones, "La Pulga" cuenta con la inestimable colaboración de dos bólidos en la delantera, como son el uruguayo Luis Suárez y el brasileño Neymar. El primero fue clave la pasada campaña, pese a incorporarse con retraso por su sanción en el Mundial, y su línea ascendente parece inalterable, a tenor de lo visto en la pretemporada. Neymar culminó también un gran año al destaparse como el segundo máximo realizador del plantel tras Messi y, al igual que Suárez, marcó en la final de la Champions. Pero las miradas se posan de nuevo sobre él de cara al nuevo curso: siendo el más joven del espectacular trio, inquieta su tendencia al desenfreno.

La entidad, que sigue sin poder inscribir nuevos fichajes hasta enero por castigo de la FIFA, renovó finalmente al lateral Dani Alves e incrementó su competencia con la adquisición de Aleix Vidal, quien deberá estar inactivo hasta 2016. Lo mismo que Arda Turan, proveniente del Atlético de Madrid y esperado relevo del ex capitán Xavi Hernández, emigrado con honores al fútbol catarí.

Reelegido presidente pese a graves problemas judiciales que afectan también al club, Josep María Bartomeu confía en que su nuevo director deportivo, Robert Fernández, pueda atar para el futuro a futbolistas atléticos además de habilidosos, como el francés Paul Pogba o el italiano Marco Verratti.

La filosofía en torno a la posesión predicada por Guardiola dejó paso al juego más directo de Luis Enrique, apoyado siempre en el voraz tridente y la solvencia de hombres como Sergio Busquets y el argentino Javier Mascherano, garante de la competitividad en la caseta. Mientras Andrés Iniesta lucha por mantener viva su llama ante el empuje de volantes como Ivan Raktic o los canteranos Rafinha y Sergi Roberto, también el chileno Claudio Bravo pugnará de nuevo con el alemán Marc-André ter Stegen por la titularidad en el arco.

Habilitado finalmente Thomas Vermaelen tras su larga lesión, se espera que el belga potencie una defensa donde resurgió Gerard Piqué. El central, como el Barsa, disfruta de renovados horizontes por obra y gracia de un Messi decidido a escalar un nuevo peldaño que eleve su leyenda.

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