FORTIN DE COMBATE SENJERAY, Afganistán - El secretario de Defensa Robert Gates dijo el viernes que vio y escuchó testimonios de que la estrategia contrainsurgente de Estados Unidos está cobrando fuerza en la crítica provincia afgana de Kandahar.
Gates recorrió varias bases norteamericanas y se reunió con las tropas en el fragor de los combates en la ciudad de Kandahar y en el bastión de los talibanes del distrito de Zhari, al oeste de la ciudad.
Kandahar, donde nació el Talibán, es la segunda ciudad más grande de Afganistán y una pieza clave del rediseñado plan de combate que anunció el año pasado el presidente Barack Obama.
Aunque Estados Unidos está cerca de completar el aumento de tropas ordenado por Obama el año pasado, la región sigue siendo un campo de batalla, aún muy por debajo de un control total del gobierno central en Kabul, respaldado por Washington.
Los mandos militares saben que no podrán ganar la guerra de casi nueve años sin un cambio en Kandahar, pero las metas y los planes de lucha allí siguen siendo vagos. Los talibanes están librando una campaña de intimidación para evitar que los residentes de la zona se alíen con las fuerzas internacionales y el gobierno central afgano.
Mientras llegaba a Afganistán el último contingente del refuerzo estadounidense de 30.000 efectivos, Gates observó el viernes de primera mano las operaciones en la peligrosa zona del sur del país.
"Parto animado tras mi visita de hoy a esta zona", dijo Gates a los periodistas que le acompañaron en su visita a Kandahar, una provincia donde las fuerzas de Estados Unidos, Afganistán y la OTAN intentan expulsar a los rebeldes de bastiones y apuntalar a las autoridades. Gates agregó que los indicios de los avances son graduales pero se multiplican.
Agregó, sin embargo, que "todo el mundo sabe que la situación dista mucho de haber sido concluida".
"Ustedes muchachos están en la trinchera de la vanguardia y lo que vale en toda la campaña es el éxito que tienen aquí en la ciudad de Kandahar", dijo Gates a los soldados estadounidenses en el Campamento Nathan Smith, que es eje de las operaciones estadounidenses en la ciudad más grande en el sur de Afganistán.
Gates habló con varias decenas de estadounidenses en un patio rodeado por vehículos todo terreno con un blindaje grueso que les permiten sobrevivir a las bombas rudimentarias que son la mayor amenaza fatal de las tropas de la coalición.
Esos soldados forman parte del contingente de combate que llegó el 18 de agosto y ya tuvo ocho bajas _siete el lunes en dos explosiones.
"Desgraciadamente, se avecinan días más duros", adelantó Gates. "Ustedes lo saben mejor que nadie".
Un soldado le preguntó a Gates por qué Estados Unidos no perseguía a los rebeldes que se esconden en el vecino Pakistán. Estados Unidos presiona a Islamabad para que intensifique la persecución de los rebeldes fuera de la provincia de Waziristán del Norte, una zona colindante con Afganistán que con frecuencia es considerada como anárquica.
"Creo que la probabilidad de una participación militar directa de Estados Unidos en Pakistán es muy baja", respondió Gates.
El también responsable del Pentágono viajó luego hacia al oeste de Kandahar, al distrito violento de Zhari, que el teniente general David Rodríguez describe como "uno de los distritos cruciales" fuera de la ciudad.
En declaraciones a los periodistas en un puesto de mando, Rodríguez pronosticó que las fuerzas estadounidenses y afganas podrán lograr progresos en la provincia de Kandahar antes de que termine el año, a tiempo para la importante evaluación de fin de año que hace el gobierno del presidente Barack Obama de la guerra.
El grueso de la tropa tiene como objetivo contener al Talibán en sus reductos y establecer los medios para una retirada gradual de Estados Unidos a mediados del próximo año.