En lo que parecería una apresurada respuesta de Barack Obama a las crecientes exigencias de la comunidad latina y otros grupos para que el presidente cumpla su promesa de impulsar en su primer año de gobierno (algo que ya no se cumplió) una reforma de inmigración amplia y justa, ayer jueves fue presentado un borrador de reforma en el Senado por los senadores Charles Schumer y Lyndsey Graham, demócrata y republicano, respectivamente. La acción de ambos senadores obedece a la petición que Obama les hizo apenas la semana pasada para que sometieran al Congreso una propuesta, y tan sólo unas semanas atrás el presidente acudió a una reunión con varios otros senadores para analizar el mismo tema. La manera como Obama se está moviendo en este terreno no es la forma que muchos hubiéramos deseado, pero es justo entender que no recibió al país en medio de rosas y aromas, sino de desaliento, furias ideológicas y la peor crisis económica que han conocido las últimas tres o cuatro generaciones de estadounidenses. La propuesta de los senadores Charles y Lyndsey, se dio a conocer en partes y en los últimos minutos del cierre de esta edición de nuestro periódico, por lo que al escribir estas líneas carecemos de amplios detalles para hacer un juicio abierto acerca del documento. Sin embargo, sabemos que ambos legisladores proponen una vía "dura, pero justa" de legalización para los indocumentados y otras medidas y requisitos que resultarán drásticos y que muchos partidarios del todo o nada en cuestión de legalización considerarán un insulto. Pero esperar una reforma "blanda" y que otorgue todo sin exigir mucho es –seamos realistas- perder el tiempo. Eso nunca va a llegar y menos en estos tiempos en que los aires políticos que soplan vienen muy cargados de extremismo. Nuestra posición en este sentido es que debemos asumir una postura realista pues no podemos ni exigir ni esperar lo que no es viable. Por más que duela… Luis Manuel Ortiz Director Editorial