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Editorial

Plan de inmigración: participar o morir

La comunidad hispana –por las razones que usted quiera- no posee un arma política muy efectiva que la comunidad anglosajona sí tiene y sabe usar: Le envía cartas, mensajes electrónicos, llamadas telefónicas, mensajes de todo tipo a concejales municipales, supervisores, representantes, alcaldes, gobernadores, y al mismísimo presidente de la nación. Y en ellos les sugiere, les pide, les reclama, les exige… y les recuerda que si no le hacen caso pueden irse olvidando de su voto la próxima vez que deseen reelegirse.

La comunidad hispana, en cambio, prefiere manifestarse en la calle o en reuniones públicas, siempre muy ruidosas, pero que no tienen mayor impacto. La mejor prueba de esto la vimos en las multitudinarias marchas callejeras de 2006 cuando de esa manera se quiso apoyar la iniciativa de reforma de inmigración que estaba por discutirse en el Congreso y ya vimos el resultado: Ninguno.

Ahora los activistas en pro de una reforma que eventualmente lleve a la legalización a unos 11 o 12 millones de residentes indocumentados están pugnando porque no se cometa el mismo desatino. Están pidiendo a los hispanos que ellos también se dirijan a sus representantes y senadores con mensajes en donde se solicite su apoyo para que esa reforma se apruebe en el transcurso del año próximo.

Y la petición es correcta, pero ojalá no sea demasiado tarde porque en esa competencia los antirreformistas nos llevan una larga ventaja. Pero precisamente por eso es indispensable apoyar la petición de nuestros activistas en el envío de esos mensajes y en la tarea de apoyar todas las iniciativas que surjan después para convencer a los políticos de que una reforma de inmigración no es una dádiva ni una limosna sino una medida conveniente y necesaria para la sociedad y para la nación.

Una reforma de inmigración no significa únicamente regularizar a quienes no están regulares; es algo que el país reclama para poner orden y mayor seguridad en las fronteras y para apuntalar la economía, área en donde los indocumentados tienen mucho qué hacer.

Luis Manuel Ortiz

Director Editorial

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