A los 18 años, Viridiana Abitia, una joven que sufre de lupus, enfermedad que le descubrieron cuando tenia 15 años, ha experimentado cosas que según su madre, Olivia Beltrán, ningún menor de edad debería atravesar.
Sin embargo, esta situación ha ayudado a Viridiana a apreciar la vida y a desarrollar una fortaleza interior que muestra desde el momento en que se la conoce.
Mientras descansa en su cama en uno de los cuartos del Banner Thundirbird Medical Center de la ciudad de Glendale, Viridiana, originaria de Culiacán, Sinaloa, como el resto de su familia, observa a Olivia mientras ella comenta los detalles de su caso y a veces su mirada vaga fuera de la ventana.
Según Olivia, su hija desde pequeña padecía de complicaciones en el sistema urinario. “Desde chiquilla tenía problemas, agarraba infecciones cada cierto tiempo y yo tenía que darle remedios, por lo menos le daban infecciones muy fuertes dos veces al año”, explica Beltrán.
Añade que no vio otra cosa anormal en la salud de Viridiana hasta que unos años después le dijeran que su hija tenía algún tipo de anomalía en la sangre.
En el 2004 la diagnosticaron con lupus, una enfermedad que ataca los órganos y tejidos confundiéndolos con agentes nocivos para el cuerpo, de esta manera, el sistema inmunológico crea anticuerpos contra el mismo organismo provocando una batalla interna.
En el caso de Viridiana, la enfermedad atacó los riñones, deteriorándolos en un periodo de 4 años y en los que tuvo que estar sujeta a múltiples hospitalizaciones y tratamientos de quimioterapia que ayudaron a sus órganos a componerse durante un tiempo.
“En febrero de 2008, la situación empeoró porque Viridiana comenzó a hincharse y estar más cansada y delicada; en la sala de emergencias del Hospital Maricopa me dijeron que sus riñones ya no funcionaban y que debería llevarla al Phoenix Children’s Hospital porque allí le brindarían la atención requerida”, recuerda Beltrán
Desde entonces la situación empeoró para la familia, Viridiana mientras estaba recibiendo quimioterapia al igual que diálisis, sufrió un infarto a causa de la alta presión sanguínea, esto le debilitó su salud aun más y sus capacidades mentales.
Para mayo del mismo año, Viridiana había sufrido de 5 a 8 convulsiones por las altas presiones y fue nuevamente admitida en el Children’s Hospital en el cual le vino un paro cardiaco del cual tuvo que ser revivida.
Durante esta admisión en el establecimiento médico, se determinó que sus riñones ya no funcionaban y procedieron a extraérselos.
“Es una situación muy difícil ver a un hijo así de enfermo”, explica Beltrán; “no sólo porque como madre uno se desespera porque los hijos estén bien, pero porque además mi situación económica es muy mala, no tengo trabajo y tengo 4 hijos de 17, 16, 13 y 4 años que también requieren de mis cuidados”, añade Beltrán.
La joven requiere un transplante de riñones que podría garantizarle una vida normal y satisfactoria; sin embargo, debido a leyes estrictas en contra de inmigrantes indocumentados y la imposibilidad de costear un seguro médico, Viridiana no puede recibir el transplante, ni siquiera ingresar a la lista de espera para recibirlo.
Su madre pide a gente en posición de poder, sobre todo a legisladores, a que se aprueben leyes que beneficien o que de alguna manera asistan a familias en la misma situación.
“Yo les diría que se pongan la mano al pecho y que por un momento se pongan en los zapatos de quienes están atravesando por una situación similar, que todos somos humanos y que si ayudan la recompensa va a llegar de Dios”, exhorta Beltrán.
Para costear los elevados costos de los tratamientos, Olivia explica que hace tamales, organiza venta de jardín, y a veces también lavan carros para recaudar fondos.
“Hacemos lo que podemos, porque no puedo estar mucho tiempo alejada del hospital ya que me pueden necesitar para cualquier cosa”, declara Beltrán.
Para recibir un transplante Viridiana necesita tener una salud estable durante un año y recibir el visto bueno de los especialistas, no obstante, la esperanza de un transplante en Arizona es cada vez más difícil. Según Olivia, la siguiente opción es California.
“Escuchamos que hay algunos programas que pueden admitir a Viri, pero es todo un proceso y existe una larga lista de espera; espero que pronto podamos ver la posibilidad de irnos para allá”, expresa Beltrán.
Esta decisión no es fácil, tendrían que trasladar toda su vida para ese estado, buscar trabajo, vivienda, centros médicos, y para ello requieren apoyo de alguien que viva en California.
Cuando se le pregunta a Viridiana qué es lo primero que haría después de su transplante, ella explica que le gustaría culminar sus estudios en la preparatoria y luego estudiar para ser astronauta.
“Siempre he querido ser astronauta, me encantan los astros, las estrellas y las galaxias”, explica Viridiana con una sonrisa dibujada en los labios.
Pero, a la vez, también quiere ir a visitar pacientes en necesidad de un transplante para apoyarlos moralmente.
“Les diría que van a estar bien, que Dios, como a mí, les va a curar…”, dice Viridiana.
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